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Analítica Research - Foros y entrevistas...
Francisco Vivancos: "Tenemos un sector financiero sobredimensionado"

Viernes, 19 de mayo de 2000

Analítica Research (AR)
Francisco Vivancos (FV)

AR. Por lo general los analistas económicos mantienen una posición crítica sobre la política económica del gobierno. ¿Cuáles podrían ser los aspectos centrales de una política económica alterna?

FV. Existe un consenso fundamental sobre la conveniencia de instrumentar a corto plazo políticas de estabilización relativamente prudentes y que, a la vez, favorezcan el objetivo de dar un corte a esta recesión. Es decir, reanimar la economía, pero no a cualquier costo ni con cualquier mezcla de política fiscal y monetaria, de manera que, efectivamente, pueda hacerse un relativo ejercicio de disciplina fiscal y de programación monetaria que sea compatible con las metas de bajar la inflación y simultáneamente intentar un crecimiento sostenible en el tiempo. El “viento favorable” petrolero puede ayudar a este objetivo, pero es insuficiente. Desde el punto de vista intertemporal, los ingresos externos temporalmente altos van a permitir un mayor gasto en inversiones internas, “jalonado” por el aumento de los gastos fiscal y petrolero, y se esperaría cierta recuperación de la demanda doméstica. Pero eso, a mi juicio, es insuficiente para reanimar un crecimiento sostenible en el tiempo y, sobre todo, a las tasas que se requieren para poder comenzar a compensar los retrocesos que se han producido en el bienestar del venezolano.

Desde esa perspectiva es que debe evaluarse el componente de reforma estructural que se requiere y que, por una doble vía, mejoraría la calidad e intensidad del crecimiento económico. Por una parte, contribuiría a corregir la aptitud y los descuentos que están haciendo los mercados domésticos y foráneos sobre las perspectivas de recuperación a largo plazo del país.

Desplegar una agenda de reformas estructurales, que al menos tenga la calidad estándar internacional, ayudará a revertir las actuales expectativas desfavorables que están debilitando y haciendo rezagar las decisiones de inversión domésticas y foráneas. Existe un enorme potencial de captura de flujo de inversiones voluntarias externas y de reanimación de la inversión local que simplemente se están desperdiciando por la valoración de altísimo riesgo que se tiene del país y de los altos riesgos de tomar decisiones que de algún modo supongan costos no rápidamente reversibles.

Por el otro lado, se necesita actuar en la apertura de espacios para ganancias de competitividad que permitan atacar problemas de costos y de apreciación en el tipo de cambio real, que es un problema bien importante para la recuperación económica. Si no se ataca este problema difícilmente puede tener lugar una recuperación con vigor o que intente evitar lo que son los típicos dilemas que ha tenido la economía venezolana: recuperaciones cortas pero a costos en términos de inflación relativamente fuertes. Lo que ha ocurrido en el pasado es que una vez que se generan los ajustes cambiarios, los propios procesos de absorción o de formación de precios a partir del choque cambiario terminan disminuyendo el poder de la depreciación cambiaria nominal para corregir el tipo de cambio real, generar las reasignaciones de recursos apropiadas y recuperar la viabilidad externa.

Las reformas de segunda generación, fundamentalmente centradas en el tema pensional y en aquellos aspectos que pueden permitir tasas convenientes a largo plazo de inversión en capital humano, son un componente esencial del giro de política económica que debe fomentarse. En Venezuela existen muchísimas trabas para la operación productiva. Los sobre-costos que impone operar en el país son importantes, tanto en términos de la calidad, cantidad y eficacia de la infraestructura disponible como en términos de las normas y esquemas regulatorios existentes que, en general, imponen altos costos transaccionales. Sobre esos aspectos se ha avanzado muy poco, incluso en la primera fase de reformas, hasta donde la dejó el gobierno de Pérez y en los aspectos inconclusos de los esfuerzos efectuados en 1996 y 1997.

