El contraste no pudo ser más radical. Mientras el 90% del país se mantenía en paro cívico y pacífico, el presidente Chávez andaba de perorata en amenaza como alma que lleva el diablo. Pobre poderoso y solitario. El éxito clamoroso de la protesta ciudadana y el patético "performance" del dueño de Miraflores, confirman que la abrumadora mayoría de los venezolanos va por un camino exactamente contrario al que quiere imponer el esmirriado mandamás.
El 10-D pasará a los anales como una prueba de democracia participativa y protagónica, tal y como lo establece el artículo 2 de la Constitución de 1999. Desde el Táchira hasta Margarita, o desde la Guajira hasta la Gran Sabana, todo el país se sumó entusiasta a la convocatoria de paro nacional que en buena y justa hora planteara el presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, en nombre de la sociedad civil.
En santa paz se desarrolló el acontecimiento, salvo por lo vituperios mediáticos de Chávez y un lamentable conato de bochinche protagonizado por las bandas del alcalde emeverrista, Freddy Bernal. Pero el paro no fue literalmente "pasivo", pues cada vez que Chávez asomaba la boína por televisión, la gente empezaba a cacerolear con una mezcla de indignación y esperanza.
Enajenado como está de la realidad que lo circunda, el presidente Chávez no perdió oportunidad en sus tres arengas para proferir insultos y desafíos contra la manoseada "oligarquía" y todo el elenco de sus enemigos preferidos. Embutado en su uniforme militar, lucía más que nunca como una caricatura de sí mismo. Desencajado por la soberbia.
"Voy a comprar un alicate para comenzar a apretar tuercas", senteció altisonante entre el ruido de las caceloras que le aguaron la fiesta en el desfile aéreo de La Carlota. Muchos de los presentes, incluyendo a sus inmediatos colaboradores, habrán pensado que las tuercas más aflojadas las tiene él debajo de la gorra. No por nada es que el escritor mexicano Carlos Fuentes, de conocida prosapia izquierdista, acaba de escribir que el mandatario venezolano tiene "un basurero en la cabeza"
Como bien argumenta Teodoro Petkoff, el paro cívico no fue sólo contra las llamadas leyes habilitantes, sino en repudio a una forma de gobernar signada por el afán hegemónico y el desprecio a los opositores. El "yo mando porque mando yo" que resume en pocas palabras la verdadera esencia de la fantasmagórica ideología bolivariana.
El pasado lunes, Chávez hizo alarde de todo aquello que la sociedad rechaza con ánimo cada vez más resuelto. De ahora en adelante, y a falta de rectificación que, por lo demás, no aparece en el firmamento presidencial, al país no le queda otro camino que fortalecer su unidad democrática para facilitar salidas constitucionales de manera plural.
Vale la pena destacar que la ascendencia de Pedro Carmona, en tanto dirigente promotor de la jornada del 10-D, es un síntoma que el péndulo está oscilando hacia un perfil de liderazgo racional y sereno, a años-luz de la demagogia encarnada por el actual jefe de Estado.
El triunfo del paro nacional ratifica que Venezuela está harta y agobiada por los desmanes del "trienio patriótico". Eso no tiene marcha atrás. Lo que cuenta ahora es la próxima trayectoria para poder iniciar la esperada reconstrucción.
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