Caracas, Miércoles, 22 de mayo de 2013

Sección: Política

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A más paja, más Capriles

Argelia Ríos

Sábado, 14 de julio de 2012

Sobra señalar que el primer éxito del candidato de la Unidad es, precisamente, haber logrado la banalización del atributo principal de su rival. Señalado con sorna por su evidente inhabilidad ante los micrófonos, Capriles ha sumado, sin embargo, un punto en su score: desnudar la fatiga del país ante una narrativa presidencial que privilegia las épicas gloriosas del pasado, a partir de las cuales Chávez se reverencia a sí mismo como prócer patriótico







   Foto: Google

Una imagen vale más que mil palabras. Así reza el dicho y así queda comprobado en la contundente secuencia de retratos que cada día va produciendo la campaña electoral. Muy a pesar de la enfervorizada facundia del comandante -terreno en el cual se encumbra sin aprietos-, no son sus discursos los que hoy despuntan en las estampas de esta contienda donde la palabra ha perdido entidad. Sometida al desgarre causado por el desmedido manoseo a la que ha sido sometida, la retórica política de los tiempos que hoy corren ya no parece dominada por las subyugantes grandilocuencias de Chávez. Excluidas de la competencia, a ellas se le enfrenta el potente metamensaje implícito en las centelleantes movilizaciones de Capriles, a quien la calle está respondiendo con curioso interés, convertida en interlocutor activo de un modo de comunicación desprovisto de veleidades heroicas.

Sobra señalar que el primer éxito del candidato de la Unidad es, precisamente, haber logrado la banalización del atributo principal de su rival. Señalado con sorna por su evidente inhabilidad ante los micrófonos, Capriles ha sumado, sin embargo, un punto en su score: desnudar la fatiga del país ante una narrativa presidencial que privilegia las épicas gloriosas del pasado, a partir de las cuales Chávez se reverencia a sí mismo como prócer patriótico, cuando no como efigie religiosa tallada para los altares de su cofradía... El acierto salta a la vista a través de la agitada reacción del jefe revolucionario, cuyas pulsiones -atravesadas por el temor a su enigmático contrincante-, lo han obligado a eyectarse de su cama de convaleciente, para ir a la búsqueda de lo que el muy lacónico Capriles le ha arrebatado: la calle y el dominio de la agenda pública.

No obstante, aunque ahora el Presidente se ponga en pie para tratar de neutralizar el efecto contagioso de las movilizaciones de su retador, hay algo que no podrá conseguir con facilidad: mantener bajo control su envalentonada egolatría, madre biológica de las frangolladas que Capriles ha expuesto en las vitrinas populares... Lo que desde ellas se observa es la superficialidad de la ridícula retórica chavista, concebida para trivializar los problemas grandes de la gente corriente, apelando a la priorización de desafíos pseudohistóricos, que solo han servido para el envanecimiento personal de quien se cree el nuevo libertador... El punto queda claro: Chávez se encuentra en un dilema sin solución. Necesita reencontrarse con la calle, pero mientras más lo haga, más podrá constatar el país las insolvencias que disfraza con sus pajonales patrióticos... Una paradoja del tipo "catch22"... A más calle, más paja. Y a más paja, más Capriles.

 

Argelia.rios@gmail.com


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