Por un partido democrático, popular y abierto Claudio Fermin
Jueves, 16 de diciembre de 2004
Acción Democrática celebrará elecciones internas el próximo año. Como es normal y conveniente en los procesos democráticos, se presentarán distintas fórmulas para conducir la organización. Unos optarán por reelegirse en las posiciones que han venido desempeñando y otros se postularán para sucederlos. Unos intentarán continuar en lo que vienen haciendo y otros se esforzarán para que el partido se conduzca de otra manera. No faltarán quienes, aún en ejercicio de posiciones directivas, se sumen a la aspiración colectiva de partidos renovados. Hago un llamado a todos quienes están convencidos de la urgencia de promover cambios para que desde ya se organicen en torno a proyectos de transformación que redunden en mejoras para la actuación que de Acción Democrática espera el país.
Queremos un partido democrático, que represente fielmente nuestro ideario, en el que todos los sectores de nuestro pueblo puedan participar sin restricción alguna y en el que todos los militantes puedan presentar sus ideas y proyectos en beneficio de las comunidades, sin que sus opiniones sean desestimadas por el hecho de disentir con algún directivo o por no pertenecer a pequeños grupos de poder que hoy constituyen una desviación antidemocrática. Todos deben tener la oportunidad de desempeñar tareas partidistas, de las cuales nadie podrá ser separado por tener actitudes críticas en relación a posiciones o actuaciones de compañeros directivos. El partido debe nutrirse de la diversidad y comprender que esa es su riqueza, no como lamentablemente hoy ocurre en algunas regiones e instancias, en las cuales ciertos niveles y tipos de disidencia se convierten en expediente para sanciones que van desde las amenazas y la separación de los cargos, hasta la expulsión. La disciplina como bozal, o como calculado ejercicio de hacerse de la vista gorda para no meterse en problemas, es una falsificación. Lo democrático es el debate y la tolerancia. Así se construyen los criterios colectivos y el espíritu de cuerpo que las organizaciones modernas exigen.
Queremos un partido en el que las decisiones se tomen con el concurso de todos. De abajo hacia arriba, dándole justa importancia a la interpretación que de los hechos hacen los ciudadanos que en los vecindarios, puestos de trabajo y en la estructura social en general viven tales situaciones o conocen directamente de ellas. Ya basta de imposiciones, de arbitrarias y caprichosas decisiones cuyo único sustento es que así piensa o lo quiso algún jefe de turno. Esas arbitrariedades no sólo son antipáticas e injustas, sino que generalmente conducen a equivocaciones que distancian al partido del sentimiento popular y lo alejan de la contribución que la sociedad espera de él.
Es la hora de acercar la dirigencia a la base, de fortalecer la legitimidad de nuestros voceros y mandatarios condicionando la postulación de esos representantes públicos a la voluntad de los ciudadanos. Los postulados como miembros de Juntas Parroquiales, como concejales y diputados, como alcaldes y gobernadores, lo serán como consecuencia de consultas directas a la militancia y no como privilegio de las posiciones directivas que ostenten o como cuota de la tendencia que representen. Uno de las lesiones más graves que los cogollos le han causado a los partidos ha sido el de distanciar a los dirigentes de sus bases porque el ascenso político no ha ocurrido como justa recompensa a los méritos en el trabajo reivindicativo y político sino en virtud de ser miembro de un “equipo” o seguidor de algún directivo poderoso.
Necesitamos una organización que luche por los intereses del común, por las aspiraciones de la mayoría, por la equidad y por la democracia. Reclamamos un partido que se nutra de la calle, que ponga el tímpano en el corazón de los desposeídos y los marginados. Necesitamos un partido que sea un agente de cambio y un promotor de la movilidad social. Necesitamos, en fin, un cambio en la conducción de Acción Democrática.