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Mucho dinero y poco lujo
bbc.co

Lunes, 5 de mayo de 2008

El equipo que dirige Ramón Calderón invirtió 220 millones de euros en contratar jugadores durante los últimos dos años. Ningún club de fútbol en el mundo ha realizado una inversión semejante en el mismo periodo.

Las cifras no incluyen el fichaje de Fabio Capello en 2007. El entrenador italiano, el hombre que imprimió un nuevo carácter al equipo, cobró más de 20 millones de euros por diez meses de labor.

Capello se ocupó de la plantilla entre julio de 2007 y mayo de 2008, pero el estilo enérgico y tosco que estableció enorgullecido, pervive en el Madrid que cantó el alirón en el estadio del Osasuna. Cambiaron algunos hombres, pero no cambió el sentido de la misión.

Como dijo Calderón en la campaña electoral que le llevó al triunfo: "Mi proyecto es ganar".

La identidad del nuevo Real Madrid está tan vinculada al resultado final del triunfo que el estilo, la estética, las concesiones al espectáculo, han quedado condicionados por la meta.

La contratación de Bernd Schuster hace un año fue justificada desde la intención de lograr lo que Calderón llamó "excelencia" en el juego. Sin embargo, el Madrid de Schuster no mejoró demasiado el de su antecesor.

Futbol práctico

A pesar de los millones invertidos, el Real Madrid siguió siendo un equipo de sentido pragmático, sobrio, eficaz, y muchas veces austero.

La plantilla careció del interés y de la grandeza necesaria para satisfacer las exigencias del público del Bernabéu, que siempre reclama lujo.

El nivel de juego mejoró, pero no lo suficiente.

"El Barça tiene mejor plantilla que nosotros", repitieron los técnicos durante toda la temporada, fuera de micrófonos. La explicación oficiosa tiene fundamento.

Con Pepe, Heinze, Cannavaro y Sergio Ramos, el Madrid se armó de una defensa poderosa. En lo demás, no superó el estándar de los mejores clubes de Europa y cuando no pudo contar con alguno de sus defensas titulares, siempre sufrió.

Pepe y Sergio Ramos no estuvieron disponibles en la zona de cobertura para recibir a la Roma, y el equipo de Totti eliminó al Madrid en los octavos de la Liga de Campeones.

La Roma no tuvo demasiados problemas para dejar en la cuneta a su adversario. Le bastó con imponer su medio campo superior, y su figura, Totti, un futbolista capaz de marcar las diferencias; un futbolista de una categoría difícil de encontrar en la nómina del Madrid.

El angel rubio

El técnico Bernd Schuster debió gestionar un grupo de futbolistas en el que no abundan los grandes talentos.

Robinho, Higuaín y Robben son los más prometedores, pero se trata de jugadores jóvenes que hasta ahora no han tenido ocasión de establecerse entre el grupo de aspirantes al "Balón de Oro".

A Robinho y a Robben los habían castigado las lesiones y la incomprensión de otros entrenadores.

Higuaín es, a sus 19 años, demasiado inmaduro para derribar las tradiciones que han asentado a Raúl en la titularidad, pero tiene condiciones para ocupar un lugar importante en el Madrid de la próxima temporada.

Su contribución al título de Liga con goles decisivos, por segundo año consecutivo, habla de su carácter y de su capacidad. El argentino está en franca evolución.

El año pasado disputó 1.200 minutos y anotó dos goles y este jugó 700 y marcó siete tantos. Su promedio de un gol cada 120 minutos, ha superado a Raúl que marca cada 190.

Adaptabilidad

Schuster no es un entrenador didáctico, al estilo de Arsène Wenger en el Arsenal.

El alemán no trabaja excesivamente las tácticas de posesión y, como los técnicos de la vieja escuela, confía en la capacidad de los futbolistas para descubrir el camino por sí mismos.

Deja hacer y no se caracteriza por su oratoria. Pero tiene el mérito de ser racional en la distribución de los jugadores en posiciones acordes con sus capacidades.

En la medida en que limitó sus efusiones de egocentrismo a su vida fuera del campo, y procuró siempre elegir a los más habilidosos en detrimento de los menos dotados técnicamente, se ganó el respeto del equipo.

Al "Nibelungo" no le importó cambiar músculo por clase.

Dio prioridad a Gago sobre Diarra y a Marcelo sobre Salgado. Consiguió que Guti diera lo mejor de su repertorio y apostó por Robinho como figura primordial.

Sin imponer más principios, dejó que Raúl, Cannavaro y Heinze, ejercieran el liderazgo que hiciera falta. No se entrometió.

Y, con estos ingredientes, el Madrid no se destacó por ninguna estadística inédita (ni por goles a favor, ni en contra, ni por partidos ganados, ni por puntos logrados). Pero se convirtió en un equipo capaz de funcionar con la regularidad imprescindible para estar siempre un escalón por encima del Villarreal y el Barça.

bbc.co

 
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