¡Mendira, mendira! ¡Desgraciata! ¡Cuándo daño ha hecho esta putanona! ¡Mendira, mendira!, suele exclamar vehementemente la madre de un amigo frente al televisor mientras ¿disfruta? de las telenovelas. Se trata de una señora de setenta años de origen italiano que, pese a las calenturas que le producen las reiteradas triquiñuelas que las malvadas de los melodramas ejercen contra la dulce e inocente protagonista, continua día a día, sintonizando la gran cantidad de historias color rosa que transmite la televisión venezolana, todas, sin excepción. Su hijo, mi amigo, le advierte que se trata de sólo ficción a lo que ella responde: ¡Claro, claro que yo sé que todo es mendira, pero é’ la historia, ‘é la historia!
Pero no sólo la pequeña pantalla está plagada de este tipo de historias. La “vida real” es prodiga en ellas, aunque debemos advertir que su color varía del rosa al rojo subido de tono. Particularmente, en el escenario político venezolano podemos observar, y lo peor, padecer ya en carne propia (y aquí otra diferencia con las telenovelas) las calamidades a que nos llevan sus protagonistas.
Entre las historias transmitidas últimamente, podemos nombrar la que se refiere al referéndum sindical, cuyo capítulo final adoleció de una muy pero muy baja sintonía. Los productores del programa deberían analizar con seriedad las causas de esta baja en los numeritos. Una la de las situaciones más confusas de ese capítulo estuvo en el hecho de que los organizadores atribuyeron al cansancio de los electores la poca participación. Cosas como: “Son poco atractivas para la gente” y “hay poca cultura política”, dijeron y trataron de obviar el hecho de que la ya poca masa culta que participó, un buen porcentaje cercano a la mitad de la concurrencia, se abstuvo de pronunciarse en la consulta sindical. ¡Mendira, mendira!
Resulta curioso además, que durante la lectura del primer boletín oficial del CNE se haya recurrido a la táctica de dar los resultados sobre la base de un muestreo, algo novedoso en esta larga cadena de elecciones de los últimos tres años. Los resultados finales nos conocieron sino hasta el jueves, cuando milagrosamente aparecieron más de dosmillones y medio de personas votando cuando se hablaba de un 93 por ciento de abstención. No pocos intuyeron la presencia de la malvada Indra y sus fechorías en el asunto. ¡Desgraciata! ¡Cuando daño ha hecho esta putanona!
Ahora, uno de los personajes principales de este melodrama, el galán Nicolás Maduro, si se quiere el que ha urdido toda la trama, anuncia que en los comicios para elegir a los nuevos directivos de las centrales obreras, principalmente de la CTV, obtendrán el triunfo. No importa cómo, total nunca ha importado, lo importante es ganar. Se echa por tierra así aquel consejo de la ranchera: “no hay que llegar primero, sino que hay que saber llegar”.
Lo extraño de todo, es que después de tanto grito, llanto, cizaña, intrigas, zancadillas y demás yerbas por el estilo, ahora los eternos de la CTV renuncian y asumen sus suplentes, los del Nuevo Sindicalismo deciden negociar, la sociedad civil y hasta “notables” se incorporan a la creación cetevista junto con uno del Frente Constituyente de Trabajadores, mientras los del MVR están “en veremos”. Total que nadie entiende. ¡Mendira, mendira! ¡Claro, claro que yo sé que todo es mendira, pero é’ la historia, ‘é la historia!