En el ámbito fiscal hay que continuar manteniendo límites al déficit del gobierno central, a la vez que avanzar en la reducción de la fragilidad que tiene la estructura fiscal en el tiempo. Eso básicamente pasa por: a) hacer un corte de cuenta definitivo a los problemas de los pasivos laborales y otras deudas contingentes; b) mejorar la eficacia y neutralidad de la recaudación interna; c) mejorar el perfil de vencimientos de la deuda externa y, dada su creciente significación, también interna; y, d) reforzar los dispositivos de amortiguación de la volatilidad de los ingresos externos, en parte a través de la disponibilidad de líneas de crédito contingentes, y del retorno al diseño original del Fondo de Estabilización Macroeconómica, debido a que el esfuerzo ad hoc que se hizo para su activación fue absolutamente miope al combinar el uso discrecional de los recursos petroleros en los ciclos favorables, sin ninguna ventaja en términos de transparencia o en términos de estabilización, y unas reglas de acumulación de recursos sin fundamentación técnica alguna.

Sobre las reformas estructurales, también hay que avanzar con celeridad. La reducción de los impuestos a la nómina, la flexibilización del mercado laboral, la generación de mecanismos de ahorro “forzoso” a largo plazo, a través de los Fondos de Pensiones; son elementos claves en las áreas de seguridad social y de mercado de trabajo. Hay que desarrollar todo el esquema de los Fondos de Pensiones, no bajo la modalidad uruguaya que es probablemente la peor mezcla, el peor híbrido que podemos tener hoy en día en América Latina, y que pareciera ser la inclinación de los equipos que están trabajando en esa materia, sino a través de un régimen con un fuerte soporte de capitalización individual y de resolución de pasivos laborales correspondientes al sector público. Evidentemente, en esta área está todo por hacer. El mandato que da la Constitución al poder legislativo próximo a establecerse es ambivalente. El texto del articulado en esta materia permite la posibilidad de una interpretación favorable a la iniciativa del sector privado, pero efectivamente, ateniéndose al cuerpo de la letra, pareciera ser incompatible un régimen pensional basado en un fuerte pilar de solidaridad intergeneracional (esquema de reparto) a una participación importante del sector privado y de la modalidad de capitalización individual.

Otro aspecto importante tiene que ver con la reforma educativa, sobre la que prevalece una especie de velo de ignorancia sobre el impacto redistributivo regresivo que tienen las actuales reglas de asignación presupuestarias en nuestro sistema educativo y que, al final, lo que está simplemente reflejando es el enorme poder de negociación de los gremios, especialmente el universitario, pero que suponen una distribución profundamente regresiva del ingreso. En esta área es necesario introducir mecanismos de competencia, reestructurar los porcentajes o las participaciones a cada uno de los segmentos en educación atendiendo al crecimiento y la equidad. Creo que hay muchísimo por mejorar, tanto desde el punto de vista redistributivo como de inversión efectiva realizada sobre la población de menores ingresos o con mayor restricciones de liquidez, para que al final del día eso se pueda convertir, a largo plazo, en un factor de impulso del crecimiento potencial.

AR. En el área petrolera, ¿cuáles serían sus sugerencias? ¿Se puede seguir manejando el área petrolera de la manera tradicional o se necesitan cambios importantes desde el lado de la oferta, por ejemplo, una apertura más amplia que pueda generar un conjunto importante de participantes en el área, además de PDVSA?

