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Sección: Política
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Yo soy marxistaAndrés BravoMiércoles, 3 de febrero de 2010
Capellán de la UNICA
El Comandante dice ser “marxista”. Un mal comunista porque no es fiel a su teoría. Pues, el marxismo es el materialismo dialéctico. Sólo así es eficaz la revolución. Confiesa, además, una deficiencia: no ha leído El Capital de Marx. Se conforma con el Manifiesto Comunista. Demuestra, pues, ser infiel, porque los que votaron por él le eligió en y para la democracia. Está en peligro la libertad. El Manifiesto enseña que la revolución es obra del proletariado obrero que se organiza en un movimiento para, con la lucha armada, tomar posesión de los medios de producción, destruyendo así a la clase burguesa. Los comunistas forman la conciencia de clase para derrocar a la burguesía y llevarlo a la conquista del poder. Revolución sin obreros y sí con militares, es extraño. Junto a esta lucha está la abolición de la propiedad privada: Así pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada. Pero, tales medios de producción y propiedad social supuestamente en manos de la clase obrera, en realidad es el Estado quien la regenta: “El proletariado se valdrá del poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas”. La concepción marxista del hombre es materialista: la materia es la que produce el espíritu y, científicamente, no existe espíritu sin materia; la materia existe fuera de todo espíritu y no necesita espíritu para existir. Y, por último, no es Dios quien crea al hombre, es el hombre quien crea a Dios como reflejo de su insuficiencia. Por eso, ser marxista es estar dispuesto al odio de clases, a destruir a los otros por ser de otras clases sociales; a concebir al ser humano como producto de las leyes de los procesos económicos y sociales; a negar toda verdad trascendente; negar a Dios y abolir la religión por ser opio que adormece al pueblo. El proletariado al poder no es sino el partido comunista como Estado totalitario. Por eso, el verdadero dilema es elegir vivir en un sistema totalitario o en democracia. direcciondecomunicacionesunica@gmail.com |
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