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La revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI Freddy Muñoz Miércoles, 7 de septiembre de 2005
El título de este trabajo está escrito entre comillas porque es el mismo de la ponencia (?) presentada por Heinz Dieterich en un foro realizado en el marco del XVI Festival Mundial de la Juventud. Éste fue una parodia de aquéllos –celebrados cada 4 años- cuya convocatoria hacían la Federación Mundial de la Juventud Democrática (FMJD) y la Unión Internacional de Estudiantes (UIE).
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La FMJD y la UIE no eran organizaciones de fachada. Existían de verdad. Cada una de ellas estaba formada por organizaciones nacionales reales, dirigidas por filiales juveniles de Partidos Comunistas o de otros partidos de izquierda. Un gran número de tales Festivales se realizó a lo largo de décadas de la “guerra fría”. Cuando ésta dejó de existir porque ocurrió el hundimiento del bloque soviético –principal materialización del “socialismo real”- los promotores fundamentales de los eventos cuatrienales perdieron interés en promoverlos. La organización juvenil del Partido Comunista Cubano tomó para sí la tarea de salvar lo que fuere posible de una tradición casi extinguida. Dada la estrecha alianza establecida entre el régimen de Fidel Castro y el chavista, se intentó revivir, teniendo como sede a Venezuela, la tradición de los Festivales. Cuando éstos tuvieron su buena época, se cumplían extensos programas que incluían actividades de diversos género. Entre ellos siempre estuvieron los foros políticos, en los cuales se debatían asuntos de alto interés y actualidad, con presencia de personalidades prestigiosas y/o sólidos intelectualmente. Pues bien: fue en el foro político que formó parte del XVI Festival donde Heinz Dieterich presentó lo que hizo las veces de una ponencia. Antes de referirme a su contenido quiero recordar un hecho que dice –y dijo- mucho con respecto a la discusión efectuada: junto al autor del texto-base para el debate, y a Armando Hart, director del Centro de Estudios José Martí y conocido entre los ideólogos de la vieja guardia cubana, la representación venezolana estuvo constituida por Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Roberto Sáenz. Tuvo lugar, pues, lo más opuesto a una cumbre del pensamiento. En verdad, el debate o el intercambio de ideas fueron sustituidos por una sesión de vaciedad. Efectuado con ridícula pompa, ni siquiera un boletín informativo oficial, o resúmenes de los medios impresos (oficialistas, no oficialistas, y neutrales de diverso tipo), fueron emitidos. Por encima de los contenidos estuvieron las apariencias. La ponencia de Heinz Dieterich no fue tal cosa. Él leyó un esquema, contentivo de 7 formulaciones. A cada una de ellas le seguían breves explicaciones. Tanto aquéllas como éstas tienen algún valor. Nuestro personaje no es un ignorante. Es un intelectual de izquierda, claramente alejado de la muy tibiamente socialdemócrata que está presente, por ejemplo, en el Partido Demócrata norteamericano, y que allí es minoritaria. De las referidas tesis diverjo porque son demasiado especulativas en sus abstracciones, porque tienen una fuerte carga de oportunismo (antagónico de las ideas interesantes, por sugerentes) y porque hablan un lenguaje de radicalismo estéril.
He aquí una versión resumida, en la cual he intentado ser fiel al texto original (y creo haberlo conseguido):
1) “Se observa en la Revolución Venezolana una especie de indigestión teórica que se debe a la multitud de conceptos y paradigmas (modelos) que la población tuvo que asimilar en apenas seis años, entre ellos Revolución Bolivariana, antiimperialismo, desarrollo endógeno, escuálidos y Socialismo del Siglo XXI”. Tengo coincidencias con varias de las tesis de Dieterich, pero son mucho más las ideas en contrario. Seguidamente expongo unas y otras, siempre relacionándolas entre sí, y siguiendo el orden en que fueron presentadas. La misma ha sido mostrada, sin dejar duda alguna, durante casi siete años, por todos los que han tenido cargos de responsabilidad en cualesquiera áreas del “proceso”. Todavía hoy no saben –ni siquiera Chávez, y tampoco los intelectuales (algunos hay)- definir y explicar en qué consiste el “cambio revolucionario”. Han sido numerosas y contradictorias las versiones. Aún lo son. Y cuando los que están -en distintos niveles de proximidad- por debajo del punto más alto del vértice, reconocen su incapacidad para explicar las honduras del asunto, se remiten a la autoridad suprema. En tales casos, Chávez hace uso de dos recursos: su auctoritas y sus habilidades para la acción comunicacional. Ésta no es conceptualmente respetable, pero utilizándola él genera convencimientos a menudo masivos. Ahora me refiero a Dieterich. Cabía esperar de él ciertas dosis de claridad al formular sus tesis. Pero en esta primera a la que estoy refiriéndome el intelectual pone al descubierto su propia indigestión teórica. En efecto, califica de paradigmas o modelos términos de muy diferente naturaleza. De un lado, “revolución bolivariana, desarrollo endógeno y socialismo del siglo XXI; de otro lado, antiimperialismo, y de otro “escuálidos”. Esa mezcolanza es, por decir lo menos, asombrosa. Los tres primeros términos son –sea cual sea su calidad científica- categorías. El 4° alude a una posición política. Y el 5° es una palabreja acuñada por el Chávez dicharachero y vulgar, reproducida en altísima escala por sus partidarios pertenecientes a los sectores populares, y luego incorporada al diccionario jocoso de los venezolanos. El doctor Dieterich ha puesto, pues, su sello a una indigestión teórica. No cabe felicitarlo. ¿O sí?. 2.- En su 2ª tesis , al definir las 4 “macrodinámicas” (?) de la “revolución bolivariana” (el término es suyo, las comillas son mías), nuestro personaje produjo otra indigestión teórica o –tal vez esto sea más exacto- un pasticio, dicho sea con perdón de los italianos arraigados en nuestro país, y de sus descendientes. Los conceptos definitorios de las 4 “macrodinámicas” no constituyen unidad categorial alguna. Son, por el contrario, muy diferentes entre sí. “Revolución antiimperialista” alude a un propósito o a un hecho histórico real, diferente a “revolución democrático-burguesa”, a “contrarrevolución neoliberal” y a “pretensión de llegar a una sociedad socialista del siglo XXI”. Dicho en otras palabras, cada “macrodinámica” es, como propósito o como hecho histórico real, distinta a las otras tres. Siendo rigurosos –lo cual supone dejar de lado cualquier prejuicio- he de reconocer que Dieterich emitió un juicio acertado sobre el desarrollo endógeno, una cuestión que actualmente es discutida, con muy escasa altura, por el oficialismo y las distintas oposiciones. De éste ha dicho Chávez que es un aspecto primordial de la supuesta nueva ruta que la “revolución” ha comenzado a recorrer. Después que él lo ha dicho, las réplicas de la oposición –no obstante las notables divergencias que la caracterizan –han convergido en una crítica burlona y superficial. Todo indica un generalizado desconocimiento de la categoría desarrollo endógeno. Éste es un aspecto de todo desarrollo que tenga lugar en la época actual, ya sea en los países capitalistas más avanzados (Estados Unidos, los de la Unión Europea, Japón y los tigres asiáticos”), ya sea en los países latinoamericanos cuyas economías capitalistas están modernizándose y creciendo a tasas anuales superiores a las de los primeros. Sobre el asunto en referencia, Heinz Dieterich emitió una opinión cuyo acierto es indiscutible: El mismo Dieterich afirma algo como lo antedicho: el lector bien puede recordarlo. Por otra parte, Dieterich incurre en un error semejante al ya señalado cuando establece una relación de sinonimia entre socialismo del siglo XXI y democracia participativa, aun cuando no define a esta última. En este tercer apartado señalo, finalmente, la equivocación más grave del autor cuyos planteamientos discuto: ignorar que el “socialismo real” fracasó y es prácticamente imposible que llegue a existir donde antes no lo hubo, cualesquiera sean el país o el área geográfica considerados. Sólo vive en Corea del Norte y Cuba, siendo altamente probable que allí, en ausencia de Fidel Castro, se derrumbe algún tiempo después, y dé paso a una democracia representativa abierta (1). (Excúseme el lector que ahora no discuta ese asunto. En una ocasión que podría estar próxima lo consideraré). Insisto: el “socialismo real” fracasó. Causas estructurales lo llevaron al colapso. Y aunque no es posible demostrar que nunca jamás habrá revoluciones, la buena razón lleva a la conclusión de que revoluciones constructivas y justicieras no pueden ser imaginables en un tiempo alcanzable por la imaginación. Para afirmarlo me baso en el reconocimiento de que esos fenómenos suponen inmensos cambios en las correlaciones de fuerzas y en la cultura de los sujetos colectivos que hoy conforman la mayoría del cuerpo social. Tales cambios únicamente pueden ser considerados como muy remotos. ¿Qué sentido político tienen proponerlos?. Ninguno. ¿Y que propuesta programática operante puede ser elaborada teniendo en la mente una perspectiva? Ninguna. Empero, cuando intenta hacer una explanación de la misma, el pensamiento da un giro en sentido y dimensión exactamente contrarios. ¿Qué explicación puede tener un hecho como ese?. La respuesta sólo puede ser ésta: Dieterich es insalvablemente incoherente. Otra respuesta es posible; pero la daré cuando me refiera a la 7ª tesis . Antes de pasar a comentar la siguiente debo referirme a otro planteamiento. La primera de las tres formas principales de propiedad que Dieterich señala en la economía de mercado es la sociedad anónima de capital variable. La segunda es la empresa de propiedad familiar. La tercera es la de las cooperativas. Con respecto a la 1ª y a la 2ª sostiene que, en términos de sociología de la organización, son unidades militares y, por lo tanto, verticales. Otra vez Dieterich emite un juicio disparatado . ¿Acaso lo hace por ignorante?. Sin duda, no es esa su condición. Pero la absurda afirmación fue hecha. Comprendiéndolo, Dieterich se cobija bajo el argumento de que “la única forma democrática es la cooperativa”. Señalándola como “la más afín a la democracia económica del futuro”, sostiene, al mismo tiempo, que es la más difícil de organizar, pues ha de operar “bajo la lógica del macrosistema mercantil”. Así, el razonamiento va llevando a admitir –sin decirlo expresamente, porque ello comportaría negar que el socialismo pueda existir- que podría haber necesidad de que las cooperativas reciban subsidios del Estado. Llegados a esta altura de la discusión, hago las siguientes preguntas. ¿Acaso no es contrario a la eficiencia económica subsidiar a las consideradas empresas más importantes?. ¿Pueden tales empresas funcionar exitosamente bajo un régimen de cooperativas, que implica deliberación frecuente de los socios?. ¿Puede dar buenos resultados en las empresas un funcionamiento que excluya las líneas de mando verticales?. Es necesario y conveniente recordar al doctor Dieterich que Carlos Marx –el más importante entre los críticos científicos del capitalismo de su tiempo y el más importante teórico en el campo de las ideas socialistas, según es generalmente admitido– nunca propuso un proyecto de la futura sociedad alternativa. No lo hizo porque creía inútil inventar las características esenciales de una sociedad, respecto de la cual sólo afirmó la inevitabilidad. Sea cual sea lo que se piense sobre sus teorías medulares, merece ser admirada –incluso desde ópticas opuestas- su negativa a actuar como profeta. Dieterich, por lo visto, ha pretendido serlo. No le vendría mal un intento racional de modestia. 5.- La alternativa de error y acierto en el discurso de Dieterich, demostrada en el curso de las argumentaciones hasta aquí expuestas, se manifiesta nuevamente en la tesis 5ª . Allí toca el tema de los “requisitos objetivos” para construir una economía socialista (entre los cuales destaca el disponer de una matemática de matrices, la digitalización “completa” de actividades (?) y una red informática entre las principales entidades). A continuación recuerda que “ni la URSS ni la RDA lograron ... una economía socialista en el sentido de la economía política”. Luego de un ejemplo relacionado con la escasísima capacidad de la URSS para usar requisitos como los señalados, afirma que “no había condiciones objetivas para una economía socialista”. Mas al final, como si nada de lo anterior hubiera sido dicho, concluye abruptamente: “La humanidad (?) se encontraba todavía en una especie de protosocialismo o socialismo utópico (las cursivas son mías). ¿Por qué esa conclusión carente de toda pertinencia?. ¿Dónde estaban los elementos de un protosocialismo?. ¡En ninguna parte, según el mismísimo Dieterich!. ¿Son equivalentes los conceptos “protosocialismo” y “socialismo utópico”?. No, obviamente: el 1° significa socialismo embrionario; y el 2°, socialismo irrealizable o ilusión de socialismo. Por último, ¿es admisible que en la argumentación se tome como ejemplos a dos países –los únicos, por cierto, que son mencionables, dado el proceso histórico real que se analiza- y después se extrapole a “la humanidad”?. Obviamente no, otra vez. Hay, entonces, sobradas razones para decir que dos intelectuales contradictorios coexisten en la persona de Heinz Dieterich. ¿Estamos ante un fenómeno psicológico o ante un caso de intereses políticos que originan en una misma persona, en un mismo tiempo, pensamientos que se excluyen entre sí?. 6.- En la tesis 6ª del discurso de Dieterich encontramos a un campeón de la soberbia. Como si no se diera cuenta del extremo al que llega, en su caso, la autovaloración, dijo ante su auditorio: Me es imposible dejar de presentar –más como convicción que en calidad de hipótesis- la idea de que Heinz Dieterich, coautor de los textos elaborados por algunos profesores de las Escuelas de Bremen y de Escocia, haya convertido a sus oyentes -y esté procurando convertir a sus lectores “bolivarianos”– en un mercado para vender pensamientos y ofrecer ulteriores asesorías. Además, Nicolás Maduro y el cubano Armando Hart pronunciarían sendos discursos protocolares. En los hechos, cada uno de los ponentes principales pareció haber cumplido su papel ... Empero, mientras Chávez desempeñó el suyo según sus costumbres de agitador locuaz e intelectualmente irresponsable, el profesor Dieterich pecó de dualidad absoluta. En un breve y complicado texto fue afirmativo y todo contrario. Definió los requisitos de una revolución socialista de este tiempo, que en nuestro país da los primeros pasos; mas también esbozó una demostración de que tal revolución es imposible, porque no se dan los supuestos necesarios. Pregunto y doy respuestas: ¿Hay en Venezuela un proceso de revolución socialista?. NO. ¿Puede haberlo?. NO. ¿Podrá haber, nadie sabe cuándo, uno con rasgos parecidos a los del “socialismo real”?. Es tan improbable que podría responder NO. Pero la discusión sobre tal asunto es completamente inútil. Las ideas del profesor Dieterich al respecto son tan incoherentes que es inapropiado agradecerle por haber ayudado –sin querer- a fundamentar los NO precedentes. (1): Llamo así a una democracia representativa con elementos de participación directa de los ciudadanos, estrechamente ligada a una estructura económico-social progresista. |
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