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Opinión y análisis

Encefalopatía espongiforme
Roberto Hernández Montoya

 
Martes, 10 de abril de 2001

Información sobre la encefalopatía espongiforme o “enfermedad de las vacas locas”

Lo que caracteriza el debate público en Venezuela no es la pasión, sino la imbecilidad. La pasión produce estrépitos como “esta gran humanidad ha dicho ¡basta! y ha echado a andar” o “la defensa de la patria exige audacia, más audacia y siempre audacia”. ¿Has oído alguna frase así? Seguramente lo que has oído es frases esponjosas como “que coman tortas”. La pronunció María Antonieta, la guillotinada, cuando el pueblo reclamaba pan.

Hay gente que inunda varias veces al día mi correo electrónico con las fantasías más exasperadas. Porque, me perdonan, aunque el gobierno ha hecho esfuerzos encomiables para decir estupideces, la oposición le gana de calle. Deshonor a quien deshonor merece. Por un “¿con qué se come eso?” hay mil Montesinos haciéndose cirugías plásticas y tres mil “el Decreto 1011 fue dictado por La Habana”.

Hay medios que no tienen otro tema. Lo más cómico (a veces da risa) es que las acusaciones de guerrillero no vienen del gobierno colombiano, sino de un pobre periodista a quien mandan a hacer el ridículo planteando ese disparate al canciller de allá. Y el canciller lo desmiente. El rival del gobierno no es Colombia, sino un periodista espongiforme. La embajadora de los Estados Unidos luce chavista al lado de las instigaciones a usar el Gran Garrote que le hace una entrevistadora espongiforme y desesperadita. Como si los gringos fueran a tumbar a nadie para favorecer a los espongiformes locales y no para sus propios intereses. Se necesita ser bien espongiforme.

Entre los grandes momentos de la Radio Rochela estuvo un personaje llamado Juan Nadie. Vivía en el pasillo de un edificio de clase media; hablaba con todos, pero nadie lo percibía. Los que viven bien se acostumbraron a ignorar a ese gentío. Las rejas más infranqueables que separan las clases no son de metales sino mentales. Es un genocidio light que consiste en considerar solo unas facturas chimbas y no la nube de escuelas reparadas y de vidas salvadas o enderezadas por el Plan Bolívar. Esponja mental complementaria sería decir que no importa que roben con tal de que hagan, pero proponer desde una casa cómoda abolir ese plan porque hay irregularidades revela una encefalopatía altamente espongiforme y peligrosa, porque de ahí salen los 27 de Febrero.

Otras vacas, espongiformes y suicidas, ventilan en la prensa las ventajas del magnicidio. Con aquella cachaza. Son las mismas vacas locas que te dicen sin parpadear que aquí no hay libertad de prensa. ¿No te digo que son espongiformes? El Bogotazo, luego del asesinato de Gaitán, luciría como una gresca de taberna comparado con lo que pasaría aquí si algún espongiforme mata a Chávez.

¿Es acaso el proceso ese que comenzó el gobierno de Leoni de ablandar a las elites de izquierda con dádivas menores y luego con repúblicas del este? Fueron parte de las elites que provocaron esto y ahora chillan espongiformes sinrazones.

El Conac ha propuesto una Ley Orgánica de la Cultura para considerarla entre todos. Ojalá nos empinemos como nos empinamos para producir una excelente Ley Orgánica de Telecomunicaciones. Ojalá esta encefalopatía espongiforme de vaca loca se revierta en este caso y quede interrumpida para siempre.

Ver Baldomero Vásquez Soto, Élite envaguecida
roberto@analitica.com
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