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Opinión y análisis

Historia actual
Y después del 10D: ¿Vamos hacia la guerra civil?
Agustín Blanco Muñoz

 
Miércoles, 19 de diciembre de 2001

La semana pasada llegamos tarde a la ‘hora de entrega’ y nuestra nota “Para una historia del 10D” sólo quedó registrada en Analítica (09-12-01). Entonces, dijimos: “Crece el clima de tensión. Para muchos vamos hacia la hora cero. La incertidumbre aumenta. La zozobra y bolas están muy por encima de los días de la lucha armada en el gobierno de Betancourt. De allí que la pregunta común alude al qué va a pasar aquí con la marcha y la contramarcha, escudos y contraescudos humanos y armados de cada día.” Estamos entonces en medio de un clima político definido por la inestabilidad que se relaciona directamente con la gobernabilidad. Pero hay que observar, una vez más, que se trata de un factor que, en el menor de los casos y el tiempo, ubica su expresión en el 27F-89 cuando, de manera clara y palmaria, el colectivo social pobres se lanza por la vía del reclamo directo y violento que da pie a la conformación de un verdadero y cada vez más profundo cuadro de inestabilidad.

Desde entonces, toda la labor del aparato político de este expaís se ha dirigido a la búsqueda del remedio a esta enfermedad. Es absolutamente indispensable lograr la fórmula que permita superar la inestabilidad y garantizar la permanencia del actual orden social. El gobierno de CAP cae víctima de este fenómeno y el mandato Caldera logra subsistir en medio del mismo factor. Y puede decirse que buena parte del llamado ‘país político’ lo ve como una especie de mal necesario que terminaría entregando el mando a una ‘nueva fuerza’-muro de contención para esa inestabilidad.

El cambio dio paso a una nueva y más profunda inestabilidad

En realidad, el arribo de la V República al mando se leyó como el inicio de un nuevo período, una nueva historia. Se llegó a pensar que el candidato presidencial aguerrido, desafiante, duro y pendenciero dejaría los guantes a un lado para adelantar el gobierno que reclamaban las mayorías. Pero, a tres años de su triunfo, se evidencia con claridad uno de los cuadros de inestabilidad e ingobernabilidad más profundos de la llamada historia republicana de este expaís. Y la situación es fácil de explicar. Esta inestabilidad es la resultante de toda una acumulación. Y lo que en 1998 se leyó como “la posibilidad histórica” para adelantar los cambios que Venezuela reclamaba, y que otros vieron como la aparición del muro de contención de la crisis y la inestabilidad, en el mismo corto plazo se revela como un fracaso más. El muro que intentó contener la angustia-desesperación se convirtió en nueva fuente de inestabilidad del colectivo-pobres y de los sectores medios de esta golpeada sociedad.

Gobierno de la riqueza con discurso al gusto de la pobreza

Y situados en este punto: ¿cuál es el programa, el plan de acción mediante el cual se alcanzaría la recuperación de este expaís y lograr de esta manera el freno de la inestabilidad? ¿Cuál es la forma de gobierno que se propone? Ya se conoce lo actuado a partir de la constituyente. Allí, se dice, que se refundó la democracia y Venezuela. Pero, al menos, en el inicio, lo que se tiene es el cambio de nombre de la República y de la forma de la mayor parte de las instituciones políticas. Por ello sigue en el aire la interrogante en relación al tipo de gobierno establecido. ¿Un gobierno con qué carácter clasista? ¿Un gobierno policlasista que dejó con vida los viejos e históricos pactos-acuerdos-arreglos? ¿Acaso un gobierno de y para el pueblo-pobres? ¿Un gobierno popular de corte radical-socialista?

¡Oligarcas temblad! ¡Vivan los conucos!

