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Sección: Política
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La enfermedad del chavismoFrancisco Kerdel VegasViernes, 13 de agosto de 2004
Al igual que las plantas, los animales, y en especial los seres humanos, las sociedades también se enferman. Un buen día, te comienzas a sentir mal, aparecen los síntomas y signos de la enfermedad y te enfermas. Hay epidemias, como la gripe española, como la cólera, que reaparecen después de muchos años, ya que crean una inmunidad colectiva que puede durar años y hasta décadas, una vez que han hecho sus estragos y han matado mucha gente. Metafóricamente, la guerrilla de los años 60 fue una enfermedad social, que un político sagaz como Betancourt, dejó deliberadamente que tomara cierto cuerpo, para que la sociedad creara sus anticuerpos y se inmunizara contra ella, y de esa manera protegió al país contra ese terrible flagelo. Cuando los guerrilleros se convirtieron en delincuentes, ladrones, secuestradores y hasta asesinos, el pueblo les retiró todo su apoyo y sólo entonces el gobierno se encargó de erradicarlos. Las llamadas “revoluciones” pertenecen, socialmente, a esta categoría de pandemias. Así pasó con la Revolución Francesa hace dos siglos y con la Comunista en el siglo XX. Ha tomado décadas recuperarse de la desvastación producida. El “chavismo” desde luego es una enfermedad local con aspiraciones, o mejor dicho delusión, de llegar a constituir una verdadera revolución y llegar a infectar la región y el mundo, tratando por sincronía de propósitos de unir fuerzas con esa otra enfermedad crónica grave, pero ya gastada, semi-decrépita, el “fidelismo”, y así poder infectar los cuerpos sociales de otros países de la región, valiéndose de las minorías que se sienten excluidas –con o sin razón, ya que ello es totalmente irrelevante para el fin último, de alcanzar el poder-, financiándolas con los petrodólares que todo lo lubrican y hacen posible. De allí que los países de la misma región y cultura ven en este fenómeno sui generis venezolano un inminente peligro y se devanan los sesos en como oponer un cordón sanitario inteligente a esa mancha de aceite, pegajosa y resbaladiza de la verborrea chavista, que siempre obtiene atención entre los resentidos sociales que existen en todos los medios. Sus síntomas son típicos, desorden mental, resentimiento, envidia, odio, violencia, instalación de la mentira sistemática, y abuso del poder. Sus signos más característicos son, ignorancia, pobreza, inseguridad, desempleo, envilecimiento colectivo. ¿Cómo fue posible que Venezuela fuese afectada tan seriamente por esta grave enfermedad que es el chavismo? Es bastante obvio que se trataba de un organismo debilitado por padecimientos crónicos previos como es la corrupción. Sobre este terreno ya minado, el ímpetu de la nueva ola de descomposición ha dejado postrado al país. Lentamente el cuerpo social invadido por este agente infeccioso del populismo y la demagogia sin límites, se ha ido recuperando y la enfermedad ha hecho clímax con el referendo revocatorio de este próximo domingo 15 de agosto, y es el punto de inflexión en el cual o se recupera el enfermo o se convierte en lisiado por largos años, igual que ocurrió al sufrido pueblo cubano, esclavizado por un cruel tirano y excluido de toda posibilidad de progreso y superación por varias generaciones. Este domingo sabremos con certeza si la práctica de la democracia durante más de cuatro décadas caló verdaderamente en nuestro cuerpo social y si es capaz de descubrir la amenaza de ese virus mutante, que continuamente nos ofrece nuevos y complicados escenarios de combate, o bien el virus, con su disfraz de mansa oveja es capaz de engañarnos una vez más y penetrar y vencer la resistencia postrera del cuerpo social. Si el 15/08/04 iniciamos la recuperación, necesitaremos de reposo, sosiego, y buena nutrición, para adquirir fuerzas para poder reanudar dentro de algún tiempo el camino hacia la ley y el orden, la seguridad, el empleo, la prosperidad, todo lo que coadyuva a un mínimo grado de felicidad colectiva, que es el estado de salud social a que tiene derecho todo pueblo y toda nación, cuando se logra un equilibrio estable interno y se recuperan los valores de todos esos parámetros de las diversas funciones del organismo, que tienen sus equivalentes y contrapartida en el cuerpo social. ¿Habremos aprendido algo de la pseudo-revolución chavista? Pienso que sí, y confío en que la nueva generación, sobre todo las mujeres, siempre más pragmáticas que los hombres, comprendan que no paga entregar la conducción política del país a terceros, y que una democracia no funciona sin mayor participación de la sociedad civil, donde observamos con entusiasmo y curiosidad jóvenes soñadores, bien formados, ambiciosos y trabajadores, dispuestos y empeñados en construir un país nuevo, que se desembarace de las lacras del pasado y sepa construir un país moderno, civilizado y estable, más equilibrado, más justo, dentro de un plan maestro lógico e inteligente que podamos ir realizando en etapas con la involucración de todos los ciudadanos. Para lograrlo tenemos que educarnos a ser mejores ciudadanos y trabajar en equipo, algo que necesita de un consciente esfuerzo colectivo. Administremos pues el medicamento milagroso que curará definitivamente al enfermo y que es el voto de este sufrido y noble pueblo venezolano. Que no sea el “voto castigo” del pasado. Ni el voto reciente a favor de un mesianismo sin base ni fundamento histórico. Sino el voto consciente, pensado, de una población que ya ha experimentado en carne propia lo que es dar “un cheque en blanco” a un hombre sin preparación ni formación intelectual, ni experiencia, ni honestidad, que nos ha llevado al grado de desgobierno, caos y anarquía en que estamos sumidos, y que ha aprendido de esa dura experiencia de casi seis años, que las improvisaciones cuestan caro, y que no podemos entregar nuestro destino a “encantadores de serpientes” que con su palabrería nos ofrezcan paraísos inalcanzables, sino a aquellos hombres y mujeres que ya han demostrado en funciones públicas su capacidad de gestión, su honradez y su sensibilidad social. No nos podemos dar el lujo de equivocarnos esta vez. |
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