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Opinión y análisis

Regalo de Navidad
Soledad Morillo Belloso

 
Martes, 26 de diciembre de 2000

SOY JUAN BIMBA, y Mariantonia, y Simón, y Petra, y tantos otros. Soy el soberano. Es Navidad. Me he sentado largas horas a pensar qué brindarle a quien siempre repite que de niño fue pobre y que hoy de adulto - cosas que tiene la vida loca - lo tiene todo, con sólo levantar el dedo. ¿Qué ofrendarle a un hombre con un avión nuevecito y hasta un estadio de beisbol, que tiene interminables horas de radio y TV, y elecciones a placer, y una Constitución a su medida, y hasta tres; alguien que es dueño de un TSJ y una Asamblea Nacional y un fiscal y un contralor y un defensor y una FAN? ¿Qué puede desear quien tiene más relojes y trajes que días para usarlos? Pensé en un uniforme de general, de esos que tienen tres soles y muchas condecoraciones, pues sé que eso te gustaría mucho y podrías lucirlo en desfiles, en lugar de ese trajecito de utilería de aquella tarde lluviosa en la que hiciste el ridículo. Pero, lo siento, no puedo graduarte de General por Secretaría, tan sólo para satisfacer uno más de tus tantos caprichos.

Fuiste tú, solito, al fin y al cabo, quien destruyó su brillante futuro militar, si alguna vez como dices lo tuviste. Pero, insisto, quiero hacerte un regalo. Lástima que a pesar de ser el soberano, soy pobre y sólo me queda lo que nadie puede arrebatarme: ese lujo que llevo incrustado en la piel que es mi creatividad. Recurro a ella, que a falta de cobres, buenos sean sentimientos. Te regalo entonces mi despecho, mi desilusión; mi corazón partío y mi fe hecha trizas. Te regalo un bolerito viejo en mi memoria, de esos que llevan años en las rockolas, de aquellos que se canturrean por las esquinas, cuando a uno lo sofoca el mal de amores. Sí, te confieso, me duele el alma. Yo creí en ti, te ofrecí lo que me era más preciado, mi esperanza.

Ahora la siento tan inútil. Me condenaste al abandono. Me fallaste. No calmo mi dolor con alcohol, sino con estrofas, inventadas por otros, pero que saben a verdad. Escúchame, quiero decirte algo: "Y qué hiciste del amor que me juraste, y qué has hecho de los besos que te di, y qué excusa puedes darme si faltaste, y mataste la esperanza que hubo en mí. Y qué necio es el destino que me hiere, y qué absurda es la razón de mi pasión, y qué terco es este amor que no se muere, y prefiere perdonarte tu traición. Y pensar que en mi vida fuiste flama, y el caudal de mi gloria fuiste tú, y llegué a quererte con el alma, y hoy me mata de tristeza tu actitud.

Y a qué debo, dime entonces, tu abandono, y en qué ruta tu promesa se perdioooooooó, y si dices la verdad yo te perdono, y te llevo en mi recuerdo junto a Dios". Escúchame, quise decirte algo... Soy tu pueblo, tu verdadero y único soberano, nunca tu lacayo. Feliz Navidad.

E-mail:marsmorb857@cantv.net

 

 

 
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