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Sección: Global y Social
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MaratonitisRicardo BelloMartes, 29 de julio de 2008
Los atletas gozan de excelente salud, hasta que les da un infarto, así me advirtió una vez Pedro León Zapata cuando me alistaba a trotar en el Parque de las Ballenas en Maracay. Mayor mérito tienen los gordos que asumen su condición con desfachatez, fieles a su costumbres de frecuentar la buena mesa y la bebida. Se acuestan felices, sin complejos, despiertan enratonados en sus piyamas verdes y le sonríen al mundo. A Filípides, en cambio, nuestro héroe y primer maratonista del mundo, que corrió solo en septiembre del año 490 A.C, le pasó lo que Zapata advierte. Cruzó triunfante la meta al llegar a la ciudad y anunció que los persas habían sido derrotados. Los griegos siguen con vida, celebren en calma. Y se murió de un infarto, o de algo parecido. Había corrido 42 kilómetros a toda velocidad. Hay dos tipos de atletas de larga distancia. Los que lo hacen por obligación, porque no soportan estar sobrepeso y no tienen los reales o la disposición mental para una liposucción. Y los adictos al placer de las endorfinas y al bienestar único que se siente cuando se ha trotado por más de una hora. No es una diferencia en blanco y negro, pero existe. Steve Prefontaine, por ejemplo, uno de los grandes corredores norteamericanos, que falleció tempranamente en un accidente, poseía los records nacionales en prácticamente todas las distancias por encima de los 3.000 metros. El decía que no estaba en mejores condiciones que sus adversarios, tan sólo tenía un mayor nivel de tolerancia frente al dolor. Otro caso: Jim Ryun era dueño del record mundial para los 1.500 metros planos y en las Olimpíadas de 1968 se enfrentó como favorito al keniano Kip Keino. Ryun sufría de un stress horrible antes de las carreras, la presión para ganar era demasiado fuerte y en la última vuelta, faltaban como 200 metros para llegar a la meta, se desmoronó. Keino, sonriente, se volteó y le preguntó qué le pasaba; sigue, le dijo con las manos, antes de acelerar para quedarse con la medalla de oro. Dos maneras de correr y practicar el deporte. El neurótico y el hedonista. Hoy se corren en Venezuela carreras importantes casi todos los meses. Todas las ciudades importantes del país se paralizan uno que otro domingo mientras miles de atletas de todas condiciones compiten contra sí mismos para ver quien se cansa más rápido. Tenemos jóvenes que corren los 10K en menos de 30´, con un estilo inigualable, casi animal, de gran belleza. Se pueden ver en el Parque del Este desde las cinco de la mañana, entrenando en grupo o en solitario, esforzándose por alcanzar esa condición perfecta que les permita bajar su tiempo. Pero hace dos semanas todos los neuróticos y afanosos deportistas se toparon con una sorpresa. Habían colocado una cerca de alfajol en pleno circuito, con la excusa de que será construida una biblioteca. No se sabe bien qué piensan hacer las autoridades, pero lo cierto es que interrumpieron, cercenaron el circuito habitual de estos ejemplares animales con cédula que ejercitan de madrugada en el Parque. Pero no se les ocurra ir a los baños, saldrían contaminados; y de hecho ya existe una sala de lectura que nadie visita. Pocas zonas mentales están tan desvinculadas de la política como la soledad del corredor de fondo. Todos somos iguales en el asfalto, no hay manera de violentar esa extrema democracia del atletismo, argumentando mayor riqueza o autoridad. Será por eso que no soportan ver a la gente entrenando Quizás el alfajol tenga otra explicación, a lo mejor el IND quiere introducir una nueva disciplina deportiva en los próximos Juegos del ALBA: carreras de largo aliento con obstáculos. Los tradicionalistas preferimos tumbar cercas. |
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