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Opinión y análisis

La Política: Un fenómeno complejo
Francisco J. Alfaro

 
Viernes, 27 de diciembre de 2002

La Política como fenómeno es a su vez arte y ciencia. Es conocida como "el arte de lo posible" y por ser quizá el arte más complejo en la naturaleza humana, es en manos adecuadas, dice Jorge Rivero "que dignifica al hombre que la ejerce y al que la recibe, pero en manos mediocres acarrea la ruina moral de quienes a ella se consagran y a los que la padecen, floreciendo así fenómenos irracionales e inauditos". Como ciencia, la Política es la encargada del estudio de las relaciones de poder, entendiendo poder como la capacidad de un actor A de imponer su voluntad sobre un actor B.

Tomando en cuenta estos argumentos, se pudiera afirmar que es quizá en las formas de gobierno democráticas donde la Política, como ciencia y como arte, tiene manifestaciones más complejas. Esto viene dado porque en las democracias la dinámica se caracteriza por el juego de poderes y la negociación de intereses entre factores plurales de la sociedad, en los cuales descansan cuotas de poder que se distribuyen en instituciones legal y/o legítimamente establecidas. Además la democracia (concebida hoy incluso como una forma de vida) prevee una serie de valores fundamentales como lo son el respeto a la libertad individual, la tolerancia y el reconocimiento de las minorías. Todos ellos aspectos que no son muy frecuentes en la naturaleza del hombre y por ello quizá no están presentes en la mayoría de las formas de gobierno conocidas hasta hoy. De manera que imponer la voluntad de un factor sobre otro en un sistema democrático requiere de una dirigencia con capacidad de diálogo, negociación, experticia, persuasión y prudencia.

No comprender la complejidad del fenómeno político acarrea consecuencias que pueden ir desde la ingobernabilidad política, pasando por la ingobernabilidad militar, la incapacidad en el mantenimiento del orden, el incumplimiento de las leyes, la fractura y el enfrentamiento social, la perversión de las instituciones y la violación de Derechos Humanos.

Este es el caso de Venezuela, donde los síntomas de ésta situación los observamos desde hace ya varios meses en el comportamiento de los dirigentes de los sectores protagonistas de la radicalización política actual.

En un extremo tenemos a los representantes del chavismo y en especial al Presidente de la República, su máximo dirigente, quien por torpeza o ignorancia a la hora de acercarse al fenómeno político está pagando las consecuencias de no comprender la complejidad que este último plantea, siendo quizá la figura con mayor responsabilidad en la actual crisis que hoy enfrentamos. Dicha torpeza e ignorancia se puso de manifiesto al no entender que la negociación y la conciliación son dos aspectos fundamentales en un sistema democrático; al no comprender que al ser electo para ocupar la Primera Magistratura del país era necesario abandonar (aunque sea temporalmente) la dirigencia partidista y dedicarse a la labor de gobierno. Torpeza o ignorancia que se puso de manifiesto al momento en que el Presidente Chávez no comprendió que el uso excesivo de la palabra se convierte a corto plazo en un arma en contra de uno mismo cuando no se le da el peso necesario; también al enemistarse con sectores políticos, económicos, sindicales y mediáticos de manera innecesaria y al tratar de pervertir y desprofesionalizar el componente militar con la inserción de valores y funciones ajenos al ideario clausewitziano que ha caracterizado tradicionalmente a la institución militar desde su creación hace casi cien años.

La lista de errores se extiende aún más al momento que examinamos las imprudencias en el lenguaje y contenido de las alocuciones del Primer Mandatario, donde en reiteradas ocasiones, por ejemplo, ha sembrado un discurso divisionista y clasista ajenos a nuestra cultura. No entender la complejidad del fenómeno político ha llevado al Presidente a rodearse de un equipo de gobierno y de asesores al parecer muy poco capaces, y de no ser así no ha comprendido que una de las máximas virtudes de un verdadero líder es escuchar las críticas y consejos de quienes le dicen la verdad. También esa torpeza o ignorancia se demuestra al no saber ubicarse en las nuevas tendencias del contexto internacional y a nivel nacional no entender que, como primera autoridad del Estado, es el primer interesado y llamado a imponer el orden y hacer cumplir la ley. Esto último es quizá lo más grave, ya que al imperar el des-orden y la violación permanente de los derechos fundamentales se pone en peligro el principal fin de un Estado: mantenerse.

En el otro extremo tenemos a los dirigentes de la llamada "Oposición", la cual se ha conformado como un gigante multiforme de muchas cabezas donde convergen diversos sectores (incluso antagónicos tradicionalmente) cuyo único punto de acuerdo es "la salida de Chávez de la Primera Magistratura". Esta situación deja ver claramente que de ese lado tampoco hay una compresión de la complejidad del fenómeno político en su conjunto y del como debe manejarse en un sistema democrático. Bien sea también por torpeza o ignorancia, las manifestaciones de ello se observan al no haber un programa político o siquiera un candidato de consenso para un posible escenario post - Chávez; al convocarse y mantener un paro que por sus características amenaza con arroparnos a todos con peligrosas consecuencias; al violar una serie de leyes, asumiendo una actitud que al mismo tiempo critican de parte de los dirigentes chavistas. Igualmente, la manifestación de torpeza o ignorancia de la Oposición queda desnuda al momento en que muchos de sus dirigentes fomentan el odio, la división social y la intervención armada del componente militar en la solución de la crisis del sistema político venezolano. Esto también se observa cuando la mayoría de los medios de comunicación se dejan pervertir y utilizar como canales de expresión de una parcialidad política y finalmente cuando (al igual que el Presidente y sus seguidores) no reconocen al otro como adversario político sino como un enemigo.

Este conjunto de signos que observamos habitualmente en la mayoría los dirigentes del oficialismo y la oposición, demuestran que no están (ni han estado) a la altura de la solución de la crisis que enfrentamos hoy los venezolanos. Su radicalización no es compatible con las actitudes que verdaderos líderes deben asumir en un sistema democrático.

La explicación de este hecho es atribuible a no comprender que la política es un fenómeno complejo que necesita ser entendido como un arte y una ciencia que debe ser estudiada, aprehendida y dominada por los principales dirigentes del ámbito político, económico y/o social ya que en ellos descansa "el poder", esencia fundamental del fenómeno político.

La Mesa de Negociación y Acuerdos de la OEA es la oportunidad de oro y el espacio idóneo y necesario, aunque a veces solitario, para que la verdadera política ocupe su lugar y cumpla con la función democrática de incluir y conciliar a todos los sectores que hoy se encuentran en conflicto.

Queda entonces de parte de los líderes emergentes asumir una nueva actitud hacia el fenómeno político, para que con sapiencia, prudencia y tolerancia no cometan los mismos errores de incapaces dirigentes que tanto daño le han causado al país y, por el contrario, ofrezcan a Venezuela verdaderas soluciones que se traduzcan en la socialización de una verdadera cultura democrática en la población.

¡Porque la Democracia es Tolerancia o no es!

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