Superar la desesperanza Francisco García Samaniego
Jueves, 11 de diciembre de 2003
Para pensar nuestra sociedad venezolana de cara al siglo XXI debemos primero hacer énfasis en la calidad de las rendiciones de cuentas de los políticos —accountability— en tanto funcionarios que representan nuestros intereses, y de no ser así, buscar las vías de sanción dentro de los parámetros de la democracia pluralista. Es decir, no caer en legalismos absurdos y vacíos que en muchos sentidos enturbian más las relaciones dentro de la democracia. Es por ello que para salir de la desesperanza social, es comenzar a pensar en las posibilidades reales, y que ahora tenemos consagradas en la Constitución de 1999 en Venezuela.
Así mismo es defender el texto constitucional aunado al respeto, tanto desde el punto de vista de los que la impulsaron como de aquellos que la rechazaron. Lo cierto del caso, es que la constitución está viva y debemos hacerla hablar, y no por el gobierno, no por un partido político, sino que hable en nombre del estado, en nombre los ciudadanos que en realidad somos el espíritu de ella...
Para los meses que vienen tenemos la oportunidad clara, histórica y constitucional de hacer valer nuestros derechos como ciudadanos, ante un gobierno, que ha querido controlarlo todo, y por ello tiende al autoritarismo, aunque en las mañanas de disfrace de demócrata, o cuando en las tardes y noches se desgarra la ropa y se presenta tal cual és, un gobierno demagógico... De ahí que muchos de nosotros en nuestros espacios de discusión le llamemos neo-populista de corte autoritario.
En fin, nuestra sociedad venezolana ha demostrado sus riesgos y fracturas, y lo ha vivido bajo una cultura de tolerancia, de grandeza de un país que quiere paz, un país que no se encuentra dividido. Es un país que está pasando por momentos de borrascas. Pero un país en donde la cultura política con todo y el declive de los partidos políticos sigue buscando y jugando a la democracia representativa y pluralista.
Si pensamos así podremos mejorar las condiciones de vida (en todos los sentidos) y comenzar cada mañana con más esperanzas, para superar este trance, por el cual la desesperanza se ha hecho valer en estos últimos años. Es decir, los ciudadanos estamos en la obligación de limitar a nuestros representantes, y las vías para ello están en la constitución.
De ser así, el perdedor siempre será en gobierno, no el ciudadano que en su mayoría está cansado de tanta basura y tanta corrupción. Si bien es cierto, los errores del pasado permitieron el advenimiento de liderazgos outsider populistas de la política. También es cierto que debemos mirar el futuro para pensar nuestra pobre sociedad y pensarla de cara al siglo XXI haciendo énfasis en la calidad de los políticos y los partidos políticos en las rendiciones de cuentas —accountability—.
Aun más no seguir cayendo en legalismos vacíos. Para tratar de superar la desesperanza social, es comenzar a pensar las posibilidades que ahora tenemos, y que la constitución con todas y sus fallas nos otorga. Asimismo es defender el texto constitucional dándole funcionalidad a los derechos otorgados a los ciudadanos evitando que la constitución quede en letra muerta.
En tal sentido nos hayamos en una sociedad del riesgo, por los grandes cambios globales a los que nos enfrentamos en casi todos los ámbitos de nuestra vidas y ello esta en pugna permanente con el Estado de Bienestar. Es decir, superar la crisis de gobernabilidad, es buscar mayores niveles de confianza social, de estabilidad laboral, de disminución del crimen, de separación social. O como lo a escrito recientemente mi colega y amigo José Antonio Rivas Leone... Superar la desarticulación de la política para poder hacer viable el Estado en los contextos globales de la sociedad del riesgo.