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Opinión y análisis Se viene repitiendo con insistencia la poco romántica (digo, porque apenas uno dice pirata y una isla con tesoro se alumbra en nuestro pecho) consigna que así reza: Dile no a la piratería. Contra ella, nada tengo. Bien me parece, pero si y sólo si, desde todos los flancos es atacada, y si todos los involucrados comprenden sus deberes, sus obligaciones al pie de la letra, y llevan a cabo las medidas necesarias para acabar con el flagelo de garfio y zarcillo en la oreja. Se nos ha venido taladrando la mollera con el mentado grito de guerra, y ya uno como autómata la repite casi sin saber exactamente su significado profundo, verdadero. Pero si te detienes a pensar, a meditar sobre la frase, te das cuenta que allí falta algo, o no, se trata más bien de un asunto gramatical: el verbo está equivocado. Alguien me ordena que le diga no a la piratería. Alguien, o algunos, que yo no sé qué están haciendo a su vez para decirle NO al ilegal oficio. Bueno, sí, una campaña por los medios, bueno sí, concentrar artistas en Sábana Grande. ¿Pero eso es suficiente? Hablemos de las películas, por ejemplo. Colócate en el lugar de un dueño de un club de video, una persona decente, honrada, sin los recursos para comprarse una franquicia gigantesca e impersonal. Una persona a la que le gusta el cine, y que montó su tiendita porque es fanático del cine y se siente capacitado para prestar un servicio donde sus conocimientos ociosos pueden convertirse en una fuente de ingreso para él. Pues bien, llega el día UNO y esta persona abre su negocio con una provisión de película originales de VHS compradas a las distribuidoras nacionales de videos. Las películas le han costado más de veinte mil bolívares cada una. Sí, así es: más de veinte mil bolívares cada una; algunas, caballero, llegan a treinta mil cada una, sin descuento preferencial por ser club de video. El dueño de la tienda ha hecho un sacrificio y las ha comprado de contado al distribuidor, porque al principio no le dan crédito, eso viene después. El día UNO pasa sin mayores sobresaltos; se inscribe una persona que dice ¡qué bueno, películas originales, yo sólo alquilo películas originales, me inscribo!. El dueño de la tienda se siente orgulloso, y orgulloso abre la tienda al día DOS. Al rato entra un posible cliente. Ve las películas originales en sus estantes, se acerca con cara de aburrimiento y pregunta si no tienen la película tal que está en cartelera, porque todas las otras ya las vio hace por lo menos un año en VHS; es decir, las otras son las originales, que son estrenos en video de las casas distribuidoras. El dueño responde no, no tenemos la película tal que está en cartelera, y, el hace pocos minutos potencial cliente, se marcha sin inscribirse. Así pasa el día sin mayores sobresaltos, y el siguiente y el siguiente, con clientes potenciales que llegan y preguntan por las películas de cartelera que el dueño de la tienda no ofrece, porque tiene las películas originales de estreno de las distribuidoras.
¿Tienen que ser tan caras las películas originales? ¿Tiene que venir la película necesariamente en un caja de plástico que es quizás más costosa que una de cartón, igual de bonita y bien impresa? No sé, preguntó por preguntar, en mi absoluta ignorancia. ¿Por qué si yo compro una película en Estados Unidos (te digo, mejor calidad y todo), una solita, en una tienda minorista, sale a mitad de precio que aquí? ¿Los impuestos son tan altos aquí? ¿Será que hay que llegar a un acuerdo con el gobierno? ¿O son las ganancias las que quieren ser altas? ¿Por qué a las tiendas de video no se les da un descuento sustancial, y no esa nimiedad de dos y tres por ciento? ¿De qué me sirve un crédito si mis películas no se alquilan? ¿Debo acaso hundirme con mi barco de películas originales, porque soy un capitán honesto, mientras los otros clubes (de gente sin duda también honesta), salen a flote con sus películas piratas? ¡Señores, el comercio es el comercio! ¡El capitalismo es el capitalismo! ¡La libre competencia es la libre competencia!
¿Qué está pasando? ¿Quiénes son los verdaderos piratas? ¿Quiénes deberíamos decirle no a la piratería? No es fácil, amigo; ese dueño de la tienda, acusado de promover la piratería, tiene esposa e hijos, y tiene que pagar luz y agua y gas y teléfono y alquiler y tarjeta de créditos... y para de contar que ya dan ganas de llorar. Antes de mirar la paja en el ojo ajeno, mira la viga en el propio. Por cierto, deja de hablar tanta paja, y cambia el verbo, y dile a la gente y di con la gente: digamos no a la piratería. Exprese su opinión |
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