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Analítica Research - Foros y entrevistas...
La situacin fiscal de Venezuela es absolutamente vulnerable

Jueves, 5 de octubre de 2000

Analitica Reseach (AR)

Orlando Ochoa (OO)

AR. En esta segunda entrega de la entrevista, cuyo tema central es su evaluación del comportamiento de la economía, de la política económica del Gobierno y las perspectivas a corto y mediano plazo de la economía frente al auge petrolero, dos preguntas pueden ayudar a la exposición. Primero: ¿cómo evalúa el mercado petrolero a mediano y largo plazo?. Segundo, hay algunos analistas que consideran que el plan de largo plazo del presidente Chávez, es muy similar, mutatis mutandi, al esquema de La Gran Venezuela, el que se instrumentaron a raíz del primer boom petrolero importante en el primer período de Carlos Andrés Pérez. ¿Cuál es su opinión?.

OO. La dinámica del mercado petrolero como todos sabemos es muy difícil de predecir.
Sin embargo, con las reservas del caso y desde la perspectiva que los economistas realizan sus análisis, pienso que es posible que exista una tendencia de reversión de los actuales niveles en los precios del petróleo. Es posible que exista una tendencia hacia un precio, llamémoslo de equilibrio o de cierta estabilidad, alrededor del cual hay fluctuaciones. PDVSA estimó a mediados de los años noventa, ese precio de equilibrio en 15 dólares el barril, a precios del año 95. Lo cual más o menos podría ser como 16,50 o 17 dólares de hoy en día. Yo creo que ese sigue siendo el precio de equilibrio de largo plazo del mercado petrolero.

Sin embargo, en el corto y mediano plazo, entre un año a tres años, es muy posible que el precio del petróleo se mantenga algo por encima de este nivel. Podríamos, esperar que este año la canasta venezolana se encuentre entre 25 y 26 dólares, el próximo año, el 2001, se encuentre entre 21 y 22 dólares, y a partir de ahí puede comenzar una convergencia suave hacia ese nivel de equilibrio que hemos mencionado. Por supuesto, pueden ocurrir diversos tipos de perturbaciones que afecten estos supuestos.

La economía norteamericana está creciendo sostenidamente, sus inventarios petroleros -como sabemos- han llegado a niveles bajos históricos, de un cuarto de siglo, y esto en un mercado movido por expectativas que ha generado presión sobre los precios.

Una posible disminución del crecimiento de la economía norteamericana, debe considerarse posible, al igual que la severidad del invierno en el hemisferio norte. Las economías europeas tienen crecimiento positivo moderado, y Asia ha tenido una fuerte recuperación. Todo indica que un escenario de suave descenso de los precios del petróleo es una posibilidad.

De modo que, en estas condiciones, podríamos esperar dos, tres años con un precio del petróleo sobre el promedio, y lo ideal para un país petrolero sería aprovechar esta buena etapa de ingresos petroleros asociados con este nivel de precios. Aprovecharlos para hacer esos difíciles ajustes macroeconómicos que se requieren, para tratar de mejorar la sostenibilidad inter-temporal fiscal y de las cuentas externas.

Nuestro desempeño histórico demuestra que durante cuatro décadas Venezuela -del año 1938 al año 1978- tuvo una edad dorada de crecimiento económico, de casi 7% interanual promedio, y esa prosperidad fue basada en ingresos petroleros crecientes debido a un aumento sostenido de la producción hasta el año 72, y luego al aumento de los precios. Durante esas cuatro décadas, otra característica fue que las fluctuaciones del ingreso petrolero, especialmente a la baja, fueron bastante moderadas y casi siempre compensadas por una producción creciente. Además de ser un país de población pequeña, de menos de 4 millones de habitantes en el año 38 a 13 millones de habitantes en el año 78.

Esas circunstancias que caracterizaron la economía venezolana, en el contexto de una economía mundial con un patrón oro hasta principios de los años setenta, nos dio una estabilidad macroeconómica envidiable, tanto en los parámetros de la economía mundial como de la historia económica venezolana anterior. La población venezolana, además, por sus mismas dimensiones podía depender "sanamente", coloquémoslo entre comillas, de esa prosperidad petrolera.

