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Calentamiento Global: la causa es la gente Roberto Palmitesta D. Miércoles, 8 de septiembre de 2004 Huracanes, inundaciones, sequías y mayores temperaturas, son consecuencias del cambio climático causado por las actividades humanas, tal como se confirma en un estudio gubernamental estadounidense.
Al estar la economía de por medio, los observadores opinan que –finalmente- Washington reaccionará ante este grave problema y tomará medidas más drásticas para reducir la generación del dióxido de carbono, producto de actividades económicas tales como el transporte automotor y la generación de electricidad, donde la quema de combustibles fósiles (derivados del petróleo, carbón y gas natural) juegan un papel importante. Se estima que EE.UU. aporta el 25% de los gases que se producen en el planeta, por lo que su contribución al calentamiento del clima es muy significativa, haciendo que los demás países que se adhirieron al famoso “Protocolo de Kyoto” –un acuerdo internacional para disminuir gradualmente estas emisiones- resientan que la superpotencia americana haya ignorado el problema durante muchos años, retirándose del acuerdo en 2002 después de que la Administración Clinton la hubiera suscrito en 1997. El razonamiento de George W. Bush, apoyado en ciertas dudas sobre las causas del fenómeno, es que el cumplir los requerimientos de ese protocolo “habría afectado negativamente a la economía”, ya que las restricciones impuestas tendrían un costo que la economía norteamericana no habría soportado, mientras trata de recuperarse de su reciente período de estancamiento. El pésimo ejemplo de EE.UU. hizo que muchos países retrasaran la implementación de las medidas acordadas, haciendo que el protocolo no fuera finalmente ratificado, ya que entraría en vigor sólo después de que fuera aprobado por el 55% de los países que causan el problema, tomando en cuenta sus contribuciones reales a los gases de invernadero. Se esperaba que con la integración de Rusia al protocolo a fines del 2003, se hubiera dado el visto bueno al acuerdo internacional, pero este país tomó el mismo camino fácil de EE.UU., aquejado como está de diversos problemas económicos, aún más graves por la transición al capitalismo después de siete décadas de economía centralizada. Por otra parte, la exigencia de un tratamiento especial de parte de gigantes poblacionales como India y China, ha hecho estragos en un acuerdo que todos esperaban que frenara el calentamiento global. Al parecer, la política interna de los países involucrados, temerosos de que no puedan cumplir con sus promesas electorales, está retrasando la solución de un problema que atañe a toda la humanidad, pero que en el fondo está afectando aún más a los países pobres, ya que sus economías son más sensibles a los fenómenos naturales.
Como puede verse, no se trata sólo de un fenómeno atmosférico pasajero, ni algo que afecte sólo a ciertos países, sino un fenómeno de alcance planetario, en cuya solución deben abocarse todos los países del globo, sin distinciones de calidad de vida o progreso material. Precisamente, ese era el espíritu del Protocolo de Kyoto, cuya implementación ya lleva años de retraso, poniendo en duda la sensatez de los líderes que rigen los destinos de la humanidad, ya que parecen pensar más en consideraciones políticas a corto plazo, que en las necesidades de la población a largo plazo. Nuevamente, ha privado el egoísmo personal y nacional con nefastas consecuencias para algo tan delicado como el clima del planeta, que podría sufrir cambios irreversibles de no frenarse las tendencias evidentes en las últimas décadas. Sin embargo, a la luz de las conclusiones y recomendaciones de ese informe científico, es probable que Bush imprima pronto un cambio en la política gubernamental, máxime cuando –en época de elecciones- un anuncio en ese sentido le haría ganar puntos entre los activos grupos conservacionistas, que siempre han criticado sus “razones económicas” para apartarse del protocolo de Kyoto.
Al mismo tiempo, Venezuela debería ir acatando las recomendaciones de los estudios científicos que han confirmado la fuerte participación humana en el calentamiento global, reduciendo el consumo de combustibles y sustituyéndolos en lo posible por formas alternas de energía como la solar, hidráulica y eólica, no sólo para contribuir lo menos posible a ese fenómeno nocivo, sino para liberar valiosos hidrocarburos para la exportación, generando así divisas para la nación. De este modo el país tendría incentivos tanto ecológicos como financieros para reducir su consumo de petróleo y gas, algo que puede lograrse a largo plazo con una política energética adecuada a los nuevos tiempos. |
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Luis Barragan
Sadio Garavini di Turno
Eduardo Ortiz Ramírez |
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