Tantos constitucionalistas como tiene la oposición democrática y ninguno capaz de definir este inédito estado de excepción, que arrastramos desde el 6 de diciembre de 1998 y que vive las horas definitorias por órdenes de un decrépito y maquiavélico anciano habanero. Siguiendo una estrategia diseñada y definida por la Secretaría América, el CC del PC cubano y su máximo líder, he aquí a los sigüises de Fidel en la Asamblea terminando de bordarle el mantón de su control institucional sobre una patria que figura en su menú de urgencias desde hace cuarenta y cinco años. Entonces le salieron al paso Rómulo Betancourt y unas fuerzas armadas digna del Libertador. Hoy Chávez y las suyas le sirven de cabeza de playa. Venezuela ha comenzado a ser gobernada desde el Palacio de la Revolución. Nos hemos convertido en satrapía. Rómulo se estará revolcando en su tumba. Y hablan de dignidad y justicia sin que se les caiga la lengua.
Lo insólito, que habla del nivel de bajeza del entreguismo chavista, es escuchar a funcionarios de nuestra cancillería asombrados de las órdenes que reciben, por ejemplo en la ONU, de parte del embajador cubano. Es quien manda y ordena a una nación que hizo la independencia de un continente. Sometida de pronto a quienes fueron incapaces de arriar la bandera española con manos propias. El embajador Milos Alcalay podría dar cuenta de esta vergüenza, si es que en sus tiempos ya mangoneaban los funcionarios cubanos sobre los nuestros en Nueva York.
Quien ha visto el desparpajo con que mandan en cultura, deciden y ordenan a los efectos de seminarios y encuentros como el recientemente celebrado en Caracas tienen perfecta conciencia de la prepotencia colonialista con que se mueven. Farruco Sesto firmará los cheques. Pero en verdad, allí se hace lo que otros, desde lejos, ordenan. Quienes los conociéramos ˆ y odiáramos ˆ en los tiempos de la Unidad Popular, sabemos de qué hablamos. A nombre del Ché Guevara y la guerra de guerrillas, se permitían caer a saco sobre la bobalicona admiración de los revolucionarios chilenos. No perdonaban ni la honra de los anfitriones. No faltó quien pagara con su vida tanta indigna utilización. A los más altos niveles.
Ahora se permite Marta Harknecker establecer los lineamientos de lo que aquí se ha o no se ha de hacer. Sin otros méritos que ser la viuda y haber compartido la almohada del comandante Piñeiro, Barbarroja, amo y señor de la terrorífica policía política castrista y máxima autoridad del CC para asuntos insurreccionales en América Latina. ¡Qué tejemanejes de alta traición a la democracia venezolana no se estarán cocinando en estos encuentros de Chávez y Castro en La Habana!
Jamás cayó la república tan bajo. Si la mentira pudriera las lenguas de quienes mienten, un silencio sepulcral reinaría por el lado de las bancadas oficialista en la Asamblea. Fascismo puro, entreguismo de alpargatas y zarrapastra.
¿Para esto tanto esfuerzo? Y pensar que hubo alguna vez una doctrina Betancourt.