En los años setenta se desarma la base de esa estabilidad económica con el aumento de los precios del petróleo, se rompe ese modelo sencillo de prosperidad petrolera, pues ese aumento en los precios del petróleo termina por obligar a romper con el esquema de estabilidad mundial basada en tipos de cambio fijo; los países industrializados comienzan a moverse hacia tipos de cambio flotantes, con inflaciones más altas debido precisamente al aumento de los costos de los combustibles, y la economía mundial comienza a transformarse para bien o para mal. A nosotros los altos precios del petróleo nos favorecía en el corto plazo, en los años setenta. En los años ochenta el consumo energético cae abruptamente al igual que el precio real del petróleo. Sin embargo, la economía venezolana no volvió a encontrar mecanismos de estabilidad interna con alto crecimiento económico desde fines de los años setenta.

Tratar ahora, de reeditar un big push, un gran empujón a una economía como a mediados de los años setenta durante el primer gobierno del Carlos Andrés Pérez, y tratar de dar ese gran empujón sólo con inversión estatal y gasto corriente, empujando la demanda agregada y tratando de profundizar la sustitución de importaciones con los recursos públicos, no sólo tiene poco sentido por la evaluación negativa que existe del intento fallido del primer Pérez, sino porque las condiciones internacionales y nacionales son muy distintas. Especialmente sería muy poco sensato apostar a que los precios del petróleo tienen necesariamente que estabilizarse en un nivel muy alto, sin fluctuaciones.

Aquello podía tener algún sentido en aquel momento, porque se suponía que el precio del petróleo comenzaría a crecer sostenidamente en términos reales y por tanto se podía financiar una estrategia de desarrollo acelerada con ese big push. Hoy es muy difícil partir de ese supuesto.

Era una estrategia basada en el recurso primario para transformar y crear una base económica distinta a la del petróleo, en forma rápida. Creo que se subestimó enormemente las distorsiones económicas al cambiar el panorama de la economía venezolana con la indigestión de recursos petroleros. De aquella estabilidad de cuatro décadas con crecimiento importante, en las cuales –recordemos- no todo fue debido sólo a la estabilidad de un ingreso petrolero importante, sino que existían reglas de disciplina fiscal y monetaria, reglas conservadoras que funcionaron hasta el año 1973. Es cierto que la economía venezolana venía perdiendo dinamismo, que la sustitución importaciones había llegado a su límite por ser una economía pequeña, cerrada, y que había que buscar alternativas, como se estaban buscando en aquellos años setenta. Existieron propuestas importantes hacia una nueva orientación, hacia el estímulo a las exportaciones no petroleras. Recuerdo, por la documentación de la época, las lúcidas consideraciones y propuestas del Informe Merhav, un economista israelí contratado para estudiar una nueva estrategia industrial. Un informe verdaderamente interesante, que planteaba una estrategia de promover las exportaciones no petroleras, y consideraba los problemas que se originan con una moneda dura, las desventajas competitivas que tenía para el sector transable un tipo de cambio fijo con una moneda fuerte apuntalada por los recursos petroleros.

Bueno, de aquella alternativa donde se planteaba abrir la economía venezolana y promover las exportaciones en forma sistemática, poco o nada quedó. Por efecto del primer gran boom petrolero y las políticas que se aplicaron desde 1974, se cambió de rumbo y pasamos a una economía más estatizada, profundamente mas estatizada, con un Estado que asumía el papel clave en el desarrollo económico. Y ya todos sabemos lo que pasó después: al caer el precio del petróleo todo se vino abajo. Las empresas públicas dieron enormes pérdidas, el endeudamiento de las empresas públicas causó a su vez también una pesada carga para el fisco y el sector privado redujo drásticamente los niveles de inversión. Y no solamente se vino abajo ese proyecto económico, se vino abajo también la confianza en un sistema político creado alrededor de éste. Se normalizaron cada vez más las prácticas de corrupción, con absoluta impunidad y complicidad del partido de oposición de turno, todo bajo la vista de un sistema de instituciones poco eficaz.

Ahora, el presidente Chávez esta ante una situación ingresos petroleros muy favorables, posiblemente por dos años más, y quizás a título personal intente reeditar un fortalecimiento de la OPEP para darle piso a precios del petróleo altos. Por ejemplo, se podría considerar un precio del petróleo de equilibrio algo más alto que esos 17 dólares por barril. Supongamos que se pueda llevar a 20 dólares por barril, quizás ese sea un precio sostenible para una economía mundial próspera y suficientemente favorables para las economías petroleras. Pero ¿dónde estaría la debilidad de intentar imitar, mutatis mutandi, la estrategia de la Gran Venezuela, del primer Pérez? Es que el presidente Chávez plantearía este big push en una economía interna venezolana profundamente deteriorada. Tenemos un aparato industrial en vías de desmantelamiento, parte por el encogimiento, llamémoslo así, la reducción del tamaño de la economía venezolana, la caída del ingreso per cápita del venezolano la cual afecta los patrones de consumo. Estamos hablando de un ingreso per cápita que antes del 1999 estaba a niveles del año 1963-65, y con la caída de 1999 nos llevó a un ingreso per cápita equivalente al del año 1955, bajo las series históricas que Asdrúbal Batista elaboró.

