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Opinión y análisis

PDVSA y el terrorismo internacional
Santiago Ochoa Antich

 
Jueves, 19 de diciembre de 2002

Veamos algunos datos. El euro valía en septiembre de 2001 US$ 0,85 y ahora vale US$ 1,03. Eso significa que el dólar se ha devaluado 20 por ciento. El precio del indicador petrolero Brent era de US$ 23,2 en setiembre de 2001; ahora cuesta 29,90. Ese es un aumento también de alrededor de 21 por ciento.

La cuota de producción permitida por la OPEP a Venezuela era para noviembre del presente año de 2,1 millones de barriles por día, de los cuales deben descontarse 500 mil barriles para el consumo interno. Por lo tanto, las exportaciones eran de 1,6 millones de barriles por día.

El exceso de producción confesado por la propia OPEP en su última Conferencia era de 1,7 millones de barriles por día. Eso es la misma cantidad que exportaba Venezuela.

¿Qué significa todo esto? Pues nada más ni nada menos que la huelga petrolera venezolana no afecta para nada los mercados internacionales de crudo. Lo mismo ocurre con el llamado nerviosismo producido por una posible guerra con Irak. Si se desea que el precio del petróleo mantenga su nivel actual, entonces Venezuela debe salir del mercado. El precio alto del crudo a quien más conviene es a Estados Unidos. Es una de las maneras de mantener su moneda fuerte, pues el crudo se cotiza en dólares y todo el mundo requiere adquirir esa divisa para adquirirlo.

La huelga petrolera venezolana puede durar indefinidamente, sin que ello afecte el precio mundial del crudo. Esto es, hasta que la economía mundial arranque nuevamente, lo que no ocurrirá sino hasta 2004. Además, durante los primeros seis meses del año entrante, la cuestión de Irak será resuelta de una manera u otra. Si la huelga petrolera llegase a finalizar sin la renuncia de Hugo Chávez, al país le sería muy difícil volver a colocar los volúmenes que exportaba antes del inicio del paro. Al igual que le ocurre a Sadam Hussein, los norteamericanos y los europeos no le permitirán a un enemigo jurado que se beneficie de su mercado.

No hay marcha atrás

¿Qué ocurrirá en Venezuela? Lo único seguro es que las reservas de divisas comenzarán a disminuir, pues de alguna manera habrá que pagar el servicio de la deuda y es probable también que los particulares, ante tanta incertidumbre comiencen de nuevo a adquirir dólares y euros, sobre todo si el precio de estas divisas se mantiene tan apetecible. Es probable también que entremos en cesación de pagos y ocurra algo similar a lo sucedido en Argentina. Es posible que entonces Chávez imite a de la Rúa.

Lo cierto es que los venezolanos éramos propietarios de una empresa privada, la segunda mayor empresa petrolera del mundo, y que el gobierno sólo era nuestro representante en la junta de accionistas. Ahora, el presidente pretende transformarla en una empresa pública similar a la PEMEX del general Lázaro Cárdenas y al igual que sucedió entonces en México, conducirla a su ruina. El primer paso fue designar como su presidente a un izquierdista orgulloso de su pasado guerrillero y que, como señaló recientemente José Luis Cordeiro, bien puede tener todavía contactos en esas esferas. Pero yo me pregunto, ¿Qué experiencia gerencial tiene esta persona que pretende dirigir la enormidad que es PDVSA? Sé que se trata de un estudioso de la cuestión petrolera, un abogado y profesor, pero eso no lo califica para las funciones que pretende desempeñar. ¿Conoce acaso los intríngulis del negocio petrolero o de su administración? Tuvo la viveza de hacerse designar políticamente como Secretario General de la OPEP para dar la impresión de que realmente se trataba de un exitoso petrolero, pero su pasado guerrillero lo persigue y ahora nos persigue a todos los venezolanos.

Un momento crucial

Es por todo eso que admiramos el coraje de Juan Fernández y la Gente del Petróleo. Sólo una empresa manejada con los criterios de una compañía privada puede asegurarnos un futuro promisor. No queremos ahí un barril sin fondo como el Banco Industrial o las empresas de Guayana escudadas bajo el carácter de estratégicas. Ni queremos tampoco que nuestra riqueza financie un proyecto mundial que nos aleja de nuestros aliados tradicionales y de la cultura democrática.

El empresariado venezolano ha querido con este paro cívico poner en evidencia cómo se vive en “el mar de la felicidad” cubano, sin sector privado de la economía. Se dieron cuenta de que su pasividad sólo servía para que el gobierno paulatinamente fuera cercenando sus espacios. Las cuantiosas pérdidas que han asumido en este el mes de mayores ganancias es una inversión que, como señala Maxim Ross, debe compararse con las pérdidas mucho más grandes de cuatro años de gobierno chavista, que han conducido al país a la mayor recesión de su historia o con las aún mayores que supondrían el que prospere el proyecto.

La obcecada actitud de 50 talibanes que rodean a Hugo Chávez es lo único que nos separa de una solución negociada que retorne a Venezuela la gobernabilidad. Ya el presidente se ha quitado la careta. Al ordenarles a los comandantes de guarnición desestimar cualquier decisión del poder judicial que contraríe los decretos presidenciales, ha mostrado su verdadera faz totalitaria. Es interesante observar, sin embargo, que se comienza a decir que algunos personeros del chavismo han puesto a buen resguardo sus haberes en el exterior o han enviado a sus familiares “de vacaciones”.

Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera, politólogo y periodista. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.

sochoantich@cantv.net

 

 

 
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