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Sección: Política
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Mi visión de la patria
Alfredo C. Ángel
Domingo, 10 de agosto de 2003
La crisis curativa que vivía el país dio sus inevitables frutos. Pero fue necesario pasar por aquel trago amargo y doloroso, fue indispensable que saliera primero toda la infección, el mal olor, la inflamación, perder la costra de la necrosis social que estábamos viviendo y que luego dio paso a un tejido enriquecido y más fuerte. Comprendimos que el futuro de la patria estaba inevitablemente atado al presente, porque el futuro era el lugar donde íbamos a pasar el resto de nuestra vida. Y como el presente ya estaba en el ahora, decidimos empezar a construir el futuro. Los ciudadanos perdieron definitivamente su tradicional comodidad. Las viejas marchas y cacerolazos de malestar se convirtieron en organización y participación para construir.
La comunidad reunida en espacios abiertos clarificaba y ensamblaba regularmente el presupuesto de sus municipios junto con sus servidores electos. Los Equipos Comunitarios de Responsabilidad (ECR), se convirtieron en reales mecanismos de ejecución de proyectos y control de gestión de los Consejos Locales de Planificación Pública. En el tiempo, comenzamos a disfrutar del buen vivir que siempre anhelamos, como resultado de la expansión fabulosa que sufrieron nuestras empresas básicas: la primaria y la secundaria de todo el país. El programa nacional de emprendimiento y liderazgo para jóvenes de primaria, secundaria y universitaria se mantuvo ininterrumpido por más de 20 años. Nuestros profesionales pasaron de ser simples buscadores de un buen empleo, a creadores de empleo, generadores de divisas y fundadores de empresas exitosas. Pasamos de tener 10 Pymes a 100 Pymes por cada 1000 habitantes. Se crearon más de 500 mil nuevas empresas y 3 millones de nuevos empleos muy bien remunerados. La pobreza generalizada dejo de ser el plato favorito de demagogos y caudillos, de viejos zorros y tecnócratas recién llegados. El modelaje de exigencia colectiva de desempeño superior practicado durante años en hogares, colegios, empresas y sociedad, levantó una generación de venezolanos con alto liderazgo personal y una clara visión compartida de país. Quedó muy atrás el viejo anhelo de un mesías solucionador de todo. La joven multitud intelectual, tecnológica, profesional, ética, muy creativa y centrada en valores de trabajo para todos, responsabilidad individual por lo público, innovación, perseverancia, inversión, riqueza colectiva, pluralismo y democracia funcional que había tomado las riendas de la conducción de la patria, producía resultados tangibles, repetibles y duraderos en todas las áreas del saber. Como resultado de los altísimos niveles colectivos de ahorro, crecimiento del capital social y cancelación oportuna y continua de los impuestos, los viejos de toda Venezuela disfrutaban desde hacia tiempo atrás la pensión de vejez y del seguro social que su esfuerzo del pasado mereció siempre. Todo esto fue posible porque la locomotora de la economía, finalmente, funcionó para el colectivo: 20% de las acciones de Petróleos de Venezuela valorada en 300 millardos de dólares, estaban en manos de venezolanos de todos los niveles. Nunca más supimos de los excluidos de siempre.
email:acaconsultores@telcel.net.ve
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