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Los piratas disfrazados
Fedosy Santaella Kruk

Miércoles, 18 de julio de 2001

¿Cómo luce un pirata? ¿Luce pata de palo, parche en el ojo, ropas estrambóticas y eclécticas? Para hacer honor a la verdad el estereotipo engaña, confunde, se queda en la superficie. Sir Francis Drake (que tenía patente de corso, es decir permiso para ser pirata) no lucía así cuando posó para el retrato que ahora descansa en la National Portrait Gallery de Londres. El artista desconocido que al recién nombrado caballero pintó, nos lo muestra elegantemente ataviado y soberbio, orgulloso, consentido de la Reina Virgen, señor de dos mundos. Así que no te creas. Los piratas, por tradición, son amos del disfraz y saben pasar por legales con patentes legales, obrando legalmente, distribuyendo productos legales, incluso.

Se viene repitiendo con insistencia la poco romántica (digo, porque apenas uno dice “pirata” y una isla con tesoro se alumbra en nuestro pecho) consigna que así reza: Dile no a la piratería”. Contra ella, nada tengo. Bien me parece, pero si y sólo si, desde todos los flancos es atacada, y si todos los involucrados comprenden sus deberes, sus obligaciones al pie de la letra, y llevan a cabo las medidas necesarias para acabar con el flagelo de garfio y zarcillo en la oreja.

Se nos ha venido taladrando la mollera con el mentado grito de guerra, y ya uno como autómata la repite casi sin saber exactamente su significado profundo, verdadero. Pero si te detienes a pensar, a meditar sobre la frase, te das cuenta que allí falta algo, o no, se trata más bien de un asunto gramatical: el verbo está equivocado. Alguien me ordena que le “diga” no a la piratería. Alguien, o algunos, que yo no sé qué están haciendo a su vez para decirle NO al ilegal oficio. Bueno, sí, una campaña por los medios, bueno sí, concentrar artistas en Sábana Grande. ¿Pero eso es suficiente?

Hablemos de las películas, por ejemplo. Colócate en el lugar de un dueño de un club de video, una persona decente, honrada, sin los recursos para comprarse una franquicia gigantesca e impersonal. Una persona a la que le gusta el cine, y que montó su tiendita porque es fanático del cine y se siente capacitado para prestar un servicio donde sus conocimientos ociosos pueden convertirse en una fuente de ingreso para él. Pues bien, llega el día UNO y esta persona abre su negocio con una provisión de película originales de VHS compradas a las distribuidoras nacionales de videos. Las películas le han costado más de veinte mil bolívares cada una. Sí, así es: más de veinte mil bolívares cada una; algunas, caballero, llegan a treinta mil cada una, sin descuento preferencial por ser club de video. El dueño de la tienda ha hecho un sacrificio y las ha comprado de contado al distribuidor, porque al principio no le dan crédito, eso viene después. El día UNO pasa sin mayores sobresaltos; se inscribe una persona que dice “¡qué bueno, películas originales, yo sólo alquilo películas originales, me inscribo!”. El dueño de la tienda se siente orgulloso, y orgulloso abre la tienda al día DOS. Al rato entra un posible cliente. Ve las películas originales en sus estantes, se acerca con cara de aburrimiento y pregunta si no tienen la película tal que está en cartelera, porque todas las otras ya las vio hace por lo menos un año en VHS; es decir, las “otras” son las originales, que son estrenos en video de las casas distribuidoras. El dueño responde no, no tenemos la película tal que está en cartelera, y, el hace pocos minutos potencial cliente, se marcha sin inscribirse. Así pasa el día sin mayores sobresaltos, y el siguiente y el siguiente, con clientes potenciales que llegan y preguntan por las películas de cartelera que el dueño de la tienda no ofrece, porque tiene las películas originales de estreno de las distribuidoras.