En resumen, tenemos un fuerte deterioro del ingreso per cápita, una disminución del tamaño del mercado interno, una moneda sobrevaluada. Entonces, tenemos un reacomodo en el aparato productivo venezolano, en el cual, por estar mucho más integrado en los últimos años en la subregión andina como en el nivel latinoamericano, tenemos por ejemplo que muchas empresas transnacionales toman decisiones de producción a escala regional, han preferido disminuir la producción en Venezuela e importar de otros países de la región.

La posibilidad de generar empleos en el sector productivo venezolano está duramente limitada por este contexto macroeconómico, y un empuje fiscal financiado con petróleo, con endeudamiento o con financiamiento monetario, puede dar en el corto plazo un cierto aliento a la demanda, que puede requerir reponer inventarios y usar la capacidad ociosa. ¿Pero puede realmente este empuje de corto plazo llevar a decisiones de producción de largo plazo, de invertir, de reconsiderar el papel de la economía venezolana en el contexto latinoamericano? Yo no lo creo. La situación fiscal es absolutamente vulnerable desde el punto de vista de su sostenibilidad en el mediano plazo, y creo que es importante tocar este aspecto, porque de la sostenibilidad de la situación fiscal depende la sostenibilidad de la situación macroeconómica; y el potencial de crecimiento de la economía venezolana.

¿Cuáles son los dilemas?. Primero el dilema cambiario: entre volver o abandonar la moneda dura que históricamente nos sirvió hasta los finales de los años setenta, pero nos produjo una economía sobreespecializada en petróleo, y no podía ser de otra manera, moneda dura, baja inflación, especialización en petróleo y transferencias del sector público a través de mecanismos de mercado y a través de subsidios directos al sector privado que tenía que enfrentar esas condiciones adversas para la exportación.

Ahora, ¿qué se plantea? El dilema es usar un anclaje cambiario de cualquier tipo, incluyendo la dolarización, o buscar una flexibilidad responsable, que es lo que algunos colegas no creen posible dado el deterioro de las instituciones económicas venezolanas. Mi respuesta a eso es: el deterioro de las instituciones venezolanas es amplio, no solamente es económico, son instituciones políticas y económicas las que se han deteriorado y habría que buscar una solución a este deterioro para apuntalar una estrategia económica que permita el desarrollo del sector transable más allá de la especialización petrolera.

Pero si vamos a la sostenibilidad macroeconómica de corto plazo, y mediano plazo, la situación fiscal pasa a ser central. ¿Y qué tenemos ahí? El año 2000, un buen año en ingresos petroleros, el precio del petróleo puede estar entre 25 y 26 dólares promedio para la cesta venezolana.

AR. Algunos piensan que ese es un mínimo.

OO. Sí, podría ser un mínimo. Con un nivel de exportaciones de unos 2 millones 800 mil barriles promedio por día, esto significa algo más de mil millones de barriles de exportación en el año. A este precio promedio significaría unos 25 o 26 mil millones de dólares de ingreso por exportaciones petroleras. Sumadas a unos 4 mil millones de dólares de exportaciones no petroleras, tenemos que Venezuela este año tendría unos 30 mil millones de dólares de exportaciones, lo cual le da a la situación de balanza de pagos un enorme apoyo y una sostenibilidad a cualquier tipo de cambio que elija el Banco Central de Venezuela (BCV). Esto último puede afectar seriamente las posibilidades de desarrollo del aparato productor de bienes transables. Sin embargo, lo que llama la atención es que a pesar del ingreso petrolero la situación fiscal luce comprometida, porque de esos 26 mil millones de dólares de ingreso fiscal, al fisco le pueden entrar quizás la mitad, 12, 13 mil millones de dólares. Una parte tiene que ser destinada al Fondo de Estabilización Macroeconómica. Si bien debería corresponder más de 4 mil millones de dólares sólo por este año en curso, posiblemente se destinen unos 2 mil millones de dólares, para acumular un total de alrededor de 4.500 millones para finales del 2000.

