Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

Sección: Política

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¿Para qué hemos combatido?

Carolina Jaimes Branger

Lunes, 4 de octubre de 2004

Hace un par de años, entramos mi hermano y yo a un centro comercial en Caracas. Todavía en el estacionamiento, se cruzó en nuestro camino una familia que salía, y antes de montarse en su muy lujosa camioneta, dejó las bolsas del restaurante de comida rápida que llevaban, en la acera al lado de su vehículo. Uno de los niños señaló un recipiente de basura algo más lejos, y se ofreció a botar las bolsas, pero la mamá, ¡la mamá!, le contestó que “para recogerlas estaba la gente de mantenimiento”, y los instó a dejar las bolsas en el piso.

“Y es por esa gente es que tú escribes, luchas, y pierdes tu tranquilidad?”, me preguntó mi hermano. Ciertamente no. Por esa gente, no. Pero esa gente, afortunadamente, no es toda la gente.

En mi día a día he encontrado personas y razones por las que vale la pena luchar. Que me afianzan lo que creo, lo que siento y lo que sueño. Como una noche, a eso de las nueve y media, cuando mi familia y yo regresábamos de Barquisimeto. Llovía de manera torrencial. En esas condiciones climáticas, en las que uno no espera encontrarse ningún peatón, en uno de los peajes, una cantidad considerable de vendedores ambulantes, literalmente emparamados, ofrecían diferentes productos en venta a los conductores. Entre ellos había niños pequeños, y hasta un par de muchachas embarazadas. ¡Cuánto trabajo, para ganar tan poco!. “¡Alguien tiene que hacer algo por esta gente!”, dije en voz alta. Y oyéndome a mí misma decir eso, recordé la pregunta de mi hermano. Es por esas personas por las que escribo, lucho y pierdo mi tranquilidad.

El General José Loreto Arismendi, haciendo un balance de la Guerra Federal, en la que luchó al lado de los federales, dijo en 1864:

“Yo no abracé sus dogmas, yo no combatí por ella, de oriente a occidente, en cinco años, para sustituir tiranos a tiranos, y ladrones a ladrones. Yo combatí para que los pueblos fuesen libres, para que la moral fuese la regla del gobierno, para que Venezuela prosperase”.

La misma impotencia que sienten hoy en día millones de venezolanos, tanto los que han estado del lado de la revolución, como el General Arismendi en su momento, como los que han militado en las filas opositoras.

Arismendi murió, como Bolívar, con la sensación de haber arado en el mar. El siglo XIX, en efecto, se nos fue sustituyendo tiranos por tiranos y ladrones por ladrones. En el siglo XX hubo intentos de enrumbar a Venezuela por la senda del progreso, y obviamente, no se logró ese cometido. Por eso, hoy, en pleno siglo XXI, debemos detener a toda costa los intentos de llevarnos de vuelta al horror que fue nuestro siglo XIX.

¿Para qué hemos combatido?… Para que Venezuela prosperase.

¿Para qué seguir combatiendo?… Para que Venezuela prospere. Nadie dijo que sería fácil. La prosperidad del país es la prosperidad de todos, y hay tantas personas y razones para luchar, que sencillamente vale la pena.

tunas@telcel.net.ve

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