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Analítica Research - Foros y entrevistas...
Entrevista Económica con Efraín Velázquez

Miércoles, 12 de abril de 2000

Efraín Velázquez (EV)

Analítica Research (AR)

AR. Por lo general la política económica del gobierno es vista bajo una óptica crítica por parte de los analistas económicos. La pregunta central de esta entrevista sería, ¿cuáles son los elementos centrales de un potencial programa alterno?

EV. Una estrategia económica debería basarse en una definición de la estrategia fiscal, y a partir de allí el resto de las políticas deben estar atadas a ella. Eso me lleva a definir una estrategia fiscal que haga posible una estrategia de financiamiento en un marco de mayor estabilidad macroeconómica. Una estrategia fiscal en donde se enfrente fundamentalmente la parte de ingreso, de gasto y de financiamiento. Tener una estructura tributaria acorde con un esquema de estímulos de inversión privada, y hay que tener una estructura de gastos que sea posible financiar con esa estrategia de ingreso. Eso lleva fundamentalmente a tomar en cuenta dos elementos. En primer lugar el esquema de financiamiento de los Estados, donde se tiene que definir el rol del Situado Constitucional, el rol de los impuestos en los Estados, y de la estructura impositiva municipal. El segundo elemento es el manejo de la deuda. Dentro de este contexto, se tendría que definir la estrategia de manejo de deuda que atenúe la posibilidad de que impuesto-inflación sea el mecanismo de cierre. Esa estrategia fiscal hará que el impacto monetario de la gestión fiscal sea menos importante en el tiempo, y en consecuencia el rol activo del Banco Central tendría que redefinirse. En ese marco, donde existe un esquema de financiamiento posible y sin excesos monetarios indebidos, la estrategia cambiaria puede ser mucho más razonable, y consistente con el resto del esquema.

AR. Existe la peculiaridad de que aparentemente los precios petroleros del año 2000 serán bastante altos, y que los ingresos por exportaciones petroleras podrían ser más de US$ 7.000 millones de lo previamente estimado en el presupuesto.

EV. En una situación como la actual cuando los precios del petróleo serán relativamente altos en el año 2000 y un poco inferiores en el 2001, y en un marco de incrementos de gastos internos, pienso que hay varios elementos que deben tomarse en cuenta partiendo siempre del planteamiento inicial, el cual, según mi criterio, es que en Venezuela una estrategia económica debe definirse a partir de la estrategia fiscal.

En términos fiscales, se tiene que trabajar de manera mucho más importante en la recaudación interna, mejorar su estructura, eficacia y reducir las distorsiones. El ingreso fiscal por aduanas es un elemento importante a considerar: El impuesto sobre la renta debería trabajarse más en términos de eficiencia, a pesar de que la recaudación no será importante, en términos de reestructuración o redefinición de la estructura tributaria, en el sentido de eliminar el impuesto a activos empresariales, y compensarlo, al mismo tiempo, a través de la eliminación de exenciones del impuesto al valor agregado. A pesar de tener un ambiente petrolero al alza, se debe trabajar en la estructura impositiva interna con el objeto de intentar alcanzar una estabilidad macroeconómica hacia adelante, en términos de mediano y largo plazo. En ese lapso, el déficit doméstico debe ser manejable por el eventual descenso de los ingresos fiscales petroleros. En resumen, a pesar de los altos ingresos fiscales petroleros, por el lado de los ingresos se debe prestar atención a mejorar la eficacia de los impuestos que tenemos y eliminar sus posibles distorsiones.

Con relación a los gastos, se debe analizar la posibilidad de establecer una estructura tributaria regional, y de esa manera disminuir las presiones del gobierno central sobre el sistema financiero. Esto se hace más importante pensando en situaciones futuras cuando el ingreso petrolero pueda ser inferior.

En ese contexto, es decir, definiendo una estrategia fiscal de mediano plazo, es evidente que los impactos monetarios de toda la gestión fiscal corriente podrían irse atenuando en el tiempo, y harían la actividad monetaria del Banco Central más cónsona con este contexto.