FV. Si uno se atiene a las restricciones políticas, y a los vetos muy claros que se han establecido en esa materia, efectivamente pareciera estar descartado, al menos, en un plazo temporal sensato, la posibilidad de hacer alguna distribución vía capitalismo popular de la propiedad accionaria de PDVSA. Sin embargo, yo creo que ni siquiera es necesario forzar eso, siempre y cuando se regrese a un esquema de generación de concesiones o de participación en asociaciones estratégicas que pudiera, sin mayores dificultades, hacer viable financieramente el Plan de PDVSA a diez años. Porque esa es otra de las cosas que aparecen claramente en ese Plan de Negocios, bien poco publicitado, por cierto, que PDVSA dio a conocer hace poco. Aparece un plan para diez años de inversiones que contabiliza entre cincuenta mil y cincuenta y cinco mil millones de dólares para llevar la producción a 5.8 millones de barriles diarios, que en definitiva, no significa otra cosa que un rezago y un pequeño re-escalamiento de lo que fue el plan de profundización de la especialización petrolera de la economía venezolana de la administración pasada. Le quitaron unos cuantos millares o millones de dólares, y en lugar de producir 6.4 millones de barriles diarios lo bajaron a 5.8, pero en esencia no guarda grandes diferencias, salvo el veto anteriormente mencionado, con el diseño original que fue tan duramente criticado en los primeros meses de esta administración.

Sigue pendiente hacer compatible esa expansión de la capacidad productiva con los acuerdos cartelizados de la OPEP. Pareciera ser una posición difícil de compatibilizar, seguir con fuertes restricciones de ofertas y al mismo tiempo garantizar la expansión de la producción petrolera. Ahí, salvo que existan “acciones ocultas”, Venezuela mantiene una posición ambigua. En el corto plazo realizó un recorte más severo que los demás, lo cual demuestra un problema de inconsistencia dinámica. Aún con la pervivencia o convivencia con la OPEP, el propio poder negociador del país en ese cártel depende fundamentalmente de que se sea un jugador cada vez más importante, que se tenga asegurado, o por lo menos firmemente abastecidos, algunos mercados claves, y que se coloquen importantes barreras a la entrada en esos mercados, lo que pasa definitivamente por ser un productor bien importante, por ser un productor de bajo costo, por ser un productor, sobre todo, con atributos de estabilidad en términos de precios y de flujos o de volúmenes transados que difícilmente pueda garantizar cualquiera de los países que hoy también se están abriendo. Y estamos hablando de aperturas en Argelia, en Irak, en Irán, en Arabia Saudita, en Emiratos Árabes Unidos, es decir, estamos hablando de un proceso reproducido donde Venezuela picó adelante y hemos en buena parte perdido esa ventaja que teníamos. Entonces, pareciera ahí que hay definiciones adicionales que hacer.

El otro argumento que yo señalaba, es que incluso, si lo único que ha ocurrido es que hemos perdido un año y medio en la carrera petrolera, queda pendiente la resolución el tema global de especialización internacional. Esa indefinición ya estaba presente en la primera ronda de licitaciones y posteriormente en todo el Plan de Inversiones de PDVSA, pero también hoy en día no está nada claro cómo se hará compatible nuestra condición de productor petrolero con un sector industrial no petrolero y, en general, un sector transable no petrolero, que pueda sobrevivir a las consecuencias indirectas que supone ser una economía fuertemente dotada de recursos naturales. ¿Debemos irnos definitivamente a una economía básicamente de servicios, de no transables y fuertemente centrada en la explotación de recursos naturales, o existe algún espacio para el desarrollo? Ese dilema típico que tiene una economía con esta dotación de recursos, tampoco está resuelto, ni hay vías, ni pistas, ni indicios, de su resolución en ese nuevo plan de inversiones de PDVSA.

AR. En términos generales, con precios del petróleo tendiendo a su valor de largo plazo, aparentemente las necesidades de inversión del sector petrolero por la condición de los yacimientos domésticos pueden ser altas, lo que implicaría que el aporte fiscal del sector petrolero no sería excesivo, es decir se reduce uno de los canales de la “enfermedad holandesa” y el sector petrolero podría jugar básicamente el rol de impulsor productivo. Esta sería, al menos en parte, una interpretación de tesis Giusti de impulso al sector petrolero, ¿Cuál es su opinión?

