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Sección: Política
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Neoliberalismo, Socialismo del siglo XXI y Democracia SocialRómulo RuizDomingo, 12 de julio de 2009
Mientras contemplamos el ocaso definitivo de ese nefasto modelo que es el fundamentalismo de mercado, se puede afirmar con contundencia que al final del día, 63 años después de su muerte, John Maynard Keynes tenía razón y que Friedrich von Hayek estaba rotundamente equivocado. Se ha tenido que demostrar esto por la vía más dura, la del colapso económico, pero no ha habido otra manera. El economista austriaco, al igual que su maestro Ludwig von Mises y el posterior Milton Friedman pregonaban la omnipresencia del mercado, atribuyéndole cualidades autorreguladores cuasimilagrosas. Bajo estos lineamientos, los Republicanos en USA han elaborados sus planes económicos desde la era Reagan, procurando disminuir el tamaño del gobierno a la más mínima expresión y dejando en las manos del todopoderoso mercado el resto. Tras la crisis financiera, ocasionada por la continuidad de estas prácticas, la evidencia no deja espacio para la discusión: es imperativa la presencia del Estado en la supervisión de las actividades económicas. La cuestión está en hasta que punto debe intervenir. Como contraparte a los fundamentalistas de mercado, tenemos a los revolucionarios de toda la vida, que creen ciegamente en el total control del sistema económico por parte del estado. En casos como el venezolano, la sobreregulación del sistema ha ocasionado un grave descenso en los niveles de inversión privada tanto nacional como extranjera, suprimiendo casi por completo la iniciativa privada. Al final el remedio hiperintervencionista termina siendo peor que la enfermedad. El mejor ejemplo de este error es el control de cambio implementado por el gobierno a raíz de la situación de inestabilidad vivida en el 2002. En su momento, fue una medida acertada porque evitó la fuga de capitales en un momento de crisis sociopolítica puntual. Pero el error vino al alargar dicho control, restringiendo la capacidad económica del empresariado y generando una sobrevaluación de la moneda local que trae como consecuencia la contracción de la industria nacional, ya que resulta mucho más barato importar los bienes que fabricarlos. Y lo peor del caso es que dicho control no ha conseguido detener el sangrado. Durante los 5 años bajo el control cambiario, la fuga de divisas alcanzó la cifra de 50.000 millones de dólares, y solo en el 2007, la cifra fue de unos 18.900 millones de dólares. En los 5 años previos a la medida, la fuga de capitales se situó alrededor de los 30.000 millones de dólares. Cosas de los remedios revolucionarios, que terminan siendo peores que la enfermedad. Nuestra referencia debe estar en los países nórdicos. Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega (importante referencia por ser exportador de petróleo), que consiguieron verdaderamente disminuir las diferencias sociales, alcanzando un nivel de vida envidiable para sus habitantes. Podemos sin ningún atisbo de duda afirmar que estas naciones tienen algo en común, consiguieron el equilibrio económico mediante la aplicación de reformas en el marco de un modelo Demócrata Social, cuyo fin es alcanzar el estado de bienestar y el pleno empleo, donde el ciudadano tenga asegurada una verdadera y profunda protección social, entendida ésta como los derechos a la sanidad, vivienda, educación, seguro de desempleo, servicios sociales y las pensiones de jubilación. La vía a seguir está marcada por el ejemplo nórdico y no por los fracasos revolucionarios, no tenemos tiempo para seguir con el “ensayo y error” Chavista. Es el momento del cambio. |
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