El fisco nacional con 11 mil millones de dólares de ingresos corrientes, petroleros, ya sea por Impuesto sobre la Renta, regalía y dividendos, más el endeudamiento interno, más los ingresos menguados del Seniat, más la utilidad cambiaria ficticia extraída del BCV, es posible que el Gobierno llegue al nivel de gasto que parece estar apuntando, de unos 23%- 25% del PIB, alrededor de 23- 25 mil millones de dólares. Recordemos que el presupuesto del año 2000 está pautado en unos 25 mil millones de dólares y que hay solicitud de créditos adicionales y hay programas adicionales, ofrecidos por el presidente Chávez. Por ejemplo, el financiamiento de cooperativas, los ajustes salariales fuera del presupuesto por el orden de 10%, y seguramente los otros planes que se tienen para la creación de empleos y los programas de obras públicas. En cualquier caso, una ejecución de gasto público de 23%-25% del PIB es ya alta para los niveles históricos venezolanos recientes.

Ese nivel de gastos financiado de esta manera, presentaría un déficit de alrededor de 2 puntos porcentuales del PIB – si se cumple parcialmente con el Fondo de Estabilización - en una situación con un precio del petróleo de 25 dólares por barril. Es decir, a este nivel de precios del petróleo las finanzas públicas venezolanas no están en balance, tienen todavía un déficit fiscal de dos puntos o algo menos. Eso lo que refleja, naturalmente, es que para el año 2001 o cuando desciendan los precios del petróleo, la situación no sería sostenible, y habría que hacer ajustes fiscales.

AR. Ud. percibe una inconsistencia intertemporal en un eje clave de la economía, en el área fiscal.

OO. Así es, y eso naturalmente puede generar una tendencia hacia la disminución del crecimiento, si el único motor del mismo es el gasto público. En el segundo semestre del 2001 posiblemente se manifestaría esta restricción, y la perdida de impulso de la recuperación es inevitable si no ha habido una reactivación en los planes de inversión privada de largo plazo. Es difícil que esto ocurra si los agentes económicos evalúan la información fiscal y la información económica general. Entonces tendríamos un escenario en el cual, en el 2001, a partir del segundo semestre, se podría sentir una tendencia a la caída del crecimiento de la economía venezolana después del empuje de muy corto aliento de este año.

Entonces, creo que plantearía los problemas de la manera siguiente: enfrentar la coyuntura del 2000-2001 y el desafío posterior de definir esa estrategia económica coherente. Hasta ahora el presidente Chávez ha tomado esto en forma simplista como dependiente de sostener el precio del petróleo y esperar sin ningún fundamento que el equilibrio macroeconómico actual, precario, recesivo, se puede transformar en base de una recuperación de la inversión privada. Es un grave error que el país puede pagar muy caro.

AR. Hay analistas que plantean que los países que tienen alta dependencia de recursos primarios, en este caso los países petroleros, tienen una tendencia inherente a la dependencia de este recurso, que se exacerba en los momentos de auge y que es muy difícil que las políticas públicas cambien esta dependencia. Así mismo plantean que en alguna medida, estaríamos propensos a tener un mal comportamiento económico en el largo plazo. ¿Cuál es su opinión?

OO. Ciertamente una economía basada en recursos naturales, sujeta a shocks periódicos del precio de este recurso natural, el caso del petróleo que es sin duda alguna el más extremo, plantea desafíos importantes. Sin ir más lejos, hay varios mecanismos por los cuales se transmite este efecto negativo. Uno que ha sido estudiado ampliamente es la Enfermedad Holandesa, una distorsión de precios relativos: aumenta el ingreso en un país dependiente de un recurso valioso y ese ingreso es usado, expande la demanda y los precios del sector no transable se elevan, y esa distorsión de precios afecta la competitividad del sector transable.

En el caso de Venezuela y países en condiciones similares, lo que eso significa es la necesidad de instituciones con capacidad para neutralizar este efecto, y eso requeriría, por supuesto, instituciones fiscales, monetarias y un marco de responsabilidad política, que justamente en los últimos 25 años en Venezuela no ha podido consolidarse. Por el contrario, hemos tenido un fracaso que es el que ha impulsado los cambios políticos en los dos últimos años. Hugo Chávez Frías está en la Presidencia de la República por el fracaso en modernizar o adaptar las instituciones políticas y económicas de Venezuela a ese cambio, en gran parte relacionado con la volatilidad de los ingresos petroleros.

