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Análisis semanal de la Agencia de Inteligencia Stratfor El petróleo y la venidera desaceleración de la Economía Global Miércoles, 4 de octubre de 2000
Sinopsis Los precios del petróleo han explotado. Desde el punto más bajo del 99, se han más que triplicado. En el fuero interno de la mayoría se esconde un temor: ¿Esta alza de precios detonará una depresión?. ¿Se repetirá de nuevo la trayectoria de 1973?. La respuesta se encuentra al analizar los aspectos estructurales y cíclicos de las economías mundiales. Son estos aspectos – y no el petróleo – los que estuvieron en el corazón de la recesión de los setenta y, de nuevo, son los que determinaran el curso económico de la década. Análisis Debido a que el petróleo es una materia prima básica, sin la cual la economía mundial no funciona, existen obvias consecuencias al alza del precio del petróleo. Sin embargo, las consecuencias inmediatas y perceptibles han sido, hasta el momento, políticas. Los precios del petróleo han causado la desobediencia civil en Europa y son el centro de la campaña electoral Norteamericana. Así mismo, crean dudas acerca de la habilidad de Asia para superar definitivamente de la crisis del año 1997. La preocupación por los precios del petróleo es profunda: ¿Puede el alza dislocar la economía global y hacerla caer en una depresión general?. Ciertamente, los altos precios del petróleo causaran sufrimiento. Pero el temor real es sí estos precios del petróleo son los clavos del ataúd de la economía mundial. El embargo Árabe de petróleo creó una alza de precios brusca y una dislocación económica, desde Tokio a París y Chicago. La explosión de precios acompañó una estanflación en donde la inflación se elevó en forma drástica y la economía se estancó. Al final de la década los EEUU tenía una tasa de desempleo de dos dígitos, inflación de dos dígitos y tasas de interés de dos dígitos. En Europa, la situación fue peor. Aún Japón, en su etapa de explosión económica, experimentó problemas. Lo que pocas personas recuerdan es que el shock petrolero del año 1973 no guió el período de estanflación. Pudo haberla acelerado o intensificado, pero la recesión ya estaba en desarrollo. El Presidente Nixon había impuesto controles de precios y salarios antes de la crisis de 1973. Los problemas económicos de Norteamérica eran los suficientemente serios para que el Presidente impusiera controles sin precedentes en la economía. Lo que guió a la economía global hacia la estanflación fue un conjunto de profundos problemas estructurales y cíclicos. El primero de estos es de orden demográfico. La explosión demográfica global que siguió a la Segunda Guerra Mundial ocurrió al mismo tiempo que se formaban las familias, un período cuando el consumo es alto y el ahorro es bajo. Esta ola de población creó una presión muy fuerte sobre los mercados financieros y de bienes. Luego vino el inevitable desenlace del ciclo. La expansión de la post-guerra que comenzó en los cincuenta, para los finales de los sesenta había perdido dinamismo. Se había llegado a un valle en el ciclo económico. Los patrones de las fuerzas estructurales y cíclicas magnificaron el efecto del alza de precios del petróleo que se inició en 1973. Sin estos elementos, el alza de los precios no hubiese tenido el efecto que se le atribuye. Al mismo tiempo, son estas fuerzas también las responsables centrales de las alzas de los precios. El alza no pudo ocurrir en 1967, después de la guerra del Medio Oriente, pero ocurrió en 1973 en un ambiente de alza generalizada de los precios de los commodities. El alza de los precios petroleros fue una exageración de las tendencias que estaban en marcha. Hoy, el tema real no es el petróleo, como tampoco lo fue en 1973. El tema verdadero es el comportamiento de las fuerzas estructurales y cíclicas de la economía global. Por sí mismos, los precios del petróleo no son determinantes. Son solamente un aspecto del funcionamiento de la economía global. Los patrones estructurales siguen funcionando, con consecuencias positivas y negativas. Los factores demográficos que contribuyeron a la estanflación de los setenta, están hoy creando un patrón de formación de capital, particularmente en los EEUU. Demasiada atención se ha dado a algunas medidas de la tasa de ahorro, las cuales en los EEUU están históricamente en un punto muy bajo. Estas medidas dejan de lado la tasa agregada y personal de formación de capital. Los bommers todavía están en un período de bajo consumo y formación de capital, estimulando el crecimiento de los mercados de capital. Ello quiere decir que el valor neto, y aún el valor neto de activos líquidos está en alza, deprimiendo la tasa de ahorro. Ahora, existen algunas nubes negras en el horizonte. El primero, es que los boomers no pueden mantener la formación de capital por más de una década, cuando mucho. Efectivamente, ellos comenzaran a liquidar activos en algún momento. En ese momento los mercados de capital comenzaran a "implosionar", primero lentamente y luego con mayor