FV. Efectivamente esa es una posible interpretación de algunas posiciones que se sostuvieron en PDVSA. Sin embargo, no creo que haya algún soporte riguroso ni permanente sobre los efectos de arrastre tan fuertes que pareciera apuntar esa tesis de la economía petrolera en la no-petrolera. Al menos, no sin los flujos de inversión directa y el boom de inversiones que en el mismo sector petrolero se tuvo en el arranque de la apertura petrolera.

Una vez que se descontase ese flujo, salvo que te coloques en una senda reescalada más o menos importante de captura de esos fondos, el efecto de arrastre puede ser más débil y yo diría que difícilmente se puede obtener una tasa de crecimiento económico para la economía en su conjunto, que sea suficiente para recuperar la década perdida de los ochenta y buena parte de los noventa. De manera que yo creo que hay que hacer algunas otras cosas adicionales, tanto en el sector no-petrolero como en el mismo sector petrolero.

Yo no tengo ninguna definición teórica o a priori sobre cuáles deberían ser las ventajas dinámicas de determinados sectores que hicieran recomendable privilegiarlos. El mercado, con todo y sus fallas, entrega y maneja mucha más información de lo que puede entregar algún economista sentado detrás de un escritorio, aunque sea muy bueno. Pero es bastante probable que una expansión del sector petrolero con precios relativamente estables, generen una estructura de tipo de cambio real que haga relativamente difícil mantener la competitividad de un amplio espectro de actividades, si no le generas en un plazo razonable espacios para ganancias de productividad. Por eso es absolutamente imprescindible, si se apuesta a tener una tasa de empleo que además esté en capacidad de absorber los cambios demográficos y, en los flujos netos de entrada en el mercado laboral que se están produciendo, que se tenga un sólido sector de servicios y alguna fracción también importante de empleo industrial.

Admito que antes que manipular el tipo de cambio, se pueden capturar ganancias de productividad, especialmente en las etapas iniciales de las reformas, que puedan hacer sostenible un tipo de cambio nominal relativamente estable. Existe cierto espacio para la reducción de los costos de producción locales y que, con una senda de inflación relativamente baja, permita una transición menos traumática a una conformación alternativa del tejido industrial. La brecha abierta para el desarrollo y profundización del mercado financiero y de la masa de activos financieros y reales a largo plazo, seguramente contribuirá a una tasa de crecimiento superior en la medida que se tengan esos fondos disponibles para la inversión.

AR. En el seminario que hubo en Bogotá, el año pasado, creo que organizado por el BID, la tesis de Dornbusch para Venezuela fue la de un tipo de cambio fijo, pero con un ajuste inicial importante, que fuera como una especie de conclusión de un programa de reformas estructurales. Esta es la posición de un antiguo defensor de la flexibilidad cambiaria para producir un expenditure switching. Con relación al régimen cambiario, a pesar de la experiencia positiva de América Latina y Asia del ajuste cambiario nominal que adoptaron el año pasado para salir de la crisis, que en Asia fue exitosa y que en América también fue exitosa en Colombia, Brasil y en México, lo que se percibe es que cada vez en el ámbito intelectual tiene más fuerza la tesis del tipo de cambio fijo. ¿Qué diría Ud. respecto a la política cambiaria?

FV. Yo vería un par de cosas: si se opera en el vacío perfecto en un ensayo, sin problemas institucionales severos y sin tentaciones a sorprender a los agentes con propósitos de rédito político o incompetencias patéticas en el manejo de política monetaria y política fiscal; evidentemente un régimen de flexibilidad lo más amplia posible pareciera ajustarse mucho mejor que un tipo de cambio fijo al perfil de especialización, de estructura productiva y de naturaleza de los choques más frecuentes que tiene el país. Si los choques son (al menos ese es uno de las viejas sentencias de sabiduría convencional) fundamentalmente de origen externo y de naturaleza persistente, el tipo de cambio puede hacer mucho más que cualquier otro instrumento para promover el ajuste de precios relativos a un menor costo en producto y bienestar. Sin embargo, eso requiere de una autoridad monetaria y cambiaria relativamente hábil e independiente, es decir, le da algún espacio todavía a la política monetaria.

