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A precio de gallina flaca Pedro Lastra Viernes, 29 de mayo de 2009
Nunca la soberanía de Venezuela estuvo más en juego, más cuestionada y más entregada al abuso y al arbitrio de vecinos ambiciosos, depredadores e inescrupulosos como ahora. Cuando se convierte en caja grande de un país misérrimo, humillado y destruido como Cuba y en caja chica del propio tiburón amazónico, el sub imperialismo brasileño. Culpable por ese auténtico deshuese de nuestra soberanía entre cubanos y brasileños, que pretenden despedazarla a punta de dentelladas, es, para ofensa y escarnio de nuestras fuerzas armadas, un teniente coronel. Como para no creerlo.
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Que la nacionalidad se pierda en brazos de un civil delirante y tumultuoso, es hasta comprensible. Así sea una obligación de honor y un precepto constitucional, no es profesión de civiles ofrendar la vida en defensa de nuestra soberanía. Para ello se ingresa en la flor de la juventud a la Academia Militar: por amor a la patria y bajo juramento de defenderla con la sangre. Por eso mismo: que sea pasto de las hienas vecinales por culpa de quien hizo creer al Estado que honraba su vida entregándola a la defensa de nuestros más profundos y auténticos valores, causa estupor y asombro. ¿Con qué se come esa lenidad, ese desprecio y ese entreguismo en la defensa de nuestra integridad? Digámoslo de una vez: Venezuela es pasto desde el Caribe de la insaciable voracidad cubana, que roe sus huesos y mendrugos con la ferocidad de un hambre centenaria, insaciable. Y sufre desde el Amazonas el asalto del imperialismo brasileño que engorda sus faltriqueras y alimenta capitalistas a costas del hambre y el abandono de nuestras fincas, de nuestras industrias, de nuestras costas. Dos civiles: Betancourt y Leoni defendieron a Venezuela cual fieras a sus recién nacidas criaturas cuando el avieso y traidor asalto cubano de Machurucuto y Falcón. Supieron ponerse al frente de los cazadores y sacar a patadas en el trasero a los altos oficiales del estado Mayor del Ejército Revolucionario Cubano, infringiéndole a Fidel Castro una ominosa derrota militar, política y diplomática. También presidentes civiles supieron defender con sus vidas la integridad territorial de nuestros mares ante las apetencias colombianas, manteniendo no sólo a raya a las fragatas neogranadinas sino obligándolas a retirarse de nuestro mar territorial en el Golfo De Venezuela. Y otros presidentes civiles supieron mantener al expansionismo brasileño de manera respetuosa pero intransigente y digna dentro de sus estrictas fronteras. Era cuando la balanza de pago nos favorecía ampliamente y Venezuela era respetada en el mundo entero. Faltó que llegara un teniente coronel a la presidencia de la república para que se entregara a los brazos de Fidel Castro y le franqueara las puertas de Miraflores, de Fuerte Tiuna y de todos los cuarteles, despachos y dependencias de la república. Hoy Venezuela es una nación invadida y ocupada por decenas de miles de cubanos, que interrogan, dictan, ordenan, mandan, hacen y deshacen con nuestras vidas, nuestras familias y nuestras mujeres como si de un ejército de ocupación nazi se tratara. Inimaginable mayor humillación: un país que no vale un medio, en el colmo de la miseria y el abandono, dictándole normas al más importante de los países caribeños. El mundo al revés. Si Bolívar y Sucre hasta pensaron en ir a aplastar los restos coloniales en la isla del Dr. Castro, que entonces no era más que el prostíbulo de la flota. De Colombia se supo a tiempo gracias a la lealtad patriótica de uno de los comisionados venezolanos. Que los otros dos, leales al teniente coronel, parecían dispuestos a entregar lo ajeno. Si por él no hubiera sido, ya Chávez hubiera entregado otro pedazo más de nuestra soberanía. ¡Dónde radican las razones para tanta fragilidad, para tanta disposición a la entrega, al chantaje y la intriga? ¿Son los discos duros de Raúl Reyes los que ejercen el magistral influjo del chantaje y la traición? Y sírvanos de postre el caso brasileño. Una indiscreción accidental permitió que nos enteráramos de las promesas presidenciales: a los capitalistas y a las empresas brasileñas no se les tocará bajo el gobierno del teniente coronel ni con el pétalo de una rosa. El sub imperialismo brasileño puede seguir invadiéndonos a sus anchas. La balanza de pagos es obscenamente favorable a productores brasileños de pollos, de refrescos, de calzados, de vestidos, de lácteos y pare usted de contar. Constructores de puentes, de carreteras, de túneles, de un cuanto hay mil millonario y suficientemente aceitado con comisiones y chanchullos. Lula puede dormir en paz: deja hablar a sus anchas al fogoso caudillo llanero y en silencio se zampa nuestras reservas internacionales. Ya reclaman los argentinos, como lo han hecho desde que comenzó el despilfarro y la regaladera chavista. No soportan que a Lula se le entregue lo que se le mezquina a los Kirchner. Una lucha sorda y tenebrosa entre los rapaces del Plata y los imperialistas del Brasil. Mientras los cubanos siguen ejerciendo el oficio más antiguo del mundo, preñando de paso a venezolanas rojo rojitas y paliando el hambre ancestral que cargan. Han llegado a conocer el bistec. No lo soltarán ni a patadas. ¿Y la ética institucional de quienes miran de soslayo? Muy bien, gracias.
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Sadio Garavini di Turno
Froilan A. Barrios Nieves
Jorge Landívar Roca |
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