rapidez. Pero todavía no se ha llegado a ese momento. La otra nube negra es la siguiente: El resto del mundo no comparte el boom estructural Americano, al menos en la misma medida. Asia, a pesar de su recuperación, no participa en forma igual. Europa sólo lo comparte parcialmente y de manera desigual. Rusia todavía sigue en una depresión. En resumen, la perspectiva global permanece positiva, pero cuando se analiza sus distintos elementos, la expansión Americana es dominante, y los problemas de su economía pueden determinar el comportamiento estructural de la economía global, aunque esos problemas no tienen paralelo con los problemas de los setenta. Sin embargo, existen serios problemas cíclicos. Muchas personas preguntan: "¿Cuando terminará la fase expansiva del mercado de acciones?". Siguiendo la mayoría de las definiciones, esta fase terminó hace varios meses. En algunos casos existen declinaciones pronunciadas, en otros casos estancamiento. El período en el cual los mercados globales estaban hacia el alza generalizada ha finalizado por algún tiempo. El mercado de acciones es un elemento importante, una fotografía y sobre todo, un elemento precursor de la economía. En este sentido, existen claramente problemas cíclicos. Considérese los siguientes casos: EEUU: El índice Standard and Poors 500 llegó a 1553.11 en abril y ha declinado desde entonces colocándose en 1436.51 al finalizar septiembre, una declinación de 7.5 por ciento en seis meses. El Dow Jones llegó a su punto alto en enero, mostrando un patrón de declinación similar. Japón: El NikkeI alcanzó 20833 en abril. Cerró al final de septiembre en 15747, el punto más bajo del año, una declinación de casi 25%. Hong Kong: El Hang Seng alcanzó su punto más alto en abril a 18397.97. Cayó a 14000, se alzó de nuevo y cerró a finales de septiembre en 15648, una declinación de aproximadamente 15%. A diferencia de los otros mercados asiáticos, el Hang Seng se recobró de su punto bajó en 1998 antes de su presente declinación. Singapur: El Straits Times Index se alzó en enero a 2582.94 y cerró a finales de septiembre en 1997.03, una declinación de aproximadamente de 23%. Alemania: El DAX cayó de 8136.16 en marzo a 6798.12. Una declinación de aproximadamente 8.4%, pero como el mercado Americano, viniendo de un punto histórico muy alto. Francia: El índice CAC ha declinado desde su punto histórico más alto de 6367.25 a 5944.77 a finales de septiembre, una declinación de 6,6% en un período muy corto. Reino Unido: El índice FTSE se alzó a finales de diciembre a 6930.2, deslizándose luego hacia abajo para cerrar a finales de septiembre en 6294.2, una declinación de aproximadamente 9.2%. Un patrón consistente emerge. Los mercados globales tienen un movimiento cíclico hacia la baja. Desde una perspectiva de largo plazo, ello no tiene nada de sorpresivo. Después de todo, los mercados de América y de Europa han estado al alza por años y posiblemente requieren una corrección. Los mercados asiáticos, sin embargo no se han recobrado en forma significativa de la crisis de 1997. Entonces se observan los siguientes tres resultados: La economía global se están moviendo hacia la parte baja del ciclo en una forma sincronizada. La baja puede ser poco profunda en las economías más fuertes. En estos casos puede tratarse más de una desaceleración que de una recesión. Desde el punto de vista estructural, existe una falta de sincronía entre los aspectos cíclicos y estructurales. La baja cíclica de Asía retoma una tendencia de largo plazo. La baja cíclica de los EEUU representa una interrupción de su tendencia ascendente de largo plazo. Lo mismo puede ser cierto para Europa. El incremento de los precios del petróleo podrían tener acentuar las tendencias cíclicas. Asía posiblemente sea golpeada más fuerte que los EEUU. En Europa, por razones sociales, habrá más ruido que en los EEUU, pero será menos golpeada que Asia. Los cambios estructurales y cíclicos de la economía global no coincidenEsperamos, por tanto que los precios del petróleo no afectaran a la economía global como la afectaron en 1973-74, ni tampoco los precios del petróleo se podrán mantener en los actuales niveles por una década. Los precios del petróleo pueden participar en la tendencia hacia la baja del ciclo y algunos culparan a éstos por la declinación de la economía. Ahora bien, los precios de las acciones ya están hacia la baja en términos globales y tienen aproximadamente medio año en esta tendencia. Los precios del petróleo afectarán la profundidad y la extensión de la baja, pero no son la causa de la misma. Un debilitamiento se presentará en la economía mundial, uno que permitirá respirar mejor a la economía Norteamericana y la Europea, pero Asia será golpeado con más fuerza. Rusia se beneficiará marginalmente del incremento de precios petroleros, pero su problemas estructurales son más políticos que económicos. En otras palabras, a pesar de los ruidos y furias, la economía global experimentará una baja, pero no será el fin del mundo.
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