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Venezuela sobre el torrente Viernes, 13 de octubre de 2000 En su entrega del 6 de octubre The Economist trae un reportaje sobre Venezuela, su comportamiento económico y la pasada cumbre de la OPEP. Venezuela Analítica (VA) estima que el mismo puede ser de interés para sus lectores y presenta una traducción libre del mismo. El dinero del petróleo esta de nuevo reviviendo la economía venezolana. ¿Podrá el Presidente Chávez hacer que los beneficios perduren?.
La cuadruplicación de los precios del petróleo desde que Chávez, anteriormente un oficial nacionalista de las fuerzas armadas, llegó al poder en febrero de 1999, ha comenzado arrastrar la economía fuera de la recesión que vio caer el producto en 7.2% el año pasado. Habiendo empujado "una revolución pacífica" en política, incluyendo una nueva constitución, Chávez espera que el dinero del petróleo ayudará a los dos tercios de la población venezolana que viven en la pobreza. Pero los críticos mantienen que el presidente está repitiendo algunos de los errores del pasado reciente de Venezuela, en el cual los gobiernos no supieron prevenir que los booms petroleros se pueden tornar rápidamente en caídas. Chávez no ha perdido tiempo para gastar la ganga petrolera. En la primera mitad de este año, los ingresos del gobierno se han más que duplicado comparados con los del año anterior y los gastos públicos se han elevados, en forma brusca, más que los ingresos. Lo cual quizás hasta cierto punto sería comprensible, ya que la recesión estuvo acompañada de austeridad. Casi tres quintas partes de los ingresos del gobierno vienen del petróleo. Pero la parranda de gasto se acentúa. El gobierno está emitiendo más deuda, particularmente deuda doméstica. Y está gastando 1.5 billones de bolívares (2.1 mil millones de dólares) que es el incremento, en la moneda local, del valor de las reservas internacionales del Banco Central de Venezuela (BCV) causada por la depreciación del bolívar contra el dólar. El 15 de septiembre, en una larga cadena, Chávez anunció que este dinero se usará en un programa de "cien días" para gastos en seguridad social, vivienda, construcción de escuelas, y otras obras públicas. La idea es crear 100.000 empleos a través de "unidades de producción cívico-militares". Economistas opositores sostienen que esto es equivalente a imprimir dinero, y que será inflacionario. Ciertamente se parece a las políticas fiscales que a menudo en el pasado han metido a Venezuela en problemas: gastar como locos cuando los precios del petróleo son altos y pisar los frenos cuando caen. El FMI recientemente advirtió a Venezuela que los beneficios fiscales de los altos precios petroleros estaban siendo neutralizados por un gasto excesivo del gobierno. No es cierto, dicen un puñado de economistas simpatizantes del gobierno. Argumentan que este año, descartando un colapso de los precios del petróleo, las cuentas fiscales de Venezuela terminaran cercanas al balance. El gobierno colocará parte de los beneficios petroleros en el fondo de estabilización, para gastarlos cuando el precio caiga. La amenaza de inflación es reducida porque la economía tiene mucha capacidad no utilizada y alto desempleo. Si los inversionistas estuviesen preocupados por la política, estos economistas argumentan, la tasa de interés estaría subiendo, no bajando. Nadie, ni aún Chávez, deja de reconocer que la dependencia Venezolana del petróleo es un problema. Y aún los críticos de Chávez reconocen que esto no se puede remediar de la noche a la mañana. Pero comenzar a hacerlo implica auspiciar un sector privado competitivo y abordar el problema del tipo de cambio. En ninguno de estos aspectos el gobierno pareciera tener una política coherente. El gobierno conservadoramente sostiene que la economía crecerá 2.2% este año; economistas independientes colocan el crecimiento en 3.5% en el 2000 y 5% en el 2001. Pero casi todo el crecimiento provendrá del gasto público. Con la excepción del sector de telecomunicaciones, el sector privado está luchando para recobrarse. Síntesis Financiera, una consultora, piensa que Venezuela está comenzando a sufrir lo que los economistas llaman Enfermedad Holandesa (el nombre deriva de la experiencia de Holanda con el boom de gas natural en los setenta). Sus síntomas incluyen no sólo inflados ingresos del gobierno, sino además una moneda sobrevaluada que está haciendo la vida imposible para las firmas del sector no-petrolero. La fuerza del bolívar está estimulando las importaciones de bienes de consumo y las salidas de capital. ¿Se preocupa Chávez por ello?. Para su crédito, hasta el momento su gobierno ha resistido algunos de los peores errores del pasado, tales como subsidios manirrotos para la agricultura y control de precios para bienes de consumo. El presidente dice que desea estimular las pequeñas empresas y los pequeños negocios. Da la bienvenida a la inversión extranjera en términos machistas: "la joven dama que es Venezuela" está "disponible" a los inversionistas, dijo recientemente. Pero frecuentemente golpea verbalmente a la "oligarquía". Por este término, parece indicar algunos cientos de empresas de mediano tamaño cuya propiedad es de venezolanos, y que serían las victimas de su política económica. Los oponentes perciben esta actitud como concordante con una "revolución" política que intenta eliminar todos los centros independientes de poder que pudiesen interponerse entre el presidente y "el pueblo". Los últimos blancos son la nueva y unicameral Asamblea Nacional, instalada bajo la constitución de Chávez, y los sindicatos. El gobierno tiene amplia mayoría en la asamblea. Aún así, el presidente pidió una "ley habilitante", que le permitirá legislar por decreto en temas económicos y financieros por doce meses. Chávez también ha propuesto un referéndum en diciembre sobre el status de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), la organización sindical fundamental, cuya cúpula ha sido considerada por largo tiempo como corrupta y leal a Acción Democrática (AD), el partido dominante en Venezuela en los últimos 40 años. Para tomar su lugar, Chávez ha creado una nueva "Fuerza Trabajadora Bolivariana" leal al gobierno y hasta el momento compuesta fundamentalmente de desempleados y trabajadores del sector informal. Posiblemente esta heredaría el poder de negociación de la CTV. Con este instrumento, el presidente estaría imitando, en forma menos sutil, los esfuerzos de AD por controlar el sector laboral organizado. Las riquezas del petróleo significan que el popular y triunfante Chávez puede ignorar a sus críticos, al menos por un tiempo. Pero es impresionante cuan de cerca su gobierno está repitiendo algunos de los errores de sus predecesores, los tradicionales políticos corruptos, que presidieron sobre un estado inflado y una economía dependiente del petróleo. Por ahora, "la estabilidad de la economía venezolana está en las manos de la OPEP", como indicó Síntesis Financiera. La experiencia sugiere que es un sitio riesgoso.
Venezuela on the Gusher. The Economist
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