Tengo la impresión que la tesis de Dornbusch es profundamente pesimista, porque está suponiendo simplemente que la autoridad monetaria es absolutamente incapaz de estabilizar y que, en general, la gerencia macroeconómica es totalmente incompetente. La renuncia a esta herramienta de política en la práctica implica trasladar la responsabilidad en el diseño y manejo de la política monetaria a la Federal Reserve de los Estados Unidos en lugar de hacerla en Venezuela que, con las obvias distancias, de todos modos no resuelve el problema en los fundamentos.

AR. ¿Esas serían soluciones para países desesperados, como el Ecuador?

FV. Claro, abandonas cualquier esfuerzo por hacer política monetaria, simplemente por un problema de mercados políticos y de debilidad institucional. Yo hoy en día tengo sentimientos ambiguos sobre ese punto. Dos años antes me hubiera inclinado sin ningún problema hacia la flexibilidad. Ciertamente, las pocas habilidades que está mostrando nuestra gerencia macro, hace que la tesis de Dornbusch sea mucho más atractiva, especialmente cuando hay una fuerte inclinación al dominio del aspecto fiscal en ese esfuerzo de coordinación política monetaria-política fiscal, a dominar la dimensión fiscal y la lógica política a las decisiones en materia monetaria y, por tanto, colocarnos en una ruta de acomodación o de validación monetaria que efectivamente tiene un alto costo en la estabilidad. En términos del diseño, yo preferiría cierta flexibilidad en una etapa inicial hacia la transición de una unión monetaria.

Por otro lado, si tienes otros mecanismos adicionales de absorción de choques, que obviamente dicen relación con restricciones fiscales y la presencia de mecanismos de reducción de los costos locales de la volatilidad externa tipo Fondo de Estabilización, se pueden evitar ajustes perpetuos en el tipo de cambio. Es decir, hay un cierto trade off entre disponibilidad de instrumentos fiscales de absorción de choques, y obviamente, los instrumentos cambiarios.

En la transición hacia una unión monetaria que, obviamente, requiere del cumplimiento de otros requisitos en términos de las etapas típicas de integración económica que deben cubrirse, preferiría reservar algunos grados de libertad en materia cambiaria, e ir avanzando en las reformas, es decir, colocar en sitio esas reformas que van a permitir algún anclaje del tipo de cambio. El status teórico del argumento de economía política, según el cual el tipo de cambio fijo es una especie de caballo de Troya que le da la viabilidad política a las restantes reformas es, cuando menos, dudoso. Tiene, por otro lado, un respaldo empírico muy discutible la idea según la cual el anclaje cambiario, el currency board o una dolarización, son de suyo elementos que llevan per se, en sus entrañas, el resto de las reformas. Ciertamente, no ha sido el caso argentino. Hay otras experiencias alternativas, como el caso mexicano, en el que ha tenido un rol activo la política cambiaria tanto en la absorción de choques externos como en los avances en términos de estabilización.

Por último, el tamaño mismo y la solidez del sistema financiero doméstico son elementos clave en la selección del régimen de política económica. En la medida en que el sistema financiero sea más débil, se requerirán más mecanismos de absorción de los choques externos. Si en contraste, se logra profundizar el sistema financiero se abre un espacio para el financiamiento temporal de los déficit o de las consecuencias secundarias de los choques externos.

AR. Referente a la relación entre economía y política: una tesis supone que después de las elecciones puede existir un esquema político más plural, y que ello podría influir hacia algunas rectificaciones, si no para un programa modernizador, por lo menos para una política con signos modernizadores. Otra tesis supone lo contrario, en esencia, que no existirán cambios en la política económica hasta que los obliguen las circunstancias. ¿Cómo percibe el potencial desarrollo de la política económica post-elecciones?

