Caracas, Sábado, 19 de abril de 2014

Sección: Política

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Desarrollo endógeno

Freddy Muñoz

Martes, 1 de noviembre de 2005

Después de haber obtenido mayorías de sufragantes en el referendo revocatorio del 15/08/2004 y en la elección de gobernadores, alcaldes, concejales e integrantes de Juntas parroquiales (31/10/04) Chávez consideró conveniente para el afianzamiento de su poder anunciar que serían emprendidos dos avances cualitativos del “proceso revolucionario”: el desarrollo endógeno y la discusión sobre el establecimiento del Socialismo del Siglo XXI.

En este mismo sitio fueron publicados dos artículos sobre el segundo de los asuntos mencionados y es prácticamente seguro que escriba otros más. Sobre el primero hago hoy una primera entrega, a la cual probablemente sigan otras.

Unos cuantos políticos e intelectuales de oposición han opinado burlonamente sobre el concepto desarrollo endógeno y sobre las decisiones concretas que el oficialismo ha venido adoptando. Debo decir que se han equivocado.

El desarrollo endógeno, que es función del crecimiento endógeno, ha ocurrido desde que el capitalismo comenzó a existir. Y las cosas no podrán ni pueden ser de otra manera, pues tanto el crecimiento como el desarrollo sólo tienen lugar si se amplía y diversifica el mercado interno. Así transcurrió la dinámica económica desde el comienzo, y así seguirá transcurriendo. Así sucedió en la economía de la “IVa República”. Continúa sucediendo en lo que va desenvolviéndose desde que existe la “V”. Continuará mientras ésta exista y también cuando deje de existir.

El fenómeno señalado ha estado, está y estará presente en todas las economías del planeta. Si su dimensión es pequeña, o mediana, o grande, el hecho influye decisivamente sobre los tamaños de aquellas.

Mencionaré un ejemplo que es muy ilustrativo. Hoy, y desde hace varios años, la producción total de Estados Unidos es adquirida en el interior de ese país en aproximadamente 80%. Tal hecho sucede cuando se incrementa sostenidamente la globalización económica, en el país que más produce y más exporta.

Chávez, entonces, no ha estado diciendo un disparate al destacar la necesidad y la conveniencia de promover el desarrollo endógeno. Disparate ha sido, sí, en los terrenos conceptual y de la práctica, suponer que puede haber tal desarrollo si la política económica no es orientada a crecer sostenidamente por efecto del entendimiento entre el sector estatal y el privado. Disparate ha sido lanzar –aun cuando más de palabra que de hecho- una ofensiva contra los sectores empresariales privados dedicados mucho más a la producción que a la especulación. Disparate ha sido creer que las cooperativas pueden ser agentes principales del crecimiento. Disparate ha sido obstaculizar –y a veces impedir- la armonización de las políticas fiscal, cambiaria y monetaria. Disparate ha sido generar –por motivaciones políticas absurdamente desequilibradas- una depresión de la actividad de la industria petrolera, cuyos efectos probablemente advendrán cuando cese o disminuya la actual coyuntura favorable en el mercado petrolero mundial. Disparate ha sido derrochar ingresos fiscales en proyectos sociales improvisados e inefectivos, con unas pocas excepciones.

La lista de disparates podría ser bastante más larga.

A las erróneas ideas de algunos opositores –antes mencionados genéricamente- y a las concepciones y prácticas muy equivocadas del aparato gubernamental dirigido por Chávez se suman las de algunos economistas indudablemente expertos. Entre ellos destaca Ricardo Haussman, actual director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard. En reciente entrevista publicada por EL Nacional (24/10/05), él hace, junto a otras acertadas y bien explicadas aseveraciones, una que no corresponde a la certitud de los hechos: “Creo que si bien no sabemos cuáles son las medicinas concretas para que cada país genere dinamismo económico, sí sabemos características ... del desarrollo, y todas tienen que ver con la capacidad de desarrollar nuevas formas de insertarse en la economía mundial, de exportar nuevos productos y servicios al resto del mundo. Eso es lo que termina halando el crecimiento de los países”.

Es falso lo sostenido tan categóricamente por Haussman. Hoy por hoy, cuando está en pleno auge el fenómeno de la globalización económica –que, lo digo de paso, induce correlativas realidades en las esferas ideológica, política y cultural- es el mercado interno el factor que absorbe en grandes proporciones, la producción de los distintos países. De ello no hay ejemplo más elocuente que el de Estados Unidos: el consumo de su población constituye el 80% de los bienes y servicios generados. Más alta es la proporción equivalente en los demás países desarrollados.

Termino repitiendo lo siguiente: aunque Chávez no sabe bien el sentido de lo que pregona cuando emite algo así como un decreto para dar impulso al desarrollo endógeno, y aunque su gobierno se comporta de manera contraria a lo pregonado, lo cierto es que no ha proferido una idiotez.

Los opositores que lo critican haciendo uso de la burla ponen al descubierto que ellos tampoco son conocedores de la cuestión. Actuarían responsablemente si ocuparan buena parte del tiempo y la capacidad para pensar en estudiar seriamente el complejo problema del desarrollo endógeno. Y aquellos que poseen conocimientos, más o menos aceptables, de la difícil ciencia económica deberían hacerlos útiles mediante la elaboración de propuestas –para hoy y para mañana- relativas al desarrollo endógeno. Propuestas no carentes de planteamientos críticos, pero centradas en lo constructivo.

Los opositores debemos comprender que nuestra principal obligación es -tanto en la múltiple lucha práctica sociopolítica como en el ejercicio concentrado del pensamiento- fundar la alternativa.

femunoz@cantv.net

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