En un comienzo este gobierno no marca diferencias con los del pasado en cuanto a la cuestión clasista. Un gobierno de la riqueza con un discurso al gusto de la pobreza. Pero esto lo ha colocado en el camino de la baja de popularidad y por ello se procede ahora a un cambio de rumbo y se lanza la guerra contra la oligarquía. Con esto se quiere echar las bases para aumentar la productividad y mejorar las condiciones alimentarias de las mayorías de los venezolanos. Se le quitará las grandes extensiones de tierras improductivas a los latifundistas para convertirlas en conucos de permanentes cosechas. Los oligarcas tendrán que temblar mientras el pobre montará su inmensa celebración. Pero ¿se había atacado antes a la oligarquía? ¿Se le perjudica en algo? Hasta el presente, la relación gobierno-capital se había mantenido apacible, tranquila y productiva. Pero el plan de “socialización” y radicalización tiende a romperlo. De allí la aprobación del paquete de leyes habilitantes con un gran ‘sabor a pueblo’ y supuestas amenazas al capital.

Desde la perspectiva gubernamental todo está dirigido a lograr que la ‘oligarquía’ tiemble para que avance la construcción de un régimen ‘socialistero’. Desde el punto de vista del capital, hay la búsqueda de la tranquilidad y la paz que puedan producir los pactos que convienen para el aumento de sus beneficios. En efecto, la historia de este expaís tiene una larga y profunda data de acuerdos. En este momento, la primera vía conduciría a la hecatombe, la lucha permanente con su carga de zozobra y tensiones y sin un aparato orgánico-violento dispuesto para profundizar verdaderos cambios. El segundo camino está diseñado por el capital y para el capital. En este caso el propio capital impulsa y ‘estimula’ el trabajo para que opere, con mayor fuerza y decisión, en pro de los ‘legítimos’ propietarios de la riqueza.

¿Es esta una revolución bonita y popular

Pero ¿a dónde quiere llegar esta ‘revolución bonita’? ¿Aspira acabar con Fedecámaras, poner a Venezuela en manos de los obreros y ‘campesinos’ en el marco de una revolución popular? Al parecer aquí se transita por los viejos caminos de la ignorancia y el acomodo. Fedecámaras acusa al gobierno de plantearle un enfrentamiento sin precedentes. Pero no exhibe daños. El perjuicio es a futuro y estaría anunciado en el paquete habilitante. Entiende que el problema es de orden político porque se pretende poner en juego la propia esencia del poder. Esto para ellos es lo inadmisible.

¿Y dónde están las fuerzas orgánicas, dispuestas en lo teórico-doctrinario-político e ideológico para construir una historia a partir de una perspectiva distinta a la establecida desde octubre de 1492? Y si esto no está resuelto ¿cómo evitar la vieja vía del acuerdo-acomodo reformista que permita la convivencia de la riqueza y la pobreza? Esto es lo que preocupa a Fedecámaras: que se intente bloquear las vías del viejo pacto histórico entre riqueza y pobreza. A su vez, tenemos un gobierno irresponsable que habla de de los pobres, como los adecos en su momento, mientras hace todo tipo de concesión y entrega al capital.

Aquí no se ha producido ninguna ruptura

Precisemos que aquí no ha habido ningún tipo de ruptura, en términos de clase, que se ponga por encima de los pactos históricos. Las desaveniencias constituyen, por tanto, circunstancias superables con los conocidos mecanismos del sistema. Y es por esta razón que cuenta tanto entender el confuso planteamiento de este gobierno. La alta dirigencia señala su desafecto al ‘capitalismo salvaje’, al socialismo, al comunismo y termina declarando su cercanía al capitalismo ‘humanístico, revolucionario, bueno o bonito’. ¿Y cuál es su propuesta? Cuando el presidente afirma que en esta revolución ‘no hay marcha atrás’¿a qué se refiere? ¿Está aquí planteado un deslinde a nivel de las clases? ¿Comenzó el 10D el período de la ‘Unidad Popular Bolivariana’?

