Fedecámaras, como institución, no tuvo ninguna responsabilidad en el
golpe de Estado, apenas si convocó al paro, a la huelga general y a la
marcha contra el gobierno. El Dr. Pedro Carmona Estanga actuó con
total inocencia, pues no podía prever lo que iba a ocurrir.
Los miembros del Buró Sindical intentaban tan sólo hacer una huelga
insurreccional indefinida, pero sin mala intención. Carlos Ortega,
presidente a juro de la CTV, no tenía idea de lo que hacía cuando
instigó a marchar sobre Miraflores.
Los generales, almirantes y coroneles libreteados, que organizaron
la seguidilla de pronunciamientos por televisión hasta concluir con el
alzamiento en cambote, actuaron inocentemente, engañados por los
políticos de siempre.
Monseñor José Ignacio Cardenal Velasco, firmó el acta de la
dictadura con total ingenuidad.
Copei no tuvo nada que ver con el acto inconstitucional. El
nombramiento de José Rodríguez Iturbe co mo Canciller de Carmona fue a
título personal y tampoco compromete al Opus Dei. José Curiel,
secretario general democristiano, refrendó el decreto dictatorial sin
saber
lo que estaba haciendo.
Primero Justicia no asistió a Miraflores y aunque aportó un ministro
al gabinete, lo hizo de manera ingenua.
Su Policía de Baruta detuvo y humilló varios chavistas sin saber lo
que hacía. Sus brigadas de choque tomaron la Embajada de Cuba
creyendo que adentro había delincuentes comunes.
Los dirigentes empresariales aplaudieron a rabiar en Miraflores y
sus integrantes refrendaron la violación a la Constitución, sin darse
cuenta de nada.
Miguel Ángel Martínez, a nombre de los medios de comunicación, las
Cámaras de Radio y Televisión, firmó de buena fe el acta de la
usurpación presidencial.
Globovisión, RCTV, Venevisión, Televen y las estaciones de TV que
boicotearon la alocución del Jefe del Estado no estaban coordinadas
para el saboteo ni lo habían convenido previamente.
Los dueños o editores de algunos diarios nacionales de Caracas
cayeron por inocentes. El hecho de preparar ediciones especiales
para los
días del golpe es mera casualidad.
Ni el Departamento de Estado ni la Embajada de Estados Unidos
tuvieron conocimiento previo de lo que ocurría.
El general en jefe Lucas Rincón es un leal colaborador de Chávez que
fue engañado cuando anunció al país la renuncia del Presidente.
El director de la Policía Técnica Judicial no saltó la talanquera,
sólo cumplió con su deber al buscar criminales entre las bandas
chavistas y
en ninguna otra parte.
Los comentaristas y reporteros de ciertos canales, así como los de
algunos periódicos, nunca tuvieron actitudes prejuiciadas, no
actuaron en
connivencia con los conspiradores ni sabían lo que se estaba preparando.
En realidad el golpe de Estado lo han debido organizar para el 28 de
diciembre, habría sido más apropiado pues es el día de los Santos
Inocentes.