Home | Contáctenos | Suscripción | Publicidad | Archivo | Indice | CHAT
Buscar 
Editorial
Síntesis de Noticias
Política
Economía y petróleo
Internacionales
Comunidades
al día
Turismo y ambiente
Divertimento
Arte y Cultura
Mancheta
 
Deportes
 
 
 Especiales
BitBlioteca
Cyberanalítica
Columnistas
Venezuela en la prensa internacional
Iberoamérica
On-line
Educación
Entrevistas
Analítica Research
 
 
 Canales
Cocina con Scannone
Agencia de Viajes
Bolsa de trabajo
Estilísimo
Saludalia
Oniric
Horóscopo
 
 
 
 Servicios
Cartas al editor
Foros de discusión
Suscripción
Quiénes somos
Bitácora
CHAT
 
 Sugerencias





 

 

Política - Opinión y análisis
Disquisiciones en torno al régimen (*)

Luis Barragán

Domingo, 9 de diciembre de 2001

¿Qué le pasa al presidente Chávez?

Depende de la perspectiva. Digamos, por una parte, que ha carecido de la suficiente imaginación política para impulsar los cambios prometidos. Desea a todo trance reservarse los papeles estelares, como ideólogo, estratega y táctico de una revolución jamás definida, salvo las consignas de ocasión que -como todas- no ayudan mucho cuando los retos son históricos y -además- se requiere de una capacidad tal de entendimiento o consenso, propia de una sociedad inevitablemente compleja como es la venezolana. Incapaz, he generado una dinámica autoritaria que ojalá podamos frenar al utilizar los mecanismos democráticos -por cierto- mínimos con los que contamos. No es una simple anécdota que el presidente Chávez haya defenestrado, a veces de un modo grotesco, a muchos de los que le dieron su apoyo electoral en momentos críticos, añadidos los célebres comandantes de las intentonas golpistas de 1992. Siento que la prepotencia política asoma su otra cara, no otra que la desesperación, pues, al creerse el Estado mismo, no logra responder a los problemas padecidos y a los que genera el ejercicio del poder. La agresividad -en la otra perspectiva- no es muestra de coraje, sino de desesperación y ésta comienza a manifestarse a través del cinismo: negar, por ejemplo, que aludió a uno de sus ministros debido a una votación parlamentaria de veinte años atrás. Y no a un ministro más, sino a uno de los muy escasos operadores políticos reales con los que cuenta, como es el Dr. José Vicente Rangel. Obviamente, estas circunstancias imprimen sus huellas en lo que a la actuación internacional se refiere.

¿Es desconocimiento de la realidad política del mundo?

Y me temo que del país mismo. Otras son las expectativas de los venezolanos que no caben en un discurso maniqueo, como el que pretende imponer el presidente Chávez. Se ha dicho, estamos cerrando un ciclo histórico abierto en la década de los cuarenta y son muchas las aguas que han pasado por debajo de los `puentes. Hoy, la globalización es una tendencia dominante. Más aún, se habla de "globalización", como inserción de las localidades en un circuito espontáneamente mundial que fuerza a reconsiderar, redibujar al Estado Nacional. El hacer y el pensar políticos sufren una inmensa transformación que se apega cada vez más a la democracia como su espacio natural y mal podemos volver a las viejas etapas del voluntarismo iluminado, del populismo que -por buenas que sean las intenciones- no conducen a la libertad, a la prosperidad, a la equidad. La tardía lectura de Franz Fanon y John K. Galbraith, por ejemplo, lleva a gravísimos errores de apreciación, mezclados con un Ceresole. Tengo la convicción que al "chavismo" -algo que trasciende a su más visible líder- lo caracteriza el aprendizaje del poder en el poder mismo. Simplemente, lo sorprendió el triunfo electoral de 1998, negada toda oportunidad para madurar como proyecto político. Proyecto que pudo decantarse mediante el debate libre y abierto y no por la penalización de aquellos que faltan al culto de la personalidad. La experiencia de los afamados comandantes así lo ilustra. Y no extraña, por decirlo de alguna manera, la mirada condicionada: el mercado laboral cubano es uno de los más radilcamente flexibles del mundo, a pesar de la profusa retórica revolucionaria. Hay un anacronismo que no sorprende.

¿Está mal asesorado?

