Hablar de partidos políticos en un sistema democrático, y de la sociedad civil, y ubicarlos en aceras distintas es un contrasentido. Los partidos políticos sirven de enlace entre el Estado y la sociedad civil. De manera que no existe tal diferencia porque la sociedad civil participa políticamente en un sistema democrático a través de los partidos políticos. Un partido político no es otra cosa que la representación política de un grupo de personas de la sociedad civil que coinciden en un modo de ver la vida, en valores, en principios y en ideas, cuyo fin es alcanzar el poder para conducir a la sociedad, de la cual forman parte, en esa dirección ideológica y doctrinal.
Cuando se intenta desprestigiar a una organización política, en el fondo se atenta en contra de un sistema político. En el caso concreto de una organización política democrática, se atenta en contra de los valores democráticos que compendian el contrato social que reina entre los miembros de una comunidad determinada. Se confunde cuando se ataca a una organización política en lugar de hacerlo en contra de quienes en un momento determinado tienen la responsabilidad de conducirla.
Para tratar el tema que aquí nos concierne, Partidos Políticos, Sociedad Civil y Democracia Representativa, rechazamos de plano el hecho de diferenciar a la sociedad civil de los partidos políticos. En nuestro país, se pretende desplazar a los partidos políticos tradicionales sin considerar el hecho de que al debilitar a nuestro sistema de partidos, estamos minando las bases de nuestro sistema democrático. Se pretende impulsar y estimular a nuevos liderazgos y ubicarlos en el terreno de la sociedad civil pero marcando distancia sobre lo que es la política y que es un partido político. Pero como se ha dicho, la sociedad civil puede influir en la dirección en que se conduce políticamente a la nación a través de las organizaciones políticas.
La intención es muy clara. Al profundizar en esa confusión, nuestro liderazgo emergente rechaza a la política como una actividad que está al servicio de la gente y al mismo tiempo rechaza la idea de participar a través de partidos u organizaciones políticas. Hay mucho marketing en esto. Pero queda el camino despejado para terminar con la democracia representativa y se desarticula la capacidad de organizarse políticamente al nuevo liderazgo que emerge en nuestro país. Se ataca a las organizaciones políticas tradicionales para desprestigiar al sistema de partidos y en una jugada maestra, se confunde lo nuevo con lo viejo y el resultado es que lo viejo está casi liquidado y lo nuevo no termina de nacer. En consecuencia, actualmente en Venezuela no existe un sistema de partidos que pueda organizar políticamente a un sector importante de la sociedad civil y existe un rechazo total de la sociedad civil hacia lo político y hacia los partidos, nuevos o viejos. De igual forma, la gente está desasistida políticamente y nos domina un estado todopoderoso que confunde con el término de democracia participativa y que no representa a las mayorías, y las minorías que son las mayorías, no se atreven a organizase políticamente porque han comprado el discurso de una supuesta democracia participativa en contra de la representativa.
En esta confusión, se inyecta una gran dosis de anti-política y se impone la política pragmática, se deja de lado a los valores y principios que tradicionalmente caracterizan a nuestra sociedad, pero se deja el camino abierto para que poco a poco se siembre en el seno de la sociedad Venezolana otra doctrina. En consecuencia, ahora estamos cerca de perder a nuestro sistema democrático representativo, que no es otra cosa que el cambio radical de la dirección doctrinal e ideológica en la conducción del estado Venezolano y el nacimiento de un nuevo contrato social entre venezolanos, impuesto por una formidable maquinaria publicitaria, económica y militar que trabaja desde un centro de operaciones ubicado en algún lugar desconocido por los venezolanos. Los ejecutores de esta transformación que hoy nos amenaza, somos nosotros mismos, las minorías que somos mayorías, porque políticos, medios de comunicación y sociedad civil, tomamos el camino de la política pragmática y ya es un hecho cierto que se apartó lo doctrinario en nuestra forma de concebir y de hacer políticas, pero quienes nos conducen hacia la dirección contraria, no descuidan su propósito de adoctrinar a la gente.
Parece ciencia ficción, pero así es. La idea no era eliminar a los partidos políticos tradicionales, era estimular y abrir espacios para nuevos partidos políticos que representaran a una Venezuela que nacía. Un estado democrático promueve la participación política estimulando y fortaleciendo a un sistema de partidos que lo consolide como sistema político. En nuestro país, desde el momento en que se elimina el financiamiento del estado a las organizaciones políticas, ya estaba condenada nuestra democracia representativa.
Los partidos políticos u organizaciones políticas, como se ha dicho, representan políticamente a distintos grupos sociales que forman a una sociedad o a una nación. Las mayorías asumen la conducción y la dirección ideológica en las políticas de gobierno y en algunos aspectos en lo doctrinario, pero el estado se sostiene sobre las bases de una concepción doctrinaria que orienta a toda la sociedad. Son los valores y principios lo que marca la dirección de hacia donde se va a conducir a una sociedad. Una sociedad cuyos valores son democráticos, vive realmente en democracia si garantiza los derechos políticos y civiles de las minorías. Ese es el sentido de la democracia. Para eso es la democracia.
La democracia representativa permite a la sociedad civil participar en las decisiones de estado a través de partidos políticos. Los partidos políticos, cuyo fin es el poder, nacen para representar a distintos sectores de la sociedad y que por medio de elecciones permiten que la sociedad civil PARTICIPE en la conducción de la sociedad a través del poder en el estado.
Se ha dicho que la sociedad civil se sirve de los partidos para relacionarse directamente con el estado. La democracia representativa es necesaria para consolidar al sistema democrático, pero no toda organización política o partido sirve para consolidar el sueño democrático. Si se dice que los partidos representan a distintos grupos sociales, es importante resaltar que esas coincidencias son en lo ideológico y en lo doctrinario, entonces, una verdadera organización política nace y se forma sobre bases ideológicas y doctrinarias.
La Democracia Representativa permite que cada ciudadano esté representado en el estado y la participativa es viable solo en la representativa. En este aspecto, se juega con los términos para confundir. En el fondo se busca eliminar a la democracia representativa, usando el término de participativa para dejar a la gente sin representación política y sin capacidad para organizarse.
En nuestro país un sector importante de la sociedad civil avanza pero no se organiza y queda al margen del estado. Los partidos tradicionales desaparecen y los nuevos que hacen oposición al gobierno, están condenados a desaparecer porque el estado, con el pretexto de la democracia participativa, es su peor enemigo. Los líderes andan solos y aislados. La brecha y la distancia entre un sector importante de la sociedad civil venezolana y el estado está mucho mas acentuada y la consecuencia es que un solo sector de la sociedad controla y goza de los beneficios de las mayorías y se quiebra el principio de la primacía del bien común sobre bienes particulares.
Es necesario el encuentro entre la sociedad civil con los partidos políticos, rescatar el sistema de partidos, unir a toda la sociedad civil venezolana, enlazar a la sociedad civil y al estado y sellar un nuevo contrato social entre los Venezolanos para consolidar el sueño democrático.
(*): Coordinador de Formación y Gerencia Política Partido Socialcristiano COPEI-ZULIA