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Sección: Política
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Trágica abstenciónLeonidas Torres C.Martes, 20 de abril de 2004
Al analizar la evolución de las cifras de la abstención electoral para elecciones presidenciales desde 1958, se puede apreciar la curva del desencanto y frustración del venezolano por la democracia. En las siete elecciones presidenciales que cubren el período de 1958 hasta 1988, fue en estas últimas, cuando ganó CAP por segunda vez, que se presentó el mayor nivel de abstención: 18%. Si observamos las cifras de las cuatro primeras jornadas electorales, veremos que la abstención no superó el 8% y que en las elecciones de los años 1968 y 1973 rondaba el 3,5%. A partir de 1993 cuando Caldera repite, la abstención saltó al 40%. Luego en 1998 Chávez gana con una abstención que se ubica en un 36%, para subir al 44% en junio de 2000, cuando el Teniente Coronel obtiene la ratificación ganándole a Arias Cárdenas. El mal se profundiza en los referendos de abril 1999 (62%) para la convocatoria a la Asamblea Constituyente y diciembre de 1999 (57%) para aprobar el proyecto de Constitución. Una mirada objetiva sobre la evolución de las cifras de la abstención electoral, nos permite afirmar que el venezolano ha perdido la fe en la democracia, ya que minimiza su participación en el máximo evento de este sistema. Para el repetido argumento sobre la nueva actitud y renovada energía de la participación ciudadana, veamos las cifras de noviembre 2003 en la jornada del Reafirmazo: el total de electores registrado en el REP alcanza unos 12 millones, si asumimos que los chavistas representan un 30% y la oposición un 70%, este último porcentaje equivale a 8,40 millones de votos en contra de Chávez. Si se recogieron 3,40 millones de firmas, estas representan un 40% del total de votantes potenciales de la oposición, lo que implica una abstención del 60%, es decir, 5 millones de personas. Cuando una persona asume una posición neutral o fría en una aguda crisis como la que vivimos y decide no firmar, aun cuando esa persona afirme estar en contra de Chávez, su actitud y su inmadurez, son síntomas de un material humano de dudosa calidad y por lo tanto no merece todos esos elogios que le están prodigando los dirigentes y los medios de comunicación al “heroico pueblo venezolano”. Piénsenlo bien son 5 millones de personas que no se identifican con Chávez, pero no firmaron, por lo tanto entran en las categorías de indiferentes, ambiguas, miedosas y camaleónicas. Recordemos algunas cifras recientes, para tratar de cuantificar el daño que ocasionó la abstención y la apatía: Chávez ganó el 06 de diciembre de 1998 con 3.673.000 votos y Salas Romer llegó segundo con 2.611.000 votos. Se registró una abstención del 36%, que equivale a 4 millones de personas. Se imaginan cuanto nos hubiéramos ahorrado, si de esos 4 millones de apáticos, la balanza se hubiera inclinado hacia el segundo candidato, cualquiera que éste fuese. Nos hubiéramos ahorrado 5 años de Chávez. Nos hubiéramos ahorrado cinco años de zozobras, crispación, angustias y desesperanza al ver como Chávez va consumando su plan de destrucción nacional. Todas las vidas cegadas en las protestas y manifestaciones, todos los heridos y los desaparecidos, miles de empresas cerradas y millones de desempleados, todo eso lo hubiéramos evitado si los apáticos e indiferentes hubieran salido de sus casas en diciembre de 1998. El repudio a un gobernante tan maligno como Chávez, debe ser total y debe manifestarse rotundamente. Los indiferentes y los neutrales deben tomar conciencia del daño que han hecho y de la necesidad de su incorporación. |
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