Un esquema como el actual, sin estrategia fiscal clara de mediano plazo, de reducción del stock de TEM con crecimientos de base monetaria importantes, puede tener resultados negativos, ya bien por salidas en la cuenta de capitales y/o exceso en la oferta monetaria, esos excesos pueden empezar a generar distorsiones hacia adelante.

En este contexto, la política cambiaria debería sufrir un ajuste en términos de acelerar el ritmo de depreciación debido a que en la parte real de la economía se están viendo distorsiones importantes que al final generan desempleo. Inicialmente, se observa una sobrevaluación del tipo de cambio. De hecho, a pesar de que el Banco Central ha instrumentado últimamente una estrategia en la que el tipo de cambio real se ha mantenido relativamente constante a través del tiempo, la sobrevaluación acumulada no se ha enfrentado. Esta sobrevaluación acumulada está provocando una reestructuración en la utilización de materias primas dentro del sector industrial que, como estrategia de mediano plazo, es equivocada. Un aumento significativo en la participación de las materias primas importadas sobre las nacionales es insostenible en el tiempo, hacia el mediano y largo plazo, en un contexto de precios petroleros más bajos. Una aceleración más importante de la depreciación del tipo de cambio nominal trataría de enfrentar, al menos parcialmente, ese problema ya que la corrección debe realizarse intentar corregir sin generar excesivas presiones inflacionarias. Para ello, es indispensable el programa estratégico fiscal.

Al mismo tiempo, esa sobrevaluación acumulada hace que el componente de costo de la mano de obra aumente significativamente. El componente de mano de obra, incluyendo las provisiones de cargas sociales, ha subido de 12% de los costos de producción en 1997 a casi 20% de los costos de producción en 1999. Ello ha ocurrido por dos razones: (i) el aumento de 30 a 60 días de antigüedad como consecuencia de la reforma de la Ley del Trabajo de 1997, y (ii) el Bono Alimentario que fue aprobado en 1998 y representa 40% del salario mínimo. Todo ello está deteriorando de manera importante la situación financiera del aparato industrial.

Otro elemento que es el proceso de determinación de las tarifas públicas, como son: electricidad, teléfonos y combustibles. En estos casos, el esquema de determinación de tarifas que no va acorde con el comportamiento de los precios del resto de la economía. De hecho, los ajustes son más acelerados que la mayoría de los precios en la economía, y en consecuencia, su efecto real es mucho más importante ya que ha aumentado su participación relativa dentro de los costos industriales. De otra forma, se observa como el índice de precios al consumidor se mantiene elevado cuando la actividad económica se encuentra en una profunda recesión.

En síntesis, a pesar del aumento de los precios del petróleo, se debe enfrentar el problema fiscal de manera relevante tanto en el área de ingreso y gastos como de financiamiento. Si se hace de manera adecuada los impactos monetarios deben atenuarse en el tiempo y harán que la actividad del Banco Central sea más apropiada. En este marco sería conveniente hacer una política cambiaria más activa, que desestimule distorsiones que se generan en el sector real y, al mismo tiempo, estimule la actividad del sector transable. En términos de política de tarifas de servicios públicos habría que revaluar la política y hacerla cónsona con el resto de las políticas de precios del sistema.

AR. Con respecto a la política cambiaria, ¿cuales serían las propuestas en términos más específicos?

EV. El objetivo de la política cambiaria tiene que ser reducir la apreciación del tipo de cambio real efectivo. Eso incluye varios componentes. El centro de la política debe ser darle condiciones al sector privado para que pueda dinamizar su actividad, basado en el hecho de que, en el corto plazo, no se van a producir mejorías en productividad. De manera que, para generar competitividad, sin utilizar una devaluación importante, debe realizarse a través de modificaciones en estructura tributaria, en política salarial, en política comercial y en la política de tarifas de servicios públicos.