FV. Para empezar diría, coincidiendo contigo en el sentido de que podemos tener un parlamento más que balanceado, fuertemente fraccionado, que van a aumentar abruptamente los costes de negociación en el pase de leyes y en la ejecución fiscal. Desde el punto de vista de ejecutoria de política económica puedan ser, efectivamente, un costo adicional. Pero tengo la impresión de que no va a haber una reorientación de política económica sustantiva en el corto plazo mientras exista un ingreso petrolero relativamente sólido y mientras no se hayan agotado otras fuentes de acumulación de poder, capturados básicamente a través de los programas sectoriales. Típicamente estos programas, negociados muy selectivamente con sectores de intereses muy fuertes, permiten acumular potencialmente un enorme capital político y lealtades, al menos temporales, en los sectores privilegiados. Lo que posiblemente podamos ver en los próximos trimestres es algún despliegue de ese pandemonium que han sido los anuncios sectoriales, sobre el sector exportador, agrícola, etc., con saraos y saraitos incluidos, y con eje Orinoco-Apure, etc., con un plan de infraestructura, pero no mucho más que eso. Y desde el punto de vista de política macro, el aprovechamiento de los mayores ingresos temporales que tenemos en petróleo para, con filtraciones crecientes, producir algún punto (reducido) de crecimiento del producto y reducción del desempleo. La mayor probabilidad de un cambio de régimen de política económica, no es en el sentido modernizador, sino por el contrario, en el sentido de cerramiento, como la reacción 94-95 de un gobierno ideológicamente algo diferente al actual. Esa es mi apreciación para el futuro a corto plazo, aunque obviamente pudiese estar equivocado.

AR. ¿Una perspectiva más a futuro?

FV. Más a futuro, a partir de una situación donde pueden aparecer con claridad desbalances infinanciables, mayores restricciones fiscales, monetarias y cambiarias, habrá poco espacio para mantener esa ambigüedad en la orientación económica: no se hace nada (o no mucho) rematadamente mal ni, mucho menos, algo bien. Tengo alguna esperanza de que ciertos componentes pragmáticos en el actual equipo ejecutivo se imponga para la adopción de una versión más o menos estándar de las políticas económicas en la región. Pero, efectivamente, en el corto plazo lo que veo es mucha ingeniería fragmentaria en materia sectorial; mucha negociación y entrega sectorial de tipos de cambio efectivo superiores; sector a sector o actividad a actividad, salvaguardas, políticas para-arancelarias, para dar algo de holgura temporal a esos sectores, hasta que la restricción presupuestaria reviente.

AR. ¿Cómo percibe el comportamiento de la cuenta capital?

FV. En un escenario de precios petroleros relativamente fuertes, pero con una política fiscal muy expansiva y con una política monetaria validándola y tomando ventaja del anclaje cambiario, anticipo una cuenta de capital fuertemente negativa. Es decir, una situación de pérdida importante en la cuenta de capital a corto plazo.

Tenemos una estructura de tasas de interés que no cumple con la condición de paridad internacional, la paridad de interés ciertamente no está cubierta y ese factor puede desatar los procesos de desarrollo de crisis cambiarias tradicionales (“primera generación”). Al mismo tiempo mucho depende de cuál sea la agenda legislativa y cómo se comience a avanzar en algunas áreas que son absolutamente sensibles y señalizadoras de la intención de política económica, en especial la viabilidad financiera de los derechos sociales que terminen reconociéndose de manera efectiva. Eso también puede ser un dispositivo que induzca una toma algo más acelerada de divisas.

AR. El incumplimiento de la condición de paridad de las tasas de interés puede ser importante. ¿Cómo se interpretaría el esquema conceptual de la política económica actual, un tipo de cambio predeterminado, con una política fiscal muy expansiva, con tasas de interés que no cumplen la condición de paridad pero al mismo tiempo se intenta bajar más? ¿Cuál es el esquema conceptual?

