Nunca antes se había tenido tanta presencia de los organismos de inteligencia norteamericanos en Venezuela como ahora. La CIA, la DEA, grupos de observación de las fuerzas militares de EEUU y otras agencias de recolección y procesamiento de información han establecido su base de operaciones en todos los rincones del país. Venezuela sigue estando en la mira. Venezuela se ha convertido en el más importante foco perturbador de la estabilidad continental.
Por un lado, el gobierno mantiene su mensaje nacionalista y autónomo quebrando las formas tradicionales en la conducción de los procesos sociales. Esto ha generado un antagonismo riesgoso para la hegemonía norteamericana. Indistintamente de la actitud opuesta que se pueda tener por lo artificial, demagógico y viciado del proceso interno venezolano, no podemos desconocer la conducta soberana de sus acciones internacionales. Considero que son dos modelos de ejercicio del mando totalmente diferentes. En lo interno, opera la autocracia, el sectarismo y la corrupción descarada e indetenible por nadie. Ni siquiera por el mismo jefe del Estado. Hacia el exterior se asumen posturas de clara soberanía y autodeterminación. Elementos que pueden ser reforzados con planteamientos teóricos sustentables para lanzar al mundo la tesis de la reconquista de los estados nacionales en la era de la globalización.
Por otro lado, Venezuela está calificado como un país puente y procesador de los dineros provenientes de la droga, convirtiéndolo en un factor clave para el éxito de todo el ciclo del narcotráfico. Además, con indicios ciertos o inventados, a Venezuela le esperan momentos más críticos en el corto plazo, cuando se le señale y se le denuncie contundentemente como productor de drogas. Si a este cuadro se le agregan las relaciones de amistad que se han estrechado con los países adversos al poder mundial y el acercamiento a organizaciones que luchan por la emancipación de los pueblos, el resultado tiene que ser una alerta para los EEUU.
Por eso la vigilancia permanente que se mantiene sobre Venezuela y la multiplicidad de agentes de inteligencia que están infiltrados en todos las estructuras organizadas del país. Agentes que hacen uso de los equipos tecnológicos más avanzados que existen actualmente, acoplados a los sistemas telemáticos y satelitales que constituyen parte de la red de información ultramoderna que manejan los EEUU.
El Sistema de Defensa Nacional contra Misiles, en proceso de desarrollo, es una versión superior a la guerra de las galaxias de los años 80. Que ya es mucho decir como un componente vital para mantener la supremacía militar y de información en el mundo. Este sistema tiene por meta saltar hacia un nivel superior en la transformación tecnológica de las fuerzas armadas norteamericanas. Su objeto, enfrentar los retos del dominio mundial en el siglo XXI. Su consecuencia, el establecimiento de nuevos paradigmas en la política de seguridad nacional norteamericana, la cual descansa en la red super sofisticada de inteliegencia. Red que interconecta la acción del hombre que dispensa datos de la fuente primaria, con la información que recogen los instrumentos en el espacio sideral.
El sistema detecta cuando aparece un foco desestabilizador, haciendo que se activen los planes para neutralizar la adversidad. Planes que contemplan múltiples formas del accionar geopolítico. La escalada en la aplicación de la fuerza tiene su grado de intensidad. Desde la primarias risas del intercambio diplomático, pasando por la construcción de escenarios desestabilizadores de las relaciones con la comunidad internacional, hasta llegar a la ocupación del territorio por los marines. Ya para Venezuela el plan de neutralización comenzó.