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Sección: Política
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El arte de engañarCarlos R. Padilla L.Viernes, 24 de noviembre de 2006
Cuando no se tiene ni la fuerza ni la verdad, solo queda practicar el viejo arte de engañar o de tratar de hacerlo. Los que se lo proponen lo logran al encontrar terreno propicio en quienes, sin formula de análisis, creen todo lo que la guerra psicológica plantea y se convierten en seres atrapados en conflagraciones esotéricas entre las falsedades del enemigo y las de su propio bando. La guerra psicológica consiste en aterrorizar al enemigo para mermar sus posibilidades de éxito en la confrontación. E s el uso premeditado de la propaganda y de la acción psicológica dirigidas a generar respuestas negativas hacia lo que el opositor desea, buscando controlarlo completamente sin recurrir al uso de la violencia física. Un proyecto de guerra psicológica busca aniquilar, controlar o asimilar al enemigo. La guerra psicológica tiene como finalidad desmoralizar y desgastar políticamente al oponente; pero también pretende desviarlo de los objetivos trazados en su estrategia e impedir que se concentre en ella. La inútiles capta huellas, instrumentos de captación biométrica, que solo sirven para amedrentar a los votantes, usadas en los mayores centros cuantitativos de votantes, solo persiguen amedrentar a los que piensen sufragar contra el continuismo bajo la falsa amenaza de que se vulnerará el secreto del voto. Eso no sucederá pues no tienen ninguna conexión con el resto de la parafernalia electrónica que solo sirvió para abultar los bolsillos de sus presuntos adquirientes. Las pintas en las paredes de la ciudad con la expresión "Atrévete y te arrepentirás" ofrece una clara amenaza que no habrá manera de ejecutar si el sesenta por ciento de la población venezolana que adversa al régimen asume su responsabilidad en defensa de su presente y del futuro de las nuevas generaciones. La centralización del podar económico y político ha construido un aparato para el pretendido control ideológico de la sociedad con plumíferos al servicio del la ideología del poder, apologistas del terror y regentes de la intoxicación ideológica. Ayudan, quizás involuntariamente, a este proceso de amedrentar, los que basan sus discursos en planteamiento tremendistas en busca de protagonismos mediáticos. Frente a la falta del apoyo de masas y ante la imposibilidad de enmascarar la represión abierta, el gigantesco y desproporcionado aparato propagandístico puesto al servicio del Estado, que ya entro en su fase totalitaria, trata de llenar con estridentes chirridos y mentiras el vacío de adhesión. La mentalidad totalitaria gobernante ha perdido, por su propio proceso de entropía irreversible, la base social que pudo tener en su momento. Por ello intenta desesperadamente, mediante sus aparatos ideológicos, neutralizar a las fuerzas democráticas por medio de la desinformación y el terror psicológico. Para alienar a la opinión democrática recurren al arte de engañar o de tratar de hacerlo. carlos.padilla.carpa@gmail.com |
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