FV. La verdad que es difícil colocarse en el modelo teórico que manejan, porque no parece temporalmente consistente. Parece incompatible el fuerte financiamiento fiscal interno, como el que apuntaría el presupuesto del 2000, con una estructura descendente en tasas de interés nominales, a menos que se esté pensando en utilizar una parte muy importante de los recursos extra-ordinarios petroleros que deberían ser ahorrados en el FIEM. Aún así es difícil concebir que bajen nominalmente las tasas de interés. Si existe un fuerte financiamiento de caja fiscal a través de colocaciones de deuda interna, a pesar de la situación de relativa liquidez en el mercado, eso va a provocar el alza las tasas de interés, y por tanto a hacer incompatibles la expansión fiscal y el descenso nominal de las tasas de interés. Salvo que se propicie una trayectoria de controles administrativos, indicativos de tasas, nuevas rondas de acuerdos de tasas con el sector bancario. Acuerdos, por cierto muy deficientes porque básicamente siguen siendo determinadas, en última instancia por los competidores menos eficientes, y eso hace que en general los márgenes financieros, a la larga tiendan a ser mayores y las tasas, en última instancia, las tasas también serán superiores. Entonces, yo no lo atribuiría sino a un juicio fin de la autoridad.

AR. ¿Qué determina las tasas de interés activas y pasivas? Los analistas del sector financiero sostienen que existen dos tipos de aspectos, aspectos endógenos, básicamente la estructura de costos, y aspectos exógenos, relacionados con el entorno macro. ¿Comparte ese criterio?

FV. Sin duda. Los costos de transformación con los que opera la banca, básicamente determinan el margen financiero. Es a partir de una tasa mínima pasiva, no tanto de ahorros pero sí de plazo fijo, que se construye aquella tasa activa requerida para generar un cierto margen de rentabilidad. En esos costos de transformación que son un componente básico del spread financiero, hay componentes exógenos también muy fuertes que tienen que ver con el encaje legal, aportaciones a Fogade y Sudeban, que siguen siendo altos, que se combinan con factores relativos al ciclo y a la desmonetización de la economía venezolana. Creo que ayudaría mucho la remonetización de la economía para poder absorber esos costos de transformación y, por tanto, para poder pensar en una compresión saludable del margen financiero.

AR. Algunos suponen que la reducción del número de bancos podría mejorar la eficiencia del sector financiero por aprovechamiento de economías de escala. ¿Cuál es su opinión?

FV. Eso podría ser cierto, siempre y cuando se utilicen mecanismos de mercado y facilidades en términos de fusiones, adquisiciones. Sin embargo, no hay evidencias muy fuertes de la presencia de economías de escala relevantes en la banca. Obviamente, para una economía con tan baja profundidad financiera, el actual número de bancos podría parecer excesivo, aparentemente la economía tiene un sector financiero sobre-dimensionado. Tenemos un mercado financiero muy débil, es una hoja de papel, entonces eso puede ayudar, pero ayudaría mucho más la remonetización de la economía a soportar esos costos de transformación relativamente altos. Que además, sorprendentemente, los tiene toda la banca. La de más reciente incorporación, la banca extranjera, o la banca local. Es decir, parece que operar en el sector bancario en Venezuela, tiene costos hundidos bien importantes, independientemente del origen y de la función de producción que esté enfrentando cada uno.

AR. Lo ideal sería que existiesen políticas macro que contribuyesen a aumentar la demanda de dinero y reformas estructurales, incluyendo las reformas del sector financiero.

FV. Por lo menos ayudaría muchísimo. Además, en términos de economía política, ayudaría mucho a la reforma financiera, entre otras cosas, porque podría bajar las barreras que pueden existir para que se produzca la reestructuración del sector financiero. Creo que este puede ser un elemento que facilite la reforma.
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