No es fácil el relevo ministerial, aunque constituya un reclamo generalizado. La evidente ineficacia provoca una pérdida de legitimidad preocupante y, por ello, es la gobernabilidad -esta vez- la que está en trance. Si se reactivara, por ejemplo, la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores (CARE), posiblemente fuese más coherente y convincente la actuación internacional del gobierno venezolano. Sin embargo, pondría a prueba la propia concepción que se tiene de ella, como también a aquellos que intentan implementarla. A manera de ilustración, los procesos de integración son una realidad y pueden observarse las incontables iniciativas, planteamientos y esfuerzos que cubren el planeta como una suerte de telaraña. No podemos abordar el asunto demandando como requisito previo la integración política en este lado del mundo cuando, por una parte, no hay un acoplamiento de las políticas económicas nacionales u otros de los pasos que llevaron a la Unión Europea, faltando a algunos de los compromisos con la Comunidad Andina de Naciones; y, por otra, no puede reclamarse la opinión de los pueblos potencialmente involucrados cuando en el propio ni siquiera fueron consultadas leyes como la de Tierras, fruto de las inusuales como amplísimas habilitaciones legislativas con las que ha contado el gobierno desde sus comienzos. Por añadidura, están planteados grandes retos de institucionalización en el ámbito internacional por obra de actores inéditos, como las ONG´s o las calificadoras de riesgos, amén de la necesaria complementación de temas que antes eran cómodamente tratados por separado (comercial, ambiental, tecnológico o judicial). Los negociadores son tan importantes como los planificadores y obviamente supone una originalidad de metas, esfuerzos y captación de voluntades de la que carece el gobierno. Por cierto, me atrae una categoría que empleó Ian Kershaw para retratar el régimen de Hitler, quien -vale la pena recordar- al fracasar ante los soviéticos, no tuvo otra ocurrencia que hacerse comandante del frente oriental, añadido a su condición de comandante supremo de la Wehrmacht. Jefe de Estado, del Gobierno y del Partido, Caudillo de la Nacional. Ante la colosal concentración de poder, por muy obstinado que fuese, resultaba imposible atender todos y cada uno de los asuntos y, siendo así, "trabajar en la dirección del Führer" - refiere el notable biógrafo- significaba interpretarlo, pues, evadía las soluciones concretas, tomar decisiones concretas, inclinándose más a lanzar y repetir sus ideas. Salvando las distancias, el presidente Chávez tiene una concepción del poder propia del siglo XIX, no respeta la diversidad de ámbitos y poderes, por lo que al pronunciarse en torno a los más disímiles temas, pretendiendo decidirlos, fuerza a la improvisación. ¿No dijo, en sus comienzos, que el SENIAT dependería directamente de él y a la postre los vicios se agravaron?. Vale decir, ausenrtes unas definidas líneas maestras, no queda otro camino que interpretarlo y la supuesta revolución, atenida a aquello de "trabajar en la dirección de Chávez", delata el riesgo y el temor constantes de la alta y mediana burocracia.

¿Cómo es Chávez, usted lo puede describir?

Por lo que conozco a través de los medios y para señalar un rasgo positivo, lo creo una persona de profunda sensibilidad social que, en el contacto con sus seguidores, ofrece un testimonio distinto a la frialdad y al distanciamiento de los viejos líderes que ni siquiera alcanzaron el poder. Una figura mediática sorprendente que ha tenido una inmensa oportunidad histórica. Sin embargo, no estaba preparado para asumir tan grande responsabilidad y, al no bastar las buenas intenciones, ha quedado atrapado en el poder, apelando a una visión épica del mundo y de las cosas que irremediablemente conduce a la otra visión, la que puede denominarse conspirativa de la historia. Es fruto del país que también sufrió importantes y positivas transformaciones a partir de 1958, pero -igualmente- lo es del país rentista que encontró en el discurso antipartdista y la anomia militante, la mejor explicación de sus fracasos. El presidente Chávez expresa y agudiza una larga tradición populista.

¿Qué es lo que busca el Presidente?

Busca no fracasar personalmente, aunque otros lo hagan. No ha dado con un modelo distinto de desarrollo y tampoco aliviar -al menos- problemas como el de la pobreza, la inseguridad personal u otros que desbordan la paciencia de los venezolanos. La única fórmula que tiene a la mano es la de mantenerse en el poder y, en forma directa o indirecta, lo ha dado a entender so pretexto de una revolución capaz de esgrimir las armas frente a disidentes u opositores.