Cuando se analiza, con cierto detalle, la estructura de costos del sector industrial, hay componentes importantes relativos al rol de los impuestos, de los salarios y la provisión sobre cargas sociales, y de los servicios. Definiendo una estrategia, se podría lograr una mejoría en el tipo de cambio real. Como ejemplo, si se tiene una sobre-valuación de 30%, ella se podría enfrentar con una depreciación nominal, entre 10% o 20%, y la diferencia podría enfrentarse a través de decisiones no relativas al tipo de cambio nominal.

AR. ¿Mantendrías la banda?

EV. Si ya que la banda es un elemento muy importante en términos de definición de riesgos cambiarios a inversionistas locales e inversionistas extranjeros. Por tanto, la banda es un elemento central de la política cambiaria. Sin embargo, la estructura de la banda debe ser consistente con la estrategia económica de mediano plazo. De lo contrario, su percepción puede generar efectos nocivos.

AR. Posiblemente, ¿se requeriría la reforma laboral?

EV. Ciertamente ya que una reforma laboral, unida a la eliminación de algunos impuestos, puede hacer la depreciación del tipo de cambio menos traumática.

Con relación a la política de ingresos, es posible que exista un ajuste de salarios mínimos y pensiones pero a un ritmo menor. Se debe mantener un salario mínimo a niveles inferiores a los de entrada de mercado al trabajo para atenuar su efecto sobre la propia dinámica del mercado.

AR. ¿Estrategia de Mediano Plazo?

EV. En términos de objetivos de una estrategia de corto y mediano plazo, el objetivo sería alcanzar la estabilidad macroeconómica en el mediano plazo. Para esa estabilidad es esencial un shock positivo por el lado de la oferta. Ello podría generar crecimiento económico con estabilidad macro, y dentro de ese contexto se tendría que definir una estrategia en donde el rol del sector privado sería muy importante, entendiendo que política fiscal tiene sus limitaciones fundamentales en generar crecimiento económico sostenible. En consecuencia, las reformas estructurales tienen que ser incentivadas dentro de esa estrategia.

Esas reformas estructurales no pueden estar atadas únicamente a política cambiaria. Por el contrario, ellas están atadas a todo el contexto fiscal y monetario que termina en una definición de política cambiaria. Evidentemente, ello lleva a un rediseño para eliminar una cantidad importante de distorsiones estructurales que existen en términos de estructura impositiva, de determinación de tarifas públicas, de restricciones o falta de dinamismo del mercado de trabajo, de privatizaciones, entre otras, que hacen que la política cambiaria sólo sea uno de los elementos a considerar para generar competitividad.

AR. ¿El comportamiento de la economía en el año 2000?

EV. Para el año 2000, el producto interno podría crecer en 1.9% con una inflación de 21.5%. El déficit del gobierno central podría cerrar en 1.2% del producto interno, asumiendo un precio promedio del petróleo para Venezuela de US$ 20 por barril y unas exportaciones petroleras de 2.7 millones de barriles diarios y sin incluir el pago de los pasivos laborales de 1% del producto interno. Por su parte, la depreciación del tipo de cambio nominal podría alcanzar 15%. Evidentemente, esta depreciación no atenúa la sobrevaluación. Por tanto, se deben instrumentar decisiones adicionales con relación a la estructura impositiva, la política de tarifas de servicios públicos, entre otros, para incentivar competitividad.

AR. ¿Se requiere un acuerdo con los multilaterales?

EV. Obviamente un acuerdo con los multilaterales puede ayudar, pero la potencial política económica no va a funcionar porque tengas o no tengas acuerdos. El punto es que hay que definir una estrategia de política económica viable, y ello depende de definiciones políticas propias. El acuerdo puede ayudar pero no es indispensable. De modo que, el acuerdo con los multilaterales no es fundamental, pero va a depender de la capacidad que tengan las autoridades de generar credibilidad dentro del proceso. Si este esquema es diseñado, vendido e instrumentado por un gobierno que es técnicamente capaz de hacerlo, se podría plantear la estrategia y, al mismo tiempo, diseñar su esquema de negociación y de gerencia económica que hagan posible esa estrategia. De esta forma, el acuerdo con los multilaterales no es un elemento restrictivo para la instrumentación y el éxito de la estrategia.

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