Mi excesivo racionalismo hace que sea una persona que tiende a dudar. Así,
cuando me preguntaban hace unos días si yo creía que el 2002 será feliz,
yo
contestaba con un lacónico 'quién sabe..'. Pero de un tiempo a esta parte
voy haciéndole caso a mi corazón, y no sólo a las voces de mi
premenopáusico cerebro. Tengo una sensación, pálpito más bien, que será buenazo. Por
muchas y variadas razones. Es capicúa, es decir, se lee igual en ambos sentidos.
Al decir de numerólogos - nada sé de eso - los años capicúa, lejos de pavosos
(más pava ciriaca no le puede caer a Venezuela), son de buen augurio, pues
son años en los que el ángel del equilibrio ofrece visita.
Pero, más que en lo que puedan decir numerólogos y astrólogos, me fijo en
lo que percibo. Anoche, luego de pasarme todo el día pasillaneando por
Caracas,
y siendo testigo de cómo una sociedad entera decidió usar el método del
paro
cívico para hablar y exigir, abandonando el estilo sumiso, el corazón se
me
puso de fiesta. Hubo campanitas en mi alma; el regalo de todo un día de
escuchar el contundente sonido sinfónico de las cacerolas como respuesta
al
ruido producido - porque es desgastante ruido - por los alaridos del
muchachón de Sabaneta. Mientras más se enardecía, mientras más se
encolerizaba, mientras más 'tercermundizaba' y 'pataneaba', más duro
sonaban
las cacerolas. '¡Date con furia!", decía un vecino a otro en Coche,
mientras
batía un cucharón sobre una mondonguera. Esa magnífica olla en la que
hierven las hallacas, fue utilizada ayer para mandarle un mensajito al
huésped de Miraflores. Ah, pero el muchachón, por el estruendo de sus
propios gritos, y debido a la más absoluta intransigencia, se ha quedado
sordo como una tapia. Pero no es sólo una cuestión de oído. Lo de ayer
revela ya daño cerebral irreparable.
Tendremos un buen 2002. Hemos despertado como sociedad del sueño
(¿pesadilla?) producido por una revolución que se volvió sal y agua, y
sólo
gritos destemplados. Será bueno pues procederemos a darle un paro' a este
sainete tan mal montado y con actores de "quinta". Será bueno pues a
partir
de ayer, los emeverristas que están sentados en la Asamblea y en el
Supremo han entendido que o corren o se encaraman, que si no comprenden la señal de la historia, la historia se los llevará por delante, los revolcará y les
dirá: "¡Quítense, que el futuro y el progreso no los necesita!".
¡Feliz 2002!
E-mail:marsmorb857@cantv.net