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Opinión y análisis

Malas interpretaciones
Francisco Roberto García Samaniego

 
Miércoles, 15 de diciembre de 2004

Muchas Veces cuando nos comunicamos, tanto en público como en privado, como espacios deliberativos de la condición humana por medio del lenguaje, tendemos a dar por sentado, y pensar que nuestro mensaje transmitido es recibido por el receptor de dicho mensaje de manera claramente procesado.

Pero en muchas ocasiones, el mensaje enviado no se interpreta de forma adecuada. Ello se presenta por ignorancia o poca compresión del receptor del mensaje, o por falta de coherencia por parte del emisor para hacerse entender.

Cuando falta el entendimiento entre emisor y receptor se produce una mala comunicación, y como consecuencia de ello, se genera la mala comunicación de la información que se quiere dar, transmitir, o percibir. Es decir, la información (política) que se transmite de manera incorrecta se transforma produciéndose una desinformación (política). Y esta desinformación produce conflictos de entendimiento que por su puesto genera el engaño.

Siendo así la incorporación de la desinformación en los ámbitos comunicativos, ¿por qué en un país con graves problemas de gobernabilidad, problemas económicos, sociales y sobre todo de seguridades, se pretende “verazmente” generar el engaño masificado? ¿Por qué se pretende mal interpretar y transformar las realidades de la vida cotidiana de los ciudadanos, en tanto sus espacios públicos de debates democráticos de la verdad y la realidad? ¿Cuál es el interés de fondo? La respuesta, es un largo suspiro que nos agobia como ciudadanos interesados en vivir en un sistema de tolerancia y de respetos a los derechos básicos de libertades de expresiones como formas primigenias para hacer de la democracia un sistema de vida cotidiana. Incluso en los ámbitos privados que todo autoritario pretende controlar desde el Estado.

En si, cuando el Estado pretende controlar hasta las formas comunicativas de sus ciudadanos, el interés de fondo es producir y reproducir el engaño como modo y mecanismo de ocultar la verdad y penosa realidad que vive el país de la desinformación participativa y protagónica.

En fin, generar la desinformación desde las bases misma de los Estados implica una clara manifestación de autoritarismo por parte de sus promotores, al no querer aceptar voces disidentes a sus posturas ideológicas y dejando al dedillo de unos cuantos decidir hasta los gustos privados por capricho de unos pocos… Menuda idea tratar de controlar desde el Estado los símbolos y valores comunicativos de un país socavando la importancia que tienen las libertades de expresión para la discusión política de cambio en los medios de comunicación masiva (TV, y radio) que se convierte en factor determinante para la participación ciudadana en su cultura política.

Digamos simplemente que el show teledirigido que se está proponiendo llevar acabo, por parte de unos pocos socava la función deliberativa de la democracia, tanto en los partidos políticos como instituciones reguladoras y puentes para la solución de los conflictos sociales, como de los profesionales de la política y de los medios de comunicación en sus funciones públicas en tanto formas expresivas.

Es más, el terrorismo desinformativo (porque desinformar, es otra forma de terrorismo) se encarga de desfigurar los hechos, de esconder bajo el ala de la verdad, o convertir a la mentira en la verdad, todo para proteger y favorecer a los propulsores de la agresión, satanizar a los enemigos y desfigurar personalidades con claros propósitos de disentir y oponerse a una sola voz y pensamiento único.

franciscogarcia_samaniego@hotmail.com

 

 

 
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