Llega el mes, y las películas originales no se pagaron con los alquileres, ¡las películas que costaron más de veinte mil bolívares cada una! Entonces aparece el sonriente vendedor de la distribuidora, te muestra los “nuevos” estrenos, te dice que le tienes que comprar mínimo seis, y que para la próxima compra ya te da crédito. El dueño a duras penas las compra, pensando: “bueno, el negocio está recién abierto, tengo un par de clientes que se inscribieron por las películas originales, con el tiempo vendrán otros, yo no soy pirata, soy original”. Pero pasan los meses, y ya con crédito o sin él, la ganancia nunca llega. ¿Por qué será? Porque son muy pocos los clientes que alquilan películas originales, porque ya esas mismas películas las vieron hace meses en películas piratas. ¿Hay que educar a la gente? ¿Hay que enseñarle a decirle que no a la piratería? ¡Por supuesto! ¡Pero qué tal si bajamos el costo de las películas originales! ¡No, imposible dice el vendedor, imposible dice su jefe, imposible dicen los vicepresidentes, imposible dicen los dueños! Y como las películas siguen a tan alto y poco rentable precio, el dueño del club -a punto de quebrar- va y averigua en su desesperación cuánto cuestan las películas piratas y dice con un suspiro: “esto sí es negocio, ¡yo sí que he sido pendejo!”. Y empieza a comprar películas piratas, que sí se le alquilan, que sí se les pagan en un dos por tres. Al cabo de un año, no ha comprado ni una película pirata más; él, que alguna vez quiso tener un club de video con películas exclusivamente originales. ¡Pero te puedo asegurar que esta persona volvería a comprar películas originales, si a mejor precio estuvieran! No igual al de las películas piratas, eso está fuera de discusión. ¡Pero por lo menos la mitad de su precio original! Esta persona las compraría, y muchas otras, muchas otras. Entonces otro nivel de competencia podría empezar a gestarse. Buena calidad de películas originales, no tan recientes como las piratas (porque eso es imposible debido a las ventanas comerciales: primero cine, luego video, luego pay-per-view, luego cable, luego televisión abierta), contra la innegable inmediatez de cartelera pero de pésima calidad de las películas piratas. El dueño esperaría la original, si la original llega a un precio razonable. Entonces, en este contexto, sí vale una campaña de vender calidad vs actualidad.

¿Tienen que ser tan caras las películas originales? ¿Tiene que venir la película necesariamente en un caja de plástico que es quizás más costosa que una de cartón, igual de bonita y bien impresa? No sé, preguntó por preguntar, en mi absoluta ignorancia. ¿Por qué si yo compro una película en Estados Unidos (te digo, mejor calidad y todo), una solita, en una tienda minorista, sale a mitad de precio que aquí? ¿Los impuestos son tan altos aquí? ¿Será que hay que llegar a un acuerdo con el gobierno? ¿O son las ganancias las que quieren ser altas? ¿Por qué a las tiendas de video no se les da un descuento sustancial, y no esa nimiedad de dos y tres por ciento? ¿De qué me sirve un crédito si mis películas no se alquilan? ¿Debo acaso hundirme con mi barco de películas originales, porque soy un capitán honesto, mientras los otros clubes (de gente sin duda también honesta), salen a flote con sus películas piratas? ¡Señores, el comercio es el comercio! ¡El capitalismo es el capitalismo! ¡La libre competencia es la libre competencia!

¿No hemos aprendido, rudimentariamente, pero hemos aprendido, que a mayor cantidad de películas vendidas a un bajo costo, quizás mayor es la ganancia? ¿Es mejor vender tres películas a altísimo precio, y arriesgarse a la proliferación de la piratería, más barata y masiva? ¡Perdón por la pregunta tan larga! ¿Pero tan larga es acaso porque tan corto es el entendimiento de quienes le piden al dueño del club que le diga NO a la piratería sin ellos asumir su cuota de responsabilidad? ¿No existen mecanismos para reducir los costos y mantener la calidad? ¿Dónde está la imaginación, dónde?

¿Qué está pasando? ¿Quiénes son los verdaderos piratas? ¿Quiénes deberíamos decirle no a la piratería? No es fácil, amigo; ese dueño de la tienda, acusado de promover la piratería, tiene esposa e hijos, y tiene que pagar luz y agua y gas y teléfono y alquiler y tarjeta de créditos... y para de contar que ya dan ganas de llorar.

Antes de mirar la paja en el ojo ajeno, mira la viga en el propio. Por cierto, deja de hablar tanta paja, y cambia el verbo, y dile a la gente y di con la gente: “digamos no a la piratería”.

Exprese su opinión
Roberto Hernández Montoya, Cómo acabar con la piratería de discos y Tartufo contra la piratería de programas
Contacto: mag@cantv.net

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