Estamos a las puertas de un año nuevo. Nadie sabe qué tiene de nuevo, pero con esto se demuestra que los seres humanos sí podemos ponernos de acuerdo alguna vez en la vida.
El año nuevo trae, según el almanaque, los mismos doce meses del año pasado, con los mismos nombres, ni eso le cambiaron. Las mismas fechas patrias y el mismo santoral; insisto: no sé qué tiene de nuevo, pero todo el mundo se puso de acuerdo para decir que es nuevo. Algunos investigadores dicen que fue una idea, que a mediados del siglo pasado, tuvo un señor de nombre Eduardo Fernández quien proponía que todo debería ser nuevo, incluso los años por venir. Lo importante, sin embargo, es para qué sirve el año nuevo.
El añonuevo, así pegado, sirve para querernos mucho y llorar; aunque se usa principalmente para hacer promesas del tipo de “el año que viene haremos mejor las cosas, o por lo menos de manera distinta”; lo que nos lleva a concluir que el 31 de diciembre es el Día Universal del Embuste, con mayúsculas, del embuste trascendente como embuste en sí mismo; y, por esta condición filosófica, éste se multiplica y se repite entre todos nosotros hasta convertirse en una oración a lo imposible: “…este año no voy a tomar más… salgo de todas mis deudas… voy a bajar de peso… haré ejercicios… no engañaré más a mi mujer… voy a ahorrar algo todos los meses… este años nos casamos miamor…(en los puntos suspensivos va ruegaporél) …prometo no decir más mentiras…” Llegados a este punto no hay ruegaporél que valga y es imposible continuar.
Los quehaceres de esta celebración se dividen equitativamente entre los hombres y las mujeres: las mujeres hacen hallacas y los hombres se echan palos con los amigos; a veces las mujeres hacen hallacas en casa de su mamá y los hombres se echan palos con los cuñados. Las mujeres adornan la casa, limpian, pintan, cambian cortinas y los hombres se echan palos con los vecinos. A veces esto cambia un poco: salen juntos a una fiesta familiar y las mujeres cuidan a los niños para que no le destruyan la casa a la abuela mientras los hombres se echan palos con toda la familia que vino del interior. (por favor amigos mexicanos donde dice palos lean tragos) Visto así parece una desproporción, pero en realidad, las mujeres hacen hallacas también para el añonuevo y los hombres… bueno, dejémoslo así; sólo que en añonuevo pueden comer hallacas los que hayan quedado vivos, a pesar de haberlas comido en Navidad, o se hayan recuperado después de agotar la provisión de sal de fruta de por lo menos cuatro farmacias; y aunque algunos comemos uvas y bebemos vino, no podemos emborracharnos porque así nos hemos mantenido desde Navidad.
En resumen el añonuevo sirve para hacer cosas que en sano juicio no haríamos jamás: abrazamos y besamos a todo el mundo, incluso a la suegra; ponemos el disco “Faltan cinco pa’las doce” y lloramos; las mujeres se ponen pantaletas amarillas al revés y se ríen (los hombres también) … Los hombres besan a la madre (la de quien sea) y a la vecina del 52-A, que está mejor que el añonuevo, mientras el marido grita ¡Viva mi vecino!... en casa de la abuela los niños piden más regalos e incendian las cortinas con los fuegos artificiales… Y así pasa el día de añonuevo con las mujeres llorando porque el marido se escapó con la vecina del 52-A y no llegan los bomberos a sofocar el incendio que se originó en las cortinas de la abuela y el ruido de la gente haciendo promesas no deja oír los gritos del dueño del abasto que lo están asaltando en ese momento.
Pero les prometo que el año que viene será diferente.