El hecho de que estas distorsiones de precios relativos tienen como resultado final una disminución del crecimiento, refleja el subyacente fracaso institucional en buscar mecanismo par lidiar con esta peculiaridad de nuestra economía petrolera desde los años setenta.

Recordemos que hay importantes economías en el mundo que han dependido de recursos naturales desde un inicio. Prácticamente si vamos al desarrollo de la revolución industrial, todas las naciones dependieron de recursos naturales y el desarrollo manufacturero a partir de recursos naturales, como el carbón, el algodón, el hierro. La economía de los Estados Unidos comenzó basada en recursos naturales y se industrializó a partir de ellos. Las economías de Australia y Canadá también lo hicieron en el siglo XX.

Quizás la característica que hay que destacar de una economía petrolera, es que desarrollar un patrón de especialización con base a un producto que genera un alto contenido de renta, renta definida ya sea como fruto de poder de mercado o renta diferencial -como la definirían más tradicionalmente algunos- es decir renta por productividad, considerada como una ganancia extraordinaria. En cualquier caso, lo cierto es que el precio del petróleo no se fija por sus costos marginales en un mercado competitivo. Los productos sobre los cuales se desarrollaron varias naciones industrializadas, tenían un comportamiento más normal y sus precios se fijaban con base a costos marginales. Quizás hubo algunos períodos en que estos rubros tenían una rentabilidad mayor a la normal, históricamente, pero no tenían estos abruptos incrementos de valor con un impacto distorsionante sobre la economía.

El caso es que desarrollar una economía a partir del uso de un recurso natural con precios altamente volátiles, genera distorsiones en los precios relativos y, además, a través de los precios relativos afecta los esquemas de financiamiento fiscal, la estabilidad de la moneda, afecta los patrones de especialización de largo plazo que podrían desarrollarse en actividades industriales o intensivas en conocimiento. Recordemos que no solamente se mueven los recursos de capital del sector transable al no-transable cuando hay un boom petrolero, sino también los recursos humanos. El capital humano también pasa de actividades productivas, cuyo patrón de especialización podía profundizarse de continuar en condiciones estables, a un sector no-transable donde las remuneraciones son más altas cíclicamente. Este sector se beneficia, de estas transferencias de capital humano y de capital físico que influyen en los patrones de especialización de largo plazo. De manera, que una economía que tenga este tipo de shocks puede ver afectado sustancialmente sus posibilidades de crecimiento a largo plazo, pues influye negativamente en los patrones de especialización industrial y de conocimiento, al desestimular el uso de capital físico y capital humano.

Eso significa que el desafío nuestro es diseñar instituciones políticas que aumenten la responsabilidad en el manejo del tema económico y de instituciones fiscales y monetarias que puedan suavizar y contrarrestar estas fluctuaciones en el ingreso petrolero. De otro modo, la dependencia petrolera puede continuar algo así como por default, y esa dependencia petrolera si bien puede generar un mínimo de estabilidad, es decir, una economía con inflación moderada, que no llega a hiperinflación, y un crecimiento modesto, ese equilibrio recesivo –por usar el término que el Ministro Rojas usa -, puede prolongarse con tendencia al empobrecimiento, mientras no se logren diseñar instituciones económicas y políticas que permitan crear bases para la diversificación de la economía. Y ese es el desafío de Venezuela, una economía con 24 o 26 millones de habitantes, la cual ya no puede volver a tener una época dorado con dependencia extrema del petróleo. No puede volver a depender sólo de un rubro y mantener una alta tasa de crecimiento. Tampoco puede generar suficientes empleos estables y bien remunerados. Todo esto fue posible entre los años treinta y los años setenta.

AR. Un caso excéntrico de las economías que tienen altas exportaciones petroleras es Noruega. Este país tiene un fondo petrolero de ahorro, no sólo de estabilización. ¿Cuál es su opinión sobre este tipo de mecanismo?.

