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Sección: Política
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La justicia “revolucionaria” y la dependencia del castrismoElizabeth BurgosDomingo, 19 de abril de 2009
La condena a treinta años de prisión que se dictó a los comisarios Simonovis, Vivas y Forero y a seis humildes policías, y, en particular, el apresamiento del general Baduel, quien seguramente será objeto del mismo tipo de sentencia, prefigura el modelo de “justicia” que se impartirá de ahora en adelante en Venezuela, y nadie debería sentirse inmune de ella, ni aún los más incondicionales del régimen. El apresamiento del general Baduel me recuerda el caso del cubano Mario Chanes de Armas, quien estuvo unido a Fidel Castro desde los comienzos participando en el famoso ataque al cuartel Moncada, luego integró el grupo de exiliados cubanos de México que desembarcó en el yate Granma: los dos mitos fundacionales del castrismo. Tras el triunfo de Fidel Castro, al percatarse del sesgo anti-democrático que tomaba la revolución, desechó el cargo al cual fue designado como jefe de los motorizados de la reciente policía creada por el nuevo régimen asesorada por personal soviético. Al tomar distancia con el nuevo poder se volvió sospechoso y fue detenido en 1961 bajo la acusación de conspirar para asesinar a Fidel Castro, hecho que siempre negó, alegando de que se trataba de una acusación fraguada por la “justicia revolucionaria” para neutralizarlo como opositor potencial. Condenado a treinta años de cárcel sin prueba alguna, permaneció preso de 1961 a 1991, siendo el prisionero que ha cumplido con la más larga pena de prisión del siglo XX: más que Nelson Mandela, considerado como el preso político que cumplió la más larga condena pues pasó 24 años de cautiverio. (Pero a los cubanos disidentes no se les considera parte de la historia; pero ese es otro tema.) El caso del Rafael del Pino, compañero de andanzas de Fidel Castro desde los años tempranos del Bogotazo, al que asistieron juntos, que terminó “suicidándose” en la cárcel castrista. También están altos miembros del antiguo Partido Comunista cubano, Partido socialista Popular (PSP), después de haberle montado el aparato de Estado, y haberle servido de aval ante los soviéticos, fueron enviados a prisión, o al exilio como fue el caso de los dirigentes comunistas, Aníbal Escalante y Joaquín Ordoqui: por cierto, los soviéticos no movieron ni un dedo en su defensa. Hoy, tal vez el general Baduel se arrepienta de haber obedecido a las ordenes que le dictó Fidel Castro por teléfono, según el testimonio del propio “Líder Máximo” cuyos extractos vale la pena reproducir pues se suele recurrir a Hitler o a Stalin como modelos para ilustrar las directivas del teniente-coronel Hugo Chávez, mientras que el análisis de la técnica del golpe de estado permanente contra la democracia aplicado por el castrismo desde hace medio siglo en América Latina a través de sus seguidores, no se le toma en cuenta ni se le otorga su verdadera dimensión, mientras que es la fuente verdadera que inspira el modelo de régimen que se está montando en Venezuela, mediante la colaboración de expertos cubanos que poseen una amplia experiencia en la materia. Y un hecho de mayor importancia, la dependencia psicológica en la que han caído todo unos señores adultos y profesionales, con respecto a Fidel Castro. Una demostración límpida de esa situación la ilustra el propio testimonio de Fidel Castro a propósito de su actuación en los acontecimientos del 11 de abril 2002 y cómo le impartió ordenes al general Baduel para reponer a Chávez en el poder, demuestra ese grado de dependencia y de docilidad con Fidel Castro en el que ha caído toda una elite, peor aún, una elite militar, que se suponía podría tener un grado de madurez mayor que la de un adolescente. Fidel Castro en su biografía a dos voces, narra que el 13 de abril lo llama María Gabriela, la hija de Chávez y le dice que “el general Lucas Rincón, quiere hablar conmigo (con Fidel Castro) y quiere dar una declaración pública”. (…) “Hablo con Lucas Rincón”, prosigue Castro, y “afirma que la Brigada de Paracaidistas, la División Blindada y la base de cazabombarderos F-16 están contra el golpe y listas para actuar. Minutos después, llama de nuevo María Gabriela: me dice que el general Baduel, jefe de la Brigada de Paracaidistas, necesita comunicarse conmigo, y que las fuerzas leales de Maracay desean hacer una declaración al pueblo de Venezuela y a la opinión internacional. Un insaciable deseo de noticias me lleva a preguntarle a Baduel tres o cuatro detalles sobre la situación, antes de proseguir el diálogo. Satisface mi curiosidad de forma correcta; destilaba combatividad en cada frase. De inmediato le expreso: "Todo está listo para su declaración". Me dice: "Espérese un minuto, le paso al general de división Julio García Montoya, secretario permanente del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa. Ha llegado para ofrecer apoyo a nuestra posición". Este oficial, de más antigüedad que los jóvenes jefes militares de Maracay, no tenía en ese momento mando de tropas. Baduel, cuya brigada de paracaidistas era uno de los ejes fundamentales de la poderosa fuerza de tanques, infantería blindada y cazabombarderos ubicada en Maracay, estado de Aragua, respetuoso de la jerarquía militar, puso al teléfono al general Montoya. Las palabras de este oficial de alta graduación fueron realmente inteligentes, persuasivas y adecuadas a la situación. Expresó en esencia que las Fuerzas Armadas venezolanas eran fieles a la Constitución. Con eso lo dijo todo. (…) A las 4:15 de la tarde llamé a nuestro Embajador en Venezuela, Germán Sánchez. Indagué con él si creía que Vázquez Velasco respondería o no. Me dijo que tal vez si.” (…) “El general Vázquez Velasco respondió la llamada. Afirmó que él tenía en su poder a Chávez y garantizaba su vida, pero que no podía acceder a lo que se le solicitaba. Nuestro Embajador insistió, argumentó, trató de persuadirlo. El General, molesto, interrumpió la comunicación. Colgó el teléfono.” (…) “Le pido que me comunique otra vez con Baduel. A las 4:49 se establece el contacto. Le cuento en detalle el intercambio Germán Vázquez Velasco. Expreso mi opinión sobre la importancia de que Vázquez Velasco reconozca que tiene en su poder a Chávez. Eran circunstancias propicias para presionarlo al máximo.” (…) “Cuando hablé con Baduel, a las 5:00 de la tarde, el Jefe de la Brigada seleccionaba los hombres y preparaba los helicópteros que rescatarían al Presidente Chávez. Imaginaba cuán difícil sería para Baduel y los paracaidistas obtener los datos precisos y exactos para tan delicada misión.” (…) “Incluso llamé por teléfono a Diosdado Cabello apenas tomó posesión de la Presidencia. Al interrumpirse la comunicación por causas técnicas, le transmití un mensaje a través de Héctor Navarro, Ministro de Educación Superior, sugiriéndole que en su condición de Presidente Constitucional le ordenara a Vázquez Velasco liberar a Chávez, advirtiéndole de la grave responsabilidad en que incurriría si desacataba esa orden.” Tal vez me he extendido en la cita, pero creo que vale la pena dar a conocer en su justa dimensión, el nivel del equipo que gobierna en la actualidad a Venezuela. Lo grave no es que el comportamiento de Hugo Chávez se le pueda asimilar a Hitler o a Stalin, lo grave es esa docilidad imitativa e irresponsable propia de mentes infantiles que puede llevar a la desaparición del país en tanto que entidad nacional. De continuar así, no sería imposible que algún día se repartan el territorio nacional entre el Brasil y Colombia. |
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