Fueron Pitágoras y Platón los primeros filósofos quienes
plantearon la necesidad de un principio ordenador al interior de los
procesos y la praxis del ser social, que permitiera legitimar los
fundamentos de la verdad y la moral. Ambos conceptos deben contar con una
base de sustento, de lo contrario sus significados resultarán vacíos.
Precisamente, en medio de las dinámicas sociales y políticas que generan
transformaciones profundas en el alma de las naciones, aparecen
individualidades que a parte de vanagloriarse y creerse figuras de alto
quilate, practican el sometimiento y la veneración, y donde los intentos de
resistencias racionales son clausurados. Esas personalidades se crecen en la
apariencia y atacan fuerte a los obstáculos que no le alimentan su ego de
figura genial.
Es importante que ante esas ráfagas de viento seco, asumamos
los postulados de los filósofos mencionados, quienes infirieron la necesidad
de un principio ordenador y que a nosotros como seres pensantes nos
permitiría blindarnos contra esos seres perversos y a la vez nos
proporcionaría las herramientas para desmantelar esos egos que actúan con
“guantes de seda”. Si nos revestimos con ese forraje, estaremos avanzando
hacia la conciencia critica y evitando el desplazamiento y el desamparo. En
nosotros mismos estarían las armas para derrotar la petulancia.
Ante los que se jactan de usar guantes de seda de colores
nebulosos, pongámonos nosotros el traje de la verdad y la humildad,
combinado con el sentido de la trascendencia. Vestidos así, impulsemos y
provoquemos el estallido transformador de la revolución, para ir apartando a
esas estrellas fugaces que de repente aparecieron en el firmamento, y que
con sus resplandores manipulan los verdaderos colores del sistema.
Por encima de los odios disfrazados, tomemos la palabra para
expresar desde las trincheras de nuestra conciencia, que seguimos y
seguiremos navegando por este océano de oxigeno revolucionario. Cada vez que
nos encontremos de frente con los espíritus de la zancadilla, alertemos a
nuestros pensamientos, a esa conciencia critica para que construyan los
muros e impidan que “la figura petulante” ingrese a los torrentes de
donde está la bóveda.
Es necesario que levantemos el ánimo, y sigamos el ejemplo de
Cristo, que tomó la palabra para sembrar en la conciencia de los hombres y
mujeres de todas las generaciones los valores de la humildad, el amor y
respeto por los demás. También tomó la palabra para poner al descubierto las
andanzas de los fariseos, que manipulaban para preservar sus privilegios.
Avancemos nosotros hacia una conciencia critica para desenmascarar a los
fariseos que pululan por allí.
(*): Politólogo