En su respuesta del domingo pasado, Massimo Desiato señala con razón que un país es moderno cuando asume, por ejemplo, los valores propios de la producción: el orden, la disciplina, la iniciativa, la responsabilidad, la planificación, la eficiencia, la optimización de recursos y todo aquello que a muy grandes rasgos podríamos denominar ética del trabajo. Yo le discutía su proposición de que los sectores populares se resisten a la modernidad. Pero, a favor de esta impecable definición, me pregunto: ¿están allí las elites de antes y de ahora? Me da miedo, pero como que están más lejos de la modernidad que los sectores populares.
Lo que llamamos modernidad es lo que J. M. Briceño Guerrero llama Europa Segunda. Briceño plantea (El laberinto de los tres Minotauros, Caracas: Monte Ávila) tres procesos paralelos en América:
- la Europa Primera, la de los privilegios aristocráticos y la religión;
- la Europa Segunda, la de la ciencia y el estado de derecho; y
- el Discurso Salvaje, que bulle oprimido por las dos Europas, resistiendo, saboteando.
En esa esquizofrenia vemos a demasiada gente promover el más volcánico neoliberalismo mientras usa sus conexiones virreinales para privilegiar sus intereses. La Europa Segunda cubriendo a la Europa Primera, que es la que predomina.
Pero, siendo esquizofrénicas, esas elites son las que, con frecuencia en un mismo ajetreo, construyen la Ciudad Universitaria y crean el campo de concentración de Guasina. La corrupción del Sierra Nevada y el Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho. Pueden lo excelente y lo pésimo. Excelente es el Diccionario de Venezolanismos producido por un equipo de primera en la Universidad Central de Venezuela
bajo la dirección de María Josefina Tejera, como ejemplo de las mil excelencias de la UCV. Pero esa misma universidad es la que nos prodiga ahora un debate menesteroso de ideas. Ahí no hay ideas ni malas siquiera. Unos cangaceiros patéticos tosen reclamos de reforma en un extraño dialecto que recuerda mal la lengua castellana mientras los otros, con el Rector a la cabeza, fracasan en su intento de refutarlos porque argumentan con no menos histeria de que esto y de que aquello.
Así pasa con el actual y deprimente debate público en Venezuela. Insisto: en este torneo de imbecilidades la oposición va ganando por varios cuerpos. Lo que no excusa los chascos gubernamentales, por supuesto. Recomiendo ver el laberinto que describe Ramón Piñango el 10 de mayo.
El desafío para las elites de uno y otro signo es empinarse sobre sí mismas y depurar sus propensiones. No es admisible que Primero Justicia (a quienes otros llaman el Club de Toby porque no se aceptan niñas) critique la ineptitud gubernamental mientras sus dos alcaldes son incapaces de prever la limpieza de los drenajes de su parte de la ciudad, para impedir la crónica de una inundación anunciada del lunes pasado.
¿No es hora, Desiato, de que los intelectuales retomemos la labor deliberante y contralora que ha orientado la vida nacional desde la Independencia y dejar este cenagoso y prolongado silencio solo para la necesaria respiración entre una intelección y otra?
Massimo Desiato, “Las tres ‘lógicas’ de Chávez”
Roberto Hernández Montoya, “Las aventuras de la lógica”
Massimo Desiato, “Modernidad, modernización”RHM en La BitBlioteca
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