OO. Esa es una buena solución parcial al problema de la volatilidad de los ingresos, y también para afrontar el problema de cierta equidad intergeneracional en la distribución de los beneficios de un recurso no-renovable. Destinar una parte del flujo presente, que por las características del recurso petrolero tiene características de una ganancia extraordinaria para usarla a favor de las generaciones futuras y evitar de esa manera esa distorsión asociada al uso indiscriminado del recurso en el corto plazo. Pues los problemas no sólo son económicos, sino también sociales y políticos, porque las expectativas de los gobernantes sobre el uso del recurso petrolero han afectado la forma como se diseña la política económica. De manera que el hecho de que un país logre destinar parte de ese flujo de ingresos petroleros para fines de ahorro y otra parte lo use como un mecanismo de normalización del ingreso fiscal, es muy positivo. Es más, la nueva Ley de Finanzas Públicas incorpora esa posibilidad. Dentro de los aspectos positivos que tiene esa ley esta la posibilidad de estos dos mecanismos de ahorro y estabilización. Es una lastima que esta Ley se introdujo en forma apresurada, para ser aprobadas por el Congresillo, sin haber sido discutida a nivel del país, y ya se conocen los otros elementos negativos que tiene.

Sin embargo, lo que también debemos saber es que el desarrollo de instituciones económicas, responsables y eficaces - fiscales, monetarias y petroleras - va a depender del desarrollo de instituciones políticas responsables. En este caso yo creo que es imposible pensar que pueda ocurrir al revés, que alguna severa regla económica impuesta por ley pueda imponer la disciplina necesaria a las instituciones políticas.

Creo que tenemos que esperar lo que normalmente ha ocurrido en las naciones que se han desarrollado, donde el nivel de desarrollo político de sus instituciones permite consolidar procesos de desarrollo económico e ir creando instituciones económicas más sofisticadas y especializadas. En nuestro caso, a veces le temo a ese deseo de algunos colegas de imponer algún tipo de regla económica que discipline a la política del país – como es caso de la dolarización - y creo que en este campo no podemos sino coincidir con el presidente Chávez: se requiere de un desarrollo institucional y político que le dé piso al desarrollo económico. Lamentablemente este no va por el camino de las ideas que el presidente Chávez tiene, pues como discutíamos antes, su plan tiene un enorme parecido con el intento de los años setenta de llevar a Venezuela a una prosperidad basada en un piso extremadamente endeble de mejores ingresos petroleros.

AR. Esta parte de su intervención es una crítica a quienes proponen la dolarización.

OO. Sí, la dolarización u otros mecanismos forzosos de reglas, fiscales o monetarias, que se tratarían de imponer como una camisa de fuerza a quienes sean elegidos para gobernar un país, y que se supone que por si solas obligarían a solucionar los problemas económicos del país. Yo creo que necesitamos primero, o en paralelo, el desarrollo político con instituciones más responsables y transparentes, e ir estableciendo reglas fiscales y algunas monetarias; pero pensar que, por ejemplo, podemos importar la disciplina monetaria asumiendo el dólar, me parece una típica ingenuidad de economistas bien intencionados siguiendo algún modelo teórico; y en eso yo también como economista puedo pecar. Si bien uno siente esa tentación, existe el peligro de que la simplificación que requieren los modelos, que son muy importantes para consolidar nuestro conocimiento, pueda traducirse en simplificación abusiva del mundo social y político. Tenemos que reconocer que hay un límite hasta donde el economista puede proponer soluciones económicas a problemas de desarrollo institucional, social y político.

La dolarización por si sola no va a evitar que un auge petrolero se convierta en una expansión fiscal y que aumenten los precios de los no-transables. Simple y llanamente los precios relativos, entre el sector no transable y los transables se van a distorsionar. Con dolarización o sin dolarización Venezuela con ese patrón de gasto cíclico petrolero e irresponsabilidad fiscal y política, terminaría sin poder desarrollar patrones de especialización distintos al petróleo y, por lo tanto, sin poder generar empleo suficiente y sin poder generar suficiente ingreso y crecimiento económico. Es decir, la dolarización puede solucionar un problema de estabilidad de precios o de búsqueda de inflación relativamente baja, pero no puede solucionar el problema de estrategia de crecimiento, de crecimiento de largo plazo de la economía venezolana, porque siempre la irresponsabilidad política y fiscal pueden estar presentes. De manera que en vez de pretender que vamos a darle una solución monetaria, vía una camisa de fuerza, a un aspecto del problema fiscal-político, deberíamos analizar cómo contribuir a lo que es normalmente el desarrollo integral de un país, que pasa por consolidar instituciones políticas y fiscales responsables, y esa es una parte central del proceso reorganización del Estado y del desarrollo político y socioeconómico. Los economistas no debemos inventar en forma apresurada algunos atajos que conllevan altos costos en el largo plazo.

Primera entrega de la entrevista de Orlando Ochoa

email:oochoap@cantv.net
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