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Opinión y análisis

La conspiración
Guido Grooscors

 
Miércoles, 13 de diciembre de 2000

El presidente de la República ha denunciado en conferencia de prensa una vasta conspiración contra la “revolución bolivariana” y ha ofrecido suministrar la más amplia y precisa información al respecto. Hasta ahora lo que se conoce, por haberlo confirmado el jefe del Estado, es que los principales complotados son fundamentalmente diarios y revistas de diverso origen geográfico (Miami, Washington, Nueva York, Madrid, Bogotá, entre otros). Adicionalmente, el titular del Ejecutivo Nacional dijo contar con “información muy seria” de que se estaría planificando su asesinato.

Al parecer, de acuerdo con lo que se desprende de las intervenciones públicas del Presidente y de los comentarios que al respecto ha exteriorizado el canciller José Vicente Rangel, todo gira alrededor de notas editoriales y reportajes que han aparecido en medios prestigiosos de circulación comprobada, como son The Miami Herald, The Washington Post, The New York Times, El País y El Tiempo, principalmente. Además, revistas como Cambio y Semana de Colombia fueron, asimismo, mencionadas entre las publicaciones que, en el campo internacional, contribuyen a desprestigiar al gobierno venezolano y se hacen eco de toda información falaz y mentirosa que esté destinada a sembrar desconfianza en el proceso “revolucionario, democrático y pacífico” que encabeza Hugo Chávez Frías.

Los medios venezolanos también aparecen como cómplices de la conspiración. Según el Canciller, mientras los medios colombianos respaldan a su Presidente frente a publicaciones del extranjero que lo cuestionan, en nuestro país, por el contrario, se adopta una postura diferente y no se le brinda al presidente de la República Bolivariana el apoyo que debiera otorgársele. Posiblemente, el titular de la Cancillería, no ha tomado en cuenta que uno de los blancos favoritos del discurso presidencial, en su acostumbrado estilo agresivo, está invariablemente dirigido a los medios de comunicación, en particular a quienes son sus propietarios y, en ocasiones, también a los periodistas propiamente dichos, los cuales no están exentos de recibir su ración de “plomo”. El informe anual de Provea, en circulación, hace referencia a esta cuestión y es elocuente al respecto: “el discurso del Presidente frente a los medios ha estado acompañado de un metadiscurso de la exclusión y la intolerancia, que ha devenido en agresiones físicas a periodistas por parte de sectores minoritarios de la población”.

La denunciada conspiración, “campaña salvaje y agresiva” (Presidente dixit) es, en realidad, una toma de posición editorial de importantes medios foráneos frente a un proceso político que su máximo dirigente se ha empeñado en presentar ante el mundo como una experiencia única destinada a eliminar el régimen de la democracia representativa que durante cuarenta años se mantuvo en Venezuela con apego a las normas y principios establecidos en la Constitución de 1961 que, por cierto, en la historia constitucional de la República, está aceptada y reconocida como la que ha disfrutado del lapso de mayor vigencia. Y como la representatividad democrática fuera de Venezuela “goza de buena salud”, no es extraño que medios de comunicación cuyo origen geográfico son países en donde ésta soporta una larga tradición política, se estén interrogando respecto a los verdaderos propósitos de un régimen que, pese a su postura de fachada en favor de una “democracia participativa, social y protagónica”, se precia de mantener y privilegiar las más estrechas relaciones con gobiernos en los cuales el ejercicio del poder descansa, de manera absoluta, en una sola persona.

No tiene, pues, por qué sorprender la reacción de los medios extranjeros. Desde aquí se les han proporcionado los insumos para sus editoriales y sus reportajes. Si el gobierno desea que no se siga hablando de la experiencia venezolana en términos que le desagradan, tendrá que cambiar de lenguaje y fijar unos objetivos políticos distintos, cercanos a las ejecutorias y trayectorias de los países que hoy día están gobernados genuinamente bajo el sistema democrático. ¿Será posible?

grooscors@asesorac.com

 

 

 
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