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Opinión y análisis

Manager de Tribuna
Samuel Furlanetto

 
Martes, 19 de diciembre de 2000

Sea usted fanático del base ball, del fútbol soccer o del americano, de basket ball o de cualquier deporte, usted los conoce, quizás sea usted uno de ellos: los managers de tribuna. Esos aficionados en sus asientos, o frente a la pantalla del televisor, que critican acremente al manager de su equipo favorito, que gritan y se desesperan ante las que consideran pésimas decisiones y de alguna manera son parte del espectáculo y generan animación.

Lo malo de estos managers de tribuna es que normalmente saben del deporte mucho menos que los managers profesionales, desconocen las realidades internas, piensan mas con la emoción que con la perspectiva real del campo, de la verdad del equipo y del conocimiento estratégico del juego en acción.

Los managers de tribuna son –somos- divertidos y hasta originales, pero habitualmente ineficientes. ¿Qué pasaría si, por un milagro, un manager de tribuna se convirtiese de un día para otro en el manager real de su equipo?

Que viene siendo el caso de nuestro revolucionario presidente, el manager de este país donde todos somos jugadores nos guste o no. Hugo Chávez ha demostrado ser, en lo que a gobernar se refiere, un emocional y jacarandoso manager aficionado, divertido y creativo, rimbombante y apasionado, pero patéticamente ineficiente.

No es lo mismo protestar en la calle porque no se da habitación, salud, educación y trabajo a los pobres, que tener que darle todo eso a los mismos pobres cuando se está en el gobierno y se encuentra uno con realidades de burocracia, multiplicidad de problemas, legislaciones, etc., que dificultan el cumplimiento inmediato que en la protesta callejera se exigió y en la campaña electoral se prometió.

El problema más grave es que, después de dos años de gobierno saltimbanqui, de promesas y contrapromesas, de que lo que dije no fue lo que quise decir y de echarle siempre la culpa de todas las deficiencias del Estado a enemigos de conveniencia, Hugo Chávez sigue siendo un aficionado gritón y hasta simpático, pero con la misma carencia de reales conocimientos. Chávez sigue manageando desde Miraflores como si aún estuviese en la tribuna.

Más grave aún es que sus coachs –sus ministros, aclaremos- son tan amateurs como él, lo cual hace del grupo técnico de este equipo que es Venezuela, un triste y peligroso desastre.

Cualquiera de los aficionados que critican a sus equipos desde las tribunas o desde la pantalla del televisor suelen ser conocedores razonables del deporte y de sus reglas –o no podrían criticar-, y aunque podrán equivocarse una y otra vez si los pusiesen de verdad como managers reales, lo menos que pasaría es que en dos años de juegos continuos algo aprenderían, la práctica suele ser muy buena maestra.

Es terrible y decepcionante ver como a dos años de haber recibido oficialmente el gobierno, Chávez y sus ministros siguen recurriendo a los mismos alardes, cometiendo los mismos errores, varados en la misma estupefacción de principiantes.

Como en la fallida sobremarcha económica del Presidente y el desconocimiento del Canciller de lo que es realmente el realismo económico.

Vea también:

Más vale un manager de tribuna que un mal manager

Ni manager ni equipo

 

 

 
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