También nos gustaría plantear escenarios para Venezuela: ¿És posible que Chávez deje el poder o que se lo hagan dejar?

Dificulto que, en circunstancias similares a la que vivió Carlos Andrés Pérez, esté dispuesto a renunciar o a admitir que los reducidos mecanismos institucionales se pongan en marcha. En incontables oportunidades ha mencionado que la guerra civil es la otra opción. Por lo demás, nos preocupa que haya sectores que aupen una salida violenta. Hay una dinámica autoritaria puesta en marcha e -irónicamente- puede prescindir del presidente Chávez. Y ojalá que él lo comprendiera a cabalidad.

¿Qué pasa si él ya no está en la presidencia?

Dos escenarios extremos y lógicos: por una parte, si sale del poder por la vía pacífica y democrática, como lo aspiramos, daríamos un inmenso paso de reafirmación del régimen de libertades como camino hacia una sociedad de derechos humanos y de calidad de vida. E, incluso, él tendría la oportunidad de madurar y de reinvindicarse en el ejercicio de una oposición responsable y leal con ese régimen. Por otra, si es violentamente expulsado del poder, nos arriesgamos a una dictadura semejante a las que conocimos en el Cono Sur. Al presidente Chávez se le ha hecho tarde para victimizarse y tendría que asumir su responsabilidad ante la tremenda involución. No obstante, hay un escenario alarmante, como es el de la administración de la situación actual, soportado el deterioro (que no tiene límites, como dijo el Alejandro Mayta de Vargas Llosa para sobrevivir formalmente a los lapsos constitucionales sin que el gobierno y los partidos de la oposición rectifiquen con absoluta sinceridad. Un prolongado conflicto de baja intensidad, sustentado o auxiliado por una renta petrolera más o menos estable, puede afianzar la apatía ciudadana, neutralizar las luchas cívicas. En esta hipótesis, el gobierno no convendría en la moderación como un acto de audacia, sino de supervivencia, dispuesto a hacer concesiones soterradas, e importantes sectores de la oposición aspirarían a suplantarlo sin corregir los antigüos vicios porque -simplemente- no sería necesario. El presidente Chávez ha cedido a huelgas muy firmes en la industria petrolera y existen partidos que nominalmente lo condenan utilizándolo como pretexto (!la crisis nacional!) para no celebrar sus comicios internos.

¿Es posible que se eternice en el poder?

Lo que no parece eterna es la tendencia a la indiferencia y apatía, anomia y desencanto, respecto a las vicisitudes, problemas y asuntos comunes, pues, al fin y al cabo explican nuestra suerte personal. Hay una básica cultura política democrática que rechaza el supuesto. Y la única fórmula para "eternizarse" en el poder, es la de sincerarse como un régimen totalitario. El modelo cubano es una tentación.

¿Cuáles escenarios ve para Venezuela a futuro con Chávez?

Al proyectar la situación actual, no tendríamos una multiplicidad de escenarios, excepto los matices que el pragmatismo aconseje. Un régimen crecientemente autoritario, supeditado al mercado petrolero internacional, bajo un Estado macroasistencialista desbordado por las demandas sociales e - intentando superar su absurdo proteccionismo- con un empresariado rentista que impulsa como modelo la dictadura china con sus zonas especiales.

Otra cosa. ¿En qué va la revolución bolivariana?

Si tomamos por baremo el calificativo, muy bien. La invocación es al Bolívar dibujado por un gobernante de la segunda mitad del siglo XIX (Antonio Guzmán) y recreado por otro de la primera mitad del siglo XX (Eleazar López). Hoy, descontextualizado, intentan llenar el vacío ideológico y hasta programático con Bolívar, aunque son evidentes las contradicciones. Hubo quien recordó -antes que se eligiera la Asamblea Nacional Constituyente en 1999- que El Libertador no concibió los ascensos militares sin la correspondiente autorización parlamentaria. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela si lo concibe.

-----------

(*) Respuestas a las preguntas formuladas por la periodista Angélica Lagos (“El Espectador” de Bogotá: 11/01)
Recomendar esta página a un amigo
Preparar esta página para imprimir

 



Copyright © 2000 por Venezuela Analitica Editores. Reservados todos los derechos.
Venezuela Analítica no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.