El autogolpe está en marcha, y a no ser que la oposición dé un giro de ciento ochenta grados y en lugar de menospreciar la siniestra operación “Megafraude” le propine un feroz tate quieto institucional y mediático al hitlercillo de Miraflores y a sus inescrupulosos secuaces – a la cabeza de los cuales el descerebrado chochito Rangel, Nelson Rivera dixit – el palo a la lámpara ya está cantado. Mi amigo Rafael Poleo verá esfumarse sus puentes de plata. Chávez, más pillo, más inescrupuloso, más ambicioso y más golpista que todos sus secuaces puenteables, se encargará de dinamitarlos antes que se hayan adelantado sus cimientos. Estamos a punto de ver repetida aquella funesta jornada de un lejano diciembre, cuando según José Rafael Pocaterra, Gómez “levantara la compuerta del albañal por donde corren hacia el futuro tantos años de vergüenza, de dolor y de decadencia...”. Grábenlo.
Jamás tuvo Venezuela caudillo más bravucón, inescrupuloso y siniestro que el Chávez de este fin de semana. Y un lameculos más obsecuente, caradura y desfachatado que José Vicente Rangel. El literal ultraje, con sexo y rito satánico incluidos, contra la imagen más sagrada, venerada y respetada de la feligresía venezolana protagonizada por orden suya, con el concurso de Iris Varela e Ismael García en la Plaza Francia, demuestran hasta dónde están dispuestos a llegar: al golpe de Estado y la guerra civil, todo lo imaginable con tal de poder continuar adheridos como sanguijuelas a la jugosa teta del Estado, que los ha enriquecido hasta límites escandalosos.
Mientras el tropero desata sus demonios contra la jornada más ejemplarmente democrática de nuestra historia republicana, haciendo uso de las ruines maniobras y delincuencias del mafioso Blanco La Cruz y sus pandilleros del MVR, el Doctor Carrasquero y los restantes miembros del CNE guardan un discreto y muy elegante silencio. Puede el impostor apropiarse de todos los canales venezolanos sin pedirle permiso a nadie para convertirlos en corneta amplificadora de su propio albañal. Pretende ofender a tres millones y medios de venezolanos que creyeron en la democracia y arrostraron todos los peligros para demostrar su repudio visceral contra un régimen que detestan. Para que a ninguno de los rectores del CNE se le ocurra siquiera imponer la autoridad que objetiva y subjetivamente detentan, para obligarle en justicia a enrollarse la lengua y guardársela en el bolsillo.
Ni el CNE, ni el TSJ ni la FAN, ni mucho menos la OEA, el PNUD, el Centro Carter y el Grupo de Amigos han dicho hasta ahora esta boca es mía. ¿Puede el bravucón aplastar los pocos restos de democracia que nos quedan, sin que aparentemente nadie se de por aludido? Que Carrasquero, Rodríguez & Cia. miren hacia el costado, pase. ¿Pero la Coordinadora y el G-5? Ha llegado la hora de ponerle un tapabocas ejemplar al charlatán de Sabaneta. Mientras ello ocurre que vaya sabiendo que tendrán que pasar por sobre nuestros cadáveres para birlarnos las firmas.