Caracas, Viernes, 25 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Una de oro y es capitalista

Nelson Romero Díaz

Martes, 7 de agosto de 2012

No diga que es falso, es verdad. Analice en profundidad el hecho. Es una medalla de oro capitalista, porque así son los triunfos: capitalismo puro; con carencia, aparente, de la solidaridad social; sin compasión, real, del rival; sin tregua







   Foto: EFE
¿Entonces, es o no es? ¿No es eso lo que pregona el candidato Chávez del sistema económico capitalista, señores? Esas y las demás opiniones referentes al sistema económico, razón de la agenda programática gubernamental desde el 1999 hasta hoy, son las motivadoras para titular este trabajo de esta manera.

Simple y llanamente, no comprendo la alegría de Chávez, el candidato repitiente. Tanto mal hablar del capitalismo para contradecirse, ideológicamente hablando, con el triunfo de un esgrimista, para más señas, provinciano y lo culminante de todo esto: crecido y madurado en estos trece años de administración pro militar, pro comunista.

¡A ver! Rubén Limardo es un joven, segundo medallista de oro de esta tierra, originario de un sector social de la provincia venezolana, formado con los cánones definidos por su familia: padre, madre, hermanos. Acaba de darle una inmensa alegría, tan necesitada de ella, al gentilicio, el cual en aquel y los siguientes momentos, como siempre ha sido, demostró no diferenciar entre los pro y los anti gobierno. Esto es una prueba irrefutable de que el venezolano es ajeno a esas odiosas clasificaciones inducidas por una ideología que, también, no nos es propia.

¡Hermano! La vida enseña, cada día,  sin palos ni piedras.

Política o ideológicamente hablando, este gobierno promotor del comunismo bajo la consigna del socialismo del siglo XXI no tiene ninguna razón para hacer suyo el triunfo de nadie en evento deportivo alguno si su consigna es reducida a la importancia de competir, como he oído de comentaristas de televisión y como en el pasado, lo oyera de la boca de un Presidente. La victoria es de Limardo, no del sistema socialista. A quienes piensen que estoy objetando su victoria o alegrándome del fracaso del resto de la delegación deportiva les aseguro una sola cosa: ¡Están mas pelaos que el carrizo!

Si no comprenden el planteamiento aquí esbozado, les envío un cuestionario. La deducción de la respuesta a cada una de las interrogantes les servirá para resolver el enigma. Estas son las preguntas:

  1. ¿Cuál es el objetivo de un competidor en un torneo, así sea de “tapas de refrescos”?
  2. ¿Para qué se estudia la disciplina deportiva en la cual se asocia o participa?
  3. ¿Por qué se le dedica tanto tiempo a entrenar si ese período de preparación le hace falta para los estudios formales o trabajar?
  4. ¿Para qué y porque quiere ganar? ¿No le basta competir?

Todo está relacionado con un deseo interior, inevitable en la vida de las personas: ¡Ser el mejor en cada tarea de la vida! Pero hay más preguntas:

  1. ¿Es trascendente o no en la vida de un joven competir sin las “claras posibilidades” de superar a los demás?
  2. ¿Por qué la política de Estado en materia deportiva es tan poco relevante, tan poco trascendente y siempre condicionada a una ideología?
  3. ¿Por qué acá se considera a la actividad deportiva como parte del “entretenimiento” de una sociedad y no una profesión como cualquier otra?

Cuando Rubén Limardo, Pastor Maldonado, Jonathan Vegas, Johan Santana, Luis Aparicio, Jesús Marcano Trillo, “Morochito” Rodríguez, Carlos “Morocho” Hernández y otros tantos deportistas locales escalan los altos peldaños de sus respectivas especialidades deportivas, estos ascensos se fundamentan en la evolución de los específicos deportes, en el estudio pormenorizado de ellos, el análisis detallado de los rivales, el secuenciado y disciplinado entrenamiento, la dieta alimenticia acorde con la actividad, el estricto régimen vital exigido por el deporte, los inmensos deseos individuales de superación, las infinitas ganas de alegrar a su entorno familiar, en primera instancia, de saberse reconocido por todos, de enorgullecerse de sus logros, de ser modelos de generaciones futuras y de ser ejemplo en su entorno social. Eso es, en esencia, la razón para triunfar en el deporte, por la ocasión relativa, pero en otros campos del diario acontecer.

Nunca he creído que alguno de los ganadores hayan pensado es darle la oportunidad a su rival en superarle y ni de sus rivales en compadecerse. ¡Mentira de quien lo diga! Siempre van hacia adelante, un ejemplo actual de los criollos: Pastor Maldonado, piloto de Fórmula 1 que recientemente ha sido reprendido por su manera de conducir. En el pasado, y en la misma disciplina, el malogrado Ayrton Senna Da Silva competía ferozmente en cada centímetro de los recorridos asfaltados. Y el deporte es así. Pura competencia. Sobreviven los mejores, ganan los superiores.

Lo único válido luego de terminadas las contiendas es el reconocimiento entrambos de los méritos alcanzados en pos de la victoria y el reconocer que aquello fue un infinitésimo de tiempo en la vida de cada quien, pero la amistad perdura, salvo excepciones. Recuerden el caso de Senna y de Gerhard Berger con la McLaren, en un GP de Japón. ¡Gloria al ganador, Honor al vencido!

En lo personal, me alegra el oro de Rubén Limardo. Es el premio a su constancia. Una medalla de oro olímpica en representación de su nacionalidad tiene el mismo valor que un Premio Nobel, un guante de oro de un fildeador, un sillón de Número en una Academia, un Oscar como el mejor rol desempeñado por artista del celuloide alguno, la obtención de un medicamento que salve a la humanidad de cualquier pandemia, en fin.......

Todos somos capitalistas. La diferencia lo hacen las instituciones jurídicas de los pueblos, el respeto y acatamiento de las leyes y sus reglamentos. Una vez le escuché a una persona decir una frase que palabras más, palabras menos, aseguraba lo siguiente: los ciudadanos “solo son iguales ante Dios, la muerte y los impuestos”.

Concluyo este trabajo de opinión. Venezuela participa en estos Juegos Olímpicos con una delegación de menos de 100 deportistas, 69 para ser exactos. Ellos compitieron, compiten y competirán contra el resto: 10.850 personas. Proporcionalmente, cada uno se enfrenta a 157 rivales, para ponerlo en números redondos. Léanlo de esta forma: es un criollo por cada 14 equipos de futbol, por 17 de beisbol, 31 de basquetbol, 26 de volibol, 6 parrillas actuales de pilotos de Fórmula 1. No sé si es 1 contra una compañía militar. Háganse esta relación, cada atleta venezolano representó seis milésimas (0,006) de un cuerpo formado por 11.919 partes competidoras en los Olímpicos de Londres 2012.Es una tarea genial, grandiosa.

La medalla de oro es una hazaña lograda por un ser extraordinario, distinto, nada común, excepcional. Si quiere calificarlo como héroe, note que no es una guerra militar.

Lo que nunca podrá lograr una ideología es impedir que el ser humano alcance el Everest de su predilección y menos en Venezuela. Así de simple.

 

 

nrd.4819@gmail.com

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