Mi familia y amigos con frecuencia me alertan sobre lo complicado que es
ejercer el oficio de periodista en un país donde todo está permanentemente
"en veremos". Con pasmosa puntualidad, cada vez que escribo algo, recibo
notas de afectos a este régimen en las cuales tienen a bien informarme que a
los escribidores que no aceptamos el papel de felicitadores nos "tienen
pillaos", y que más tarde o más temprano, nos "agarrarán en la bajaíta". La
lluvia de esquelas electrónicas viene, claro está, impregnada de palabrotas
e improperios, que por respeto a mis lectores, no repito. Me he negado, por
supuesto, al uso de un escudo protector, sea en la forma de un pseudónimo o
cualquiera otra herramienta. Siempre uso mi nombre y apellido,
e incluyo mi dirección electrónica, y mis notas llevan una frase a pie de
página, de mi propia autoría, y que he convertido en mi lema de vida: el
silencio es el asesino de la democracia.
La noche del martes 12 de diciembre de 2000 no fue una cualquiera. Alguien,
en un anacronismo que pasará a los anales de la historia, decidió prohibir
la transmisión televisiva de una entrevista. A las 10 pm, no salió al aire
la imagen esperada; en su lugar, un sustituto emotivo. Muchos supimos leer
entre líneas, otros tomaron el teléfono presurosos e indagaron; los más se
quedaron con los ojos claros y sin vista, sin lograr entender qué demonios
ocurría. Todos echaron de menos a la catira menuda e inteligente que
acompaña cada noche de martes, y permite conciliar el sueño con algo de
esperanza en la piel, el corazón y los huesos. Pero Nitu no apareció, su voz
fue silenciada, se le pretendió bajar el volumen a la verdad.
Poco importan los detalles. Importa el peso de un silencio impuesto. Pero a
quienes acaso crean que la voz de Nitu callará, esta escribidora de oficio
los invita a caminar por la senda que les permitirá salir del error. Porque
para ella el periodismo no es una fiesta ocasional, es un compromiso de
existencia. Es su "yo prometo".
Y yo sólo les digo, porque la conozco y la sé mujer de temple y verbo
honesto, que ahora es cuando hay Nitu, y para mucho rato. Y con ella muchos
estaremos, siempre, porque a los verdaderos demócratas cuando pretende
callársenos, la verdad sólo se nos hace más y más grande.