No es cierto que el Secretario General de la OEA haya exteriorizado una opinión sobre nuestro país a título personal cuando la verdad es que su manifiesta preocupación respecto al futuro de la democracia venezolana se inscribe en las acciones que le corresponde adelantar en su condición de máxima autoridad ejecutiva del mencionado ente hemisférico. Bien peregrina es la tesis del Canciller Luis Alfonso Dávila de restarle importancia al criterio expresado por el doctor César Gaviria en cuanto a las amenazas y peligros que se ciernen sobre el funcionamiento del actual régimen político que se fundamenta, como es sabido, además de algunos de los cuestionables principios que consagra la Constitución de la República Bolivariana, en la voluntad omnímoda del jefe del Estado.
Antes por el contrario, hará bien el Gobierno Nacional en tomar nota de la advertencia del doctor Gaviria puesto que se trata de expresar una comprensible inquietud como consecuencia de la situación de polarización política y de conflictividad social en nuestro país, lo cual es fácilmente apreciable en el exterior puesto que, entre otros factores, de ello dan cuenta con regularidad los diferentes medios de comunicación, aparte de los acostumbrados informes que a sus cancillerías remiten los funcionarios diplomáticos acreditados en el país que, sin duda alguna, recogen los aspectos más resaltantes de los señalados pormenores en adición a los contenidos habituales de los mismos.
Si a lo anterior se añade la vigencia de la Carta Democrática Interamericana, la cual contempla sanciones para los países en donde se produzcan alteraciones del orden constitucional que afecten gravemente el orden democrático, se entenderá que el Secretario General de la OEA, con su actitud, no está haciendo nada distinto de lo que le compete en el ejercicio de sus atribuciones en el campo del fortalecimiento y preservación de la institucionalidad democrática.
Asimismo, en los términos del presente comentario, se hace necesario apuntar que una reciente declaración de cinco ex cancilleres de nuestro país se refiere a la situación política del país de manera exacta y puntual, señalando que el Gobierno se encamina hacia un autogolpe y que es inminente la adopción del estado de excepción, con lo cual, si ello llegara a ocurrir, pudiera Venezuela ostentar el dudoso privilegio de ser el primer país al que se le apliquen las sanciones contempladas en la Carta Democrática Interamericana como consecuencia de la ruptura del orden democrático. Razón adicional para estimar asaz oportuno lo expresado por el Secretario General de la OEA el cual, en cierta medida, viene a sumarse a cuantas opiniones, tanto en la esfera doméstica como en la internacional, se han conocido en punto a señalar al régimen venezolano que encabeza el comandante Hugo Chávez Frías como peligrosamente inclinado hacia el autoritarismo y el personalismo, con una marcada preferencia, además, hacia el militarismo y el populismo en función de elementos esenciales que le permitan al jefe del Estado satisfacer su desbocada ambición de mantenerse en el ejercicio del poder sin respetar los lapsos constitucionales existentes sobre el particular.
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