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Opinión y análisis

Querido Niño Jesús:
Carolina Jaimes Branger

 
Lunes, 23 de diciembre de 2002

He pensado mucho antes de escribirte esta carta, porque me siento como si te estuviera escribiendo en mayo, o en julio, o en septiembre, pero jamás en Navidad. No me siento en Navidad. Y estoy triste. Muy triste.

Los últimos cuatro años te he pedido muchas cosas: un país en armonía, alegre, sin odios, con una educación que provea a las personas de las herramientas para surgir en la vida. Un país donde no haya niños de la calle, en el que se respeten las instituciones y en el que los gobernantes sean personas aptas y honestas. Un país en el que no haya más madres llorando por sus hijos asesinados, y cuyo sistema de gobierno sea la democracia.

También te pedí que me trajeras un presidente de verdad, verdad. Pero como que ha sido mucho pedir, ¿cierto?…

Estoy triste por mi Venezuela, Niño Jesús.¡Te necesitamos aquí, y con urgencia!. Quizás recuerdes a Venezuela como un país en el que la horizontalidad era la norma, como bien la definió Gerver Torres. Pero el caso es que aquí se ha sembrado y se ha abonado un resentimiento, un odio y una violencia que eran desconocidas para la mayoría de nosotros, y que están carcomiendo nuestra esencia y destruyendo lo más hermoso que tenía nuestra sociedad: su igualitarismo, su solidaridad, su parejería.

Estoy triste porque no entiendo, y jamás entenderé, cómo personas que tienen en sus manos la posibilidad de restablecer el orden y evitar más derramamientos de sangre, se aferran a una realidad que sólo existe en sus cabezas y no lo hacen.

Estoy triste porque veo cómo venezolanos que pueden montar una caimanera, y en el mejor ánimo jugarse una partida de futbolito, en otros escenarios llegan a insultarse, a herirse, y hasta a matarse.

Y más tristeza me da cuando pienso que durante los larguísimos meses que duró el sitio a Madrid durante la Guerra Civil Española, y la Pasionaria gritaba, “¡no pasarán!”, las tropas franquistas, en varias ocasiones jugaron fútbol con sus adversarios, y a pesar de este hecho, hermoso en sí mismo, sí pasaron, y hubo un millón de muertos. Padres contra hijos, hermanos contra hermanos.

Estoy triste porque siento que me están robando el país que quiero, en el que quiero que vivan mis hijas, mis nietos, y más allá. Yo no quiero ver a mi Venezuela transformada en un país de autómatas que sólo obedezcan órdenes y no leyes, atemorizados de expresar su opinión, y encima de todo, a mis conciudadanos arriesgándose a todo por salir de aquí.

Estoy triste porque me desgarra el alma oír a los jóvenes expresar su deseo de irse a vivir a otro país, porque aquí no hay oportunidades para ellos. ¿Tú me entiendes, Niño Jesús?…

Por eso este año voy a pedirte que me ayudes con esta tristeza. Porque estoy triste, Niño Jesús, muy triste. Por favor, ¡ayúdame!.

Querido Niño Jesús:

¡Ayuda a Venezuela!

email:tunas@telcel.net.ve

 

 

 
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