En medio de la inmensa ola de imágenes, noticias,
informes y contra-informaciones en la que estamos
envueltos desde el pasado 2 de diciembre, a veces
pasan inadvertidas algunas señales. Algunas de ellas
nos dicen: no estamos condenados a una salida de
fuerza como respuesta a la aguda crisis nacional, y la
solución (o el primer paso en su dirección) está en
nosotros mismos, aún cuando contemos con los buenos
oficios de un veterano negociador político como el
secretario general de la OEA, César Gaviria.
En la jornada de este 16 de diciembre, del "trancazo"
convocado por la oposición, se pudo ver a dos señoras,
que desde aceras políticas contrarias, se reconocían.
Detrás del abrazo que seguramente selló un reencuentro
amistoso, podemos establecer al menos dos lecturas:
las diferencias políticas evidentes entre ellas no le
impidieron acercarse, es decir se reconocieron y se
reencontraron en su diferencia, que como toda
diferencia política es variable. Allí surge una nueva
apreciación: cualquier disputa surgida del contexto
político actual será variable, es decir puede mutarse,
cambiar, pasar a ser otra cosa.
Lo que no podemos cambiar, y eso sí es inmutable, es
que todos, unos y otros, somos parte de Venezuela, y
es este país en el que necesariamente debemos entrar todos.
Un día después del abrazo de las señoras, en plena
autopista, Globovisión dio un ejemplo de que los
medios si pueden ayudar a propiciar el encuentro y la
paz ciudadana al repetir las imágenes en una especie
de cuña institucional. Cualquier discurso sobre la
necesaria tolerancia política y social en el país se
queda corto ante estas imágenes, ejemplo de lo que
hace falta en estos tiempos: reconocernos en la
diferencia y asumirnos en posiciones políticas
distintas, pero dentro de un mismo país.
Ese mismo día, según recogió Últimas Noticias, una
señora "chavista" y un señor de la oposición
discutieron en una avenida de Caracas teniendo, cada
uno, a la Constitución en la mano. Según la reseña
periodística, el contrapunteo se realizó
pacíficamente. Viene a ser otra muestra de tolerancia,
y lo más importante, de que la superación de esta
crisis, y de los tiempos difíciles que vendrán, sea
cual sea el desenlace de la situación que vivimos en
diciembre, pasa porque asumamos el respeto y la
creencia en unas reglas comunes de convivencia.