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Sección: Política
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Carta abierta a Tomás Eloy MartínezAntonio Sánchez GarcíaLunes, 23 de diciembre de 2002
Imagino el asombro con que me miraría un pobre hombre que está siendo asaltado por una banda de forajidos si yo le dijese: „te estás defendiendo muy bien y hasta pueda que te libres de ellos, pero hay algo que aún no me explicas: ¿cómo harás para ir mañana a la oficina? Pueda que la observación no suene pertinente y raye en el absurdo. Es lo único que se me ocurre al leer tu último artículo de El Nacional, Venezuela el día después, en el que tocas un tema recurrente en quienes no pueden aproximarse a un vaso de leche sin buscar denodadamente una mosca. Así, el mundo exterior —y aunque suene a esquizofrenia, Venezuela está siendo juzgada por primera vez y sin muy buenos resultados a nivel planetario— ha comenzado por condenar a saco a la oposición por golpista, fascista, clasista, oligárquica y racista. No es tu caso: nos conoces demasiado bien como para saber el talante desalmado de quienes nos desgobiernan y el carácter absolutamente democrático de la inmensa mayoría de venezolanos que empuñan sus banderas y salen a la calle por millares ˆ y también millones ˆ a reclamar una democracia decente, justa y próspera. Y de la misma manera que a un hombre que se defiende con coraje e inteligencia del asalto de una banda de criminales lo primero que hay que reconocerle son los valores de que hace gala, de la misma manera: en el levantamiento insurreccional, entusiasta, infatigable y generoso de un `pueblo entero contra la ignominia chavista se encuentra la primera respuesta a tu interrogante. La Venezuela que se enfrentará al futuro, una vez logrado su noble propósito de liberarse del yugo que la atenaza, ya es otra. No la que conociste en tiempos del primer Carlos Andrés Pérez, cuando llegaste a vivir entre nosotros, ni la de Jaime Lusinchi, cuando nos dejaste. No es esa Venezuela comodona, ahíta, indiferente a sus más graves quebrantos, porque no le aquejaban en el hueso y las propias carnes. No es esa Venezuela cómplice de los escándalos públicos porque hibernaba con los bolsillos llenos de dólares baratos. Si pudieras venir hasta nosotros y participar en una sola de nuestras marchas cotidianas ˆ que convocadas en horas reunen cientos de miles de jóvenes, de mujeres, hombres y ancianos ˆ verías cuán hermoso es este gesto de rebeldía, cuán orgullosos nos sentimos de ser venezolanos. Chávez ha intentado todos los trucos y medios para quebrarnos el espinazo: seguramente aconsejado por su principal maestro y consejero cubano ha llegado incluso al terrorismo. Ese tan propio de la política del Directorio y de la tradición pistolera cubana, tan ajena a nuestra valiente tradición igualitaria y combativa. Que apenas conoció en estos últimos cincuenta años de las armas como instrumento para dirimir diferencias políticas. Ningún pueblo en el mundo se ha movilizado como el venezolano en su lucha por derrocar esta pintoresca y vernácula forma de tiranía. Solamente en esta última semana se han realizado en Caracas dos marchas que han reunido más de un millón y medio de personas. Si conoces un precedente en el mundo, te ruego lo hagas público. No lo hizo Chile, jamás lo hizo Argentina y mucho menos Cuba, en donde nadie puede poner un centavo por una movilización obligada por listados del ministerio del interior. Es claro que señalarte este brioso despertar, este orgullo de banderas y esta voluntad inquebrantable de lucha no basta para satisfacer espíritus inquisidores y críticos. Marx decía que la historia sólo se plantea problemas que está en capacidad de resolver. No nos pidas que vayamos a nuestras movilizaciones con banderas, pitos y un programa del futuro plan quinquenal bajo el brazo. Los pueblos no necesitan un doctorado en futuro para sacudirse sus tiranías. Ni hacerlo bajo la gorra de un maquinista que funja de lider indiscutido: los Lenines demostraron ser líderes extraordinarios. Sembraron su paso de millones y millones de cadáveres. Un poco de indulgencia: eso es lo que pedimos. Sobre todo de quienes son medio venezolanos, como tú y tus bellos hijos. De este furor alimentado por la decencia, de este entusiasmo inextinguible, de esta fuerza que ninguna infamia podrá detener surgirá el futuro. Ya está en la calle. Ya nacen los líderes. Ya vienen los programas. No nos sometan a examen sobre el gobierno que vendrá para brindarnos su apoyo: sean generosos. Tengan confianza. Nos serán útiles. Aunque sabemos perfectamente que de esta porquería, saldremos solos. Como todos los pueblos del mundo que han sacudido sus tiranías. No nos queda otro remedio. Tu amigo de siempre |
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