Cacerolazos y libertinaje

El 10D es el producto de un gran desafío gubernamental. Y Fedecámaras aceptó el reto. En un comienzo el paro se veía como irrealizable. El discurso presidencial expresaba: ¡A Venezuela no la para nadie! La convocatoria la hizo Fedecámaras. Sin embargo, la participación fue mucho más allá. Las calles de las principales capitales permanecieron desiertas. La gente siguió la orientación empresarial de quedarse en su casa. Y mientras esto ocurría, la presidencia hacía gala, una vez más, de la pasión, el grito y la manipulación. En la Carlota era la concentración para celebrar el Día de la Fuerza Aérea. Pero al tomar la palabra se escuchó el cacerolazo. El presidente perdió los estribos. Dijo que las cacerolas eran de los ricos y oligarcas de la zona y esto lo mezcló con las actividades fuera de la ley que atentan contra el sistema democrático. Por ello pidió a los representantes de los diferentes poderes públicos presentes en el acto, que se aprestaran a luchar por hacer respetar la ley, porque hay gente que quiere vivir en el bochinche o que confunden libertad con libertinaje. Gente que quiere retrotraer el país a etapas ya superadas. Sus palabras recordaban a Rómulo Betancourt, el maestro de CAP. Poco parecía faltar para que dijese que las calles son de la policía y no del pueblo o que debe disparar primero y averiguar después. El primer mandatario estaba completamente fuera de control.

El 10D-01 dejó un presidente disminuido

¿Y qué sigue ahora? El lunes 11-12-01 el gobierno amaneció disminuido, destrozado. Su existencia es una antes y después del 10D-01. Quedó al descubierto que estamos frente a un gobierno que no ejerce control pleno más allá de su escuálida estructura partidista oficial ¿Qué va a pasar aquí? ¿Cuáles son las posibles explicaciones? En primer lugar está el escenario de la rectificación según el cual el gobierno estaría obligado a echar marcha atrás y procurar el diálogo y la concordia que conduzca a la vez a los pactos-acuerdos que han caracterizado la Venezuela republicana. Frente a este escenario hay dos posiciones: la que corresponde a los radicales (Chávez) que quiere y solicita sangre y ka moderada (Miquilena, Armas, Alvarenga). Por el lado presidencial este escenario está negado con el propio discurso de La Carlota, Si se mantiene vivo es por actuación de los moderados. En un país de tanta tradición y apego al pacto-negociación, en un ambiente ganado por las contradicciones y la manipulación, no tiene nada de raro que se pueda llegar a un acuerdo, no porque se quiera, sino por la propia salvación de la patria. Este escenario está en marcha.

Hasta el Gobierno conspira contra sí mismo

El segundo cuadro alude al golpismo-conspiración. Si falla el arreglo, obtiene más espacio. Hoy resulta imposible negar la acción conspirativa. Hay quien dice que el propio gobierno conspira contra sí mismo. Los conspiradores son un equipo con diversidad de intereses que puede terminar imponiendo el poder de una parte importante de su conglomerado. Este escenario está y seguirá vigente pero no avanzará por aquello de que USA hoy defiende democracias como la venezolana.

En tercer lugar registramos el escenario del autogolpe. El gobierno al sentirse amenazado por la oposición, decide asumir poderes especiales que le permitan limitar las libertades públicas. La democracia se convierte en dictadura llamando a preservar el orden vigente. Esta posibilidad enfrenta al pacto, la conspiración y el golpe. Sobre las amenazas de golpe dice Lucas Rincón: ... “No saben las consecuencias que eso representa para el país. Y si eso sucede, esto se convertiría en una guerra civil, habría un poco de muertos y heridos.” (UN,13-12-01,p.20) ¿Vamos entonces hacia la guerra civil?

El cuarto escenario tiene que ver con la posibilidad de una insurrección popular. En este caso, es muy probable que la parte contraria se subleve y se abra un tiempo de combates y sangre. Este es el escenario que observa a los enfrentamientos en términos de guerra civil. La radicalización impone la preparación de cuadros para la guerra. El 17D se relanza el MBR-200 que contará con gente dispuesta y ya armada para darle un impulso radical a la revolución. Este escenario se opone al primero, pero puede adquirir vigencia. El nivel de contradicciones y enfrentamientos es materialmente inevitable. Esta es la Venezuela que marcha a paso de perdedores, que ojalá y se convierta algún día en triunfadores, porque el pueblo-pobres no aguanta ya tanta burla, tanta sangre y tanto pasado.

 

 

 
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