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Política - Opinión y análisis
La descendiente Espiral de Venezuela

Traducción: Carlos Eduardo Ruiz

Domingo, 9 de diciembre de 2001

El presidente venezolano Hugo Chávez ha tenido éxito finalmente en forzar al gobierno americano a responderle. Por varios años el populista de ala izquierda ha tratado y fallado en obtener empuje de Washington, al hacerle la corte a los similares de Sadam Hussein y Fidel Castro y emitiendo televisadas denuncias anti-yanqui, sólamente para ser ignorado por las administraciones de Clinton y Bush.

Pero la televisada denuncia del Sr. Chávez de la campaña estadounidense en Afganistán como "combatiendo el terror con terror", hizo el truco. Después de convocar al embajador estadounidense a consultas formales, el Departamento de Estado recientemente le informó al gobierno de Chávez que sería excluído de un programa de preferencias comerciales para los países andinos. Esa fue una señal apropiada [para demostrar] que oponerse a la guerra estadounidense contra el terrorismo traerá consecuencias.

Pero la administración Bush también necesita prepararse para otra amenaza: no que el presidente venezolano vaya a tener éxito en obstruír la política americana, sino que él provocará una implosión política en su propio país, un suplidor mayor de petróleo a los Estados Unidos y uno de los pocos países latinoamericanos en preservar la democracia durante las pasadas cuatro décadas.

El Sr. Chávez tiene poco en común con otros recientes populistas latinoamericanos, como por ejemplo Carlos Menen de Argentina o Alberto Fujimori de Perú, quienes cortejaron el apoyo de las masas pero luego empujaron hasta conseguir reformas económicas de libre mercado y cooperaron estrechamente con los Estados Unidos.

El Sr. Chávez, es más bien un anacronismo, un izquierdista que crecientemente se parece a fallidos líderes de la era de la Guerra Fría como por ejemplo Juan Perón de Argentina o Salvador Allende de Chile. Al igual que ellos, él ha proclamado una revolución pero hecho poco para ayudar a una economía que fallece, excepto subsidiar el consumo con un cada vez más mayor gasto gubernamental; al igual que ellos, él ha alienado profundamente a la comunidad empresarial, a la Iglesia Católica y a las educadas clases medias; inclusive, mientras su apoyo entre los pobres que lo propulsaron al poder, se encoje a paso constante.

En semanas recientes, el Sr. Chávez impuso unas 50 nuevas leyes por decreto, incluyendo medidas que incrementan drásticamente las regalías impuestas a las compañías petroleras extranjeras y ha amenazado a los grandes hacendados con confiscaciones de tierra. Ahora la oposición, enfrentada a cinco años más del desgobierno de Chávez y a un congreso y tribunales apiñados con sus seguidores, está hablando abiertamente de forzarlo a salir del cargo. Organizaciones laborales y empresariales se han combinado en una llamada para una huelga nacional el lunes.

Durante la Guerra Fría, los gobiernos estadounidenses algunas veces dieron apoyo moral y hasta material a golpes militares para salir de izquierdistas y populistas latinos. El lado positivo de los problemas de Venezuela es que la región y sus relaciones con Washington han cambiado ahora lo suficiente, para que las violaciones a la democracia sean tabú; a pesar de las muchas provocaciones del Sr. Chávez. Funcionarios de la administración Bush han correctamente condenado cualquier intento por removerlo a él [del poder] por la fuerza.

Pero si se espera salirle adelante al desastre, los Estados Unidos y otros gobiernos latinoamericanos necesitan presionar al Sr. Chávez para que deje de gobernar por decreto y busque un arreglo genuino con su oposición. Al mismo tiempo, los líderes de la oposición deben ser estimulados a trabajar a través de los canales legales e institucionales, como los gobiernos locales que ellos controlan. Los venezolanos y los Estados Unidos, necesitan encontrar una forma, de atravesar exitosamente el desórden hasta un Sr. Chávez puesto bajo control (muddle through with a reined-in Mr. Chavez). La alternativa, es la constante escalada de una crisis que podría causarle serios daños a los intereses de ambos países.

Editorial
The Washington Post
Sábado 8 de